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Cultura 27 de enero de 2024

Canale, Etcheves y Freijo lanzarán “De fuegos y flores”, un libro sobre mujeres olvidadas por la Historia

La autora marplatense de novelas históricas como “El Diablo” anticipó a LA CAPITAL que para la Feria del Libro de Buenos Aires las tres Florencias sacarán una publicación sobre personajes femeninos entretejidos por un hilo común: todas “han incendiado a su alrededor para romper con el status quo del tiempo en que les tocó vivir”.

Florencia Canale presentó el pasado lunes en Verano Planeta su novela "El Diablo". La próxima charla del ciclo será con Carlos Pagni, el miércoles 31 a las 21. / Foto: Marcela Golfredi. 

Por Rocío Ibarlucía

Antes de presentar en el ciclo Verano Planeta su última novela “El Diablo”, la autora marplatense Florencia Canale conversó con LA CAPITAL para adelantarnos detalles de sus próximos proyectos literarios.

Uno de ellos es “De fuegos y flores”, un libro que verá la luz en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires y que surge del espectáculo que están realizando en conjunto tres Florencias: Canale, Etcheves y Freijo. En esta propuesta escénica, que inició su gira en noviembre por diversas localidades del país, cuentan historias de mujeres que, según las autoras, “sembraron flores y desataron infiernos”.

Si bien son referentes en campos diversos -Canale de las novelas históricas, Etcheves de las policiales y Freijo de los estudios de género-, las tres escritoras de Planeta comparten algo más que el nombre propio: las ganas de difundir sus investigaciones sobre las mujeres. Esta motivación las llevó a contar sobre el escenario y ahora a escribir un libro a seis manos sobre la vida de personajes femeninos cuyas “historias -adelantó Canale- están tejidas por un hilo común, el de haber sido contadas de manera parcial o que necesitan cierto reconocimiento o una quita de velo”.

Además de revelar detalles exclusivos de este libro colectivo, la autora de ‘best sellers’ como “Pasión y traición” confesó estar conectada emocionalmente con Bernardo de Monteagudo, protagonista de su última novela: “Me cuesta soltarlo, todavía estoy bastante tomada por él y también me parece que el libro tiene aún tiempo de recorrido”. Sin embargo, ya está pensando en su próximo personaje, con el que viajará “un poco más en el tiempo y en el espacio, ya con ‘Bastarda’ empecé a cruzar fronteras y ahora seguiré cruzando”.

Un adelanto exclusivo de sus próximos dos libros, las mujeres de la historia que la interpelan y la necesidad de contar otra versión de ellas diferente a las narrativas dominantes.


Florencia Canale reconoció que siempre espera "el verano para presentar su libro en la ciudad y como una excusa extraordinaria para revivir la divina sensación de la infancia y las vacaciones". / Foto: Marcela Golfredi.

Florencia Canale reconoció que espera “el verano para presentar su libro en la ciudad y como una excusa extraordinaria para revivir la divina sensación de la infancia y las vacaciones”. / Foto: Marcela Golfredi.


-¿Cuándo se conocieron las tres y en qué momento se dieron cuenta de que podían hacer algo juntas?

-Las tres publicamos en Planeta, por lo que nos encontrábamos en algunas charlas, en las que surgían temas en común, otros no, pero coincidíamos en algo: las ganas de seguir creciendo, divulgando y contando nuestras historias. Y así fue como fuimos multiplicando pareceres y en un momento decidimos hacer algo performático que llamamos “De fuegos y flores”, que después tomó la idea de libro. Por supuesto, lo planteamos en Planeta y así sucedió.

-¿Cómo fue la experiencia performática? ¿Es la primera vez que las tres hacen algo de estas características sobre un escenario?

-Yo ya había hecho alguna cosa similar pero las tres juntas no. Fue una experiencia realmente impresionante, recién terminamos una gira de verano y estamos preparando algunas cosas más, con nuevas ideas y sobre todo con ganas. La verdad, yo tengo este gen Sherezade de contar un cuento horas y horas y horas, es algo que me gusta mucho hacer sobre todo cuando tiene que ver con la historia. Llevo años contando mis novelas, que en definitiva son historias de hombres y mujeres, y creo que cada vez voy adquiriendo más experiencia y calidad.

-“De fuegos y flores” fue un salto de la soledad de la escritura a la oralidad y el trabajo colectivo, ¿cómo viviste ese pasaje?

-El gesto de la escritura implica soledad y silencio, que para mí es primordial, yo protejo mucho ese estatus de la soledad y la responsabilidad a la hora del trabajo. Y “De fuegos y flores” es otro campo, donde hay más voces, hay más gente y me gusta, igual siempre necesito volver a mi cuevita.

-¿De qué mujeres van a hablar en el libro?

-Algunas son mujeres de las que ya he escrito, como Remedios de Escalada, sin embargo, están en relación con las otras y con una reflexión en todo caso ensayística de algunos pareceres o procederes de las prácticas propias de la época. No es una novela, que es a lo que yo estoy acostumbrada, sino un libro reflexivo. Además de Remedios, también hablamos de Encarnación Ezcurra, Mariquita Sánchez de Thompson, Juana La Loca, Madame Perichón, Frida Kahlo, Artemisia Gentileschi, que es una escritora del Barroco, y hay muchas más, o sea, son mujeres universales y de distintos momentos históricos.

-¿Cuál fue el criterio de selección? Porque imagino que las tres deben haber propuesto a muchas mujeres.

-El criterio fueron los temas que queríamos abordar, que son el poder, el dinero, la muerte, el sexo, el deseo. Por eso elegimos mujeres que fueran relevantes en cuanto a estas temáticas.

“En la escritura encontré mi país, mi vida. Quienes me conocen saben que yo estoy escrita por eso que escribo. Ahí pueden encontrarme”.

-¿Qué tienen en común todas estas mujeres?

-Encontramos que han sido contadas desde un costado bastante más superficial o parcial y que seguramente han incendiado a su alrededor para poder romper con el status quo del tiempo en que les tocó vivir. Han sido mujeres que de alguna u otra manera rompieron con lo establecido, a algunas les salió bien y a otras no, pienso en Camila O’Gorman que murió fusilada a los 20 años por desafiar a la ley del padre en 1848, cuando no era muy común desafiar al padre. Si lo pensamos desde una interpretación más psicoanalítica, si se quiere, hay que ver qué significa desafiar al padre, que además en su caso es el padre político o el padre religioso. Bueno, también en el libro hay algunas mujeres más actuales.

-Por ejemplo, ¿cuáles?

-La muchacha que creó Tinder (Whitney Wolfe Herd). En todos los casos, son historias de mujeres que les ha tocado enfrentar de mejor o peor manera algunos obstáculos para llegar a donde llegaron.

-¿Compartís en algún punto con ellas su capacidad para resistir frente a los obstáculos impuestos por ser mujer?

-A algunas por ahí les ha tocado peor que a mí, yo tengo otro recorrido, digamos, más años y entiendo seguramente mi realidad o las realidades desde mi punto de vista y cómo he logrado sortear aquellos obstáculos que se me impusieron. Por supuesto, cuando tenía 20 años era una jovenzuela rebelde, contestataria, atrevida; con el tiempo, he sabido negociar de otros modos, más efectivos y tal vez menos estrepitosos algunas otras cosas que por ahí con tanto pataleo, estruendo y exhibición no lograba. Me he convertido en una mujer bastante más silenciosa, perceptiva y atenta, menos exhibicionista en ese sentido.

-Pero no así en la escritura.

-No, en la escritura encontré mi país, mi vida. Quienes me conocen saben que yo estoy escrita por eso que escribo. Ahí pueden encontrarme. Y me ha resultado más efectivo en la vida, porque estuve muchas veces parada en abismos, muchas veces tirándome a piletas sin agua, sabiendo que no había agua. No me arrepiento, pero he encontrado otros modos de pelea que me van bastante mejor.


Foto: Marcela Golfredi.

“Yo tengo el gen Sherezade de contar un cuento horas y horas y horas”, se define la autora marplatense. / Foto: Marcela Golfredi.


-Comentaron que en su espectáculo y en el libro las tres buscan desarmar ciertas imágenes cristalizadas sobre estas mujeres de la historia. Pienso, por ejemplo, en Mariquita Sánchez de Thompson, a quien conocemos más por prestar su casa para cantar el Himno Nacional que por su rol social y político durante la independencia.

-Por lo pronto, hay algo fundamental y único sobre ella que nadie se detiene a pensar. Si yo te pregunto cómo se llamaba el marido de Mariquita, ¿vos sabés?

-No.

-En el siglo XIX no hay mujer que tenga nombre propio si no fue la madre de, la mujer de, la hija de. Encarnación Ezcurra, claro, fue la mujer de Juan Manuel de Rosas. Martín Thompson es el marido de Mariquita, es la única que se conoce por ella misma, ella tiene nombre propio. Todo lo del himno, lo de ser la anfitriona, es una pavada, un cachivache. Igualmente, esa anécdota ya te marca que fue una lobista como no hubo, que fue una mujer que sabía perfectamente bien que hizo una operación política de su vida, escribió sus memorias, fue una cronista de su tiempo, específica y brutal, sabiendo que luego sería leída para descubrir qué pasaba en la Buenos Aires de 1810. Por supuesto, no hizo política en el espacio público, pero ella sabía fehacientemente que estaba haciendo política desde el hogar, con un poder bastante especial. Por ejemplo, es quien le abre la puerta a Bernardo de Monteagudo en Buenos Aires, ella lo introduce en la sociedad porteña, lo toma bajo su ala y algo más, es quien te vaticina buenas posiciones o te quita del medio inmediatamente. Después cuando se exilia en Montevideo, que se escapa del rosismo habiendo sido Juan Manuel de Rosas un amigo querido, hace política. No te voy a decir que ella configura la oposición de Montevideo pero más o menos, es ella quien recibe en su casa a los muchachos para armar la contra desde Montevideo a Rosas. No montó a caballo, no se fue a la guerra y no fue política, faltaba todavía algunos años para que las mujeres estuvieran en el espacio público, pero fue una mujer muy importante.

“La historia está contada para beneficio del que la cuenta”

Lo del himno también un poco se pone en duda si fue en su casa o no. En la pintura de Subercaseaux, todos creen que ella es la que está cantando el himno, pues nada que ver, en esa pintura la que canta el himno es Remedios de Escalada. Ella es la que toca el arpa, el que toca el piano es Blas Parera y el resto de los invitados a esa tertulia son San Martín, Monteagudo, Pueyrredón, Alvear y algunos más, pero no se sabe si exactamente esa fue la fecha cuando se inauguró el himno, pero sí se sabe que el músico era el profesor de sus hijos. Entonces, ella es una persona con muchos contactos, por eso digo que a veces la historia está contada para beneficio del que la cuenta.

-De todas las mujeres que has trabajado en tus novelas históricas, ¿tenés alguna preferida?

-Tengo una última favorita, Manuela Sáenz, sobre quien escribí en mi novela “Bastarda”. Es inevitable no estar hipnotizada por su halo, porque fue una mujer ecuatoriana muy diferente, corajuda, nombrada Caballeresa de la Orden del Sol, Bolívar la nombra Libertadora del Libertador porque le salva la vida dos veces.

No puedo no pensar en Remedios, que es mi niña primera y a ella vuelvo una y otra vez por su lucha corta, su convicción, su deseo, no le fue tan bien con San Martín pero después conoció a Bernardo de Monteagudo y murió joven, es una auténtica heroína del siglo XIX muerta de tisis, como correspondía al siglo XIX. Cuando era muy chiquita leí “Mujercitas” y por supuesto quise ser Jo, como todas las niñas, pero también quise ser Beth, que es la que muere de tuberculosis. Entonces me es difícil a mí abstraerme de las heroínas del XIX. Yo soy una heroína del siglo XIX.

-En este proceso de investigación, ¿te sorprendiste con algo que no hayas conocido de antemano, descubriste algún personaje?

-Mientras escribía “El Diablo”, como Bernardo de Monteagudo fue un tipo que se movió por América, estudió en Chuquisaca y además fue un héroe de Bolivia, empecé a leer mucho las tradiciones bolivianas y en un momento me apareció un personaje, que será el protagonista de mi próxima novela.

Yo andaba buscando el momento en el que Monteagudo colabora con Juan José Castelli en el Ejército Auxiliar de Perú para encontrar sus amistades. Y en esa búsqueda, yo no sé por qué, entre la infinidad de nombres, me detuve en uno, lo googleé y descubrí una historia muy rica de una persona que no era de principios del XIX, sino del XVII. En ese mismo instante, yo estaba escribiendo mi diablo amado pero le mandé un mensaje a Mariano Valerio, mi editor, para decirle, con taquicardia, que había encontrado a este personaje. Lo que puedo adelantar es que soy muy inquieta como ese personaje del que voy a escribir…



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