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Cultura 1 de mayo de 2021

Javier Cercas: “Para hacer la revolución hay que tomarse a la democracia en serio y leer a Cervantes”

Publicó la novela "Independencia", nueva entrega de su pentalogía "Terra alta".

“Soy otra persona”, confiesa, sin mucho reparo, el escritor español Javier Cercas al analizar cómo lo afectó el desafío secesionista que derivó en la crisis catalana de 2017 y acepta que haber sido testigo histórico de esas jornadas fue determinante para concretar el giro en su carrera que lo llevó a embarcarse en el ciclo narrativo “Terra alta”, una pentalogía que va por la segunda entrega, la novela “Independencia”.

“El que responde en esta entrevista es un poquito un impostor“, advierte Cercas, al comienzo de la charla con Télam, desde su estudio en el pueblo de Verges. La broma enmascara la explicación de fondo con la que el autor da cuenta de lo inasible del proceso creativo: “El que habla en público o redacta un artículo es el Javier Cercas racional, pero cuando escribo un libro uso también la parte irracional. Por eso, el yo completo de un autor está solo en sus libros. Responde ahora, entonces, el impostor”.

“Independencia”, la segunda entrega del ciclo narrativo Terra Alta con el que Cercas abandonó la línea de no ficción de libros como “Anatomía de un instante”, “Soldados de Salamina” y “El monarca de las Sombras”, es un thriller político ambientado en 2025.

“Se sabe cómo se empieza pero nunca como se acaba. El desafío era escribir una gran novela en partes y que cada una de ellas se pudiera leer de forma independiente”, cuenta el autor sobre cómo imaginó la estructura de la obra. El argumento -una banda chantajea a la alcaldesa de Barcelona con un video sexual filmado en su juventud y el mosso d’esquadra Melchor Marín asume la investigación- le permite al autor abordar algunos de los grandes temas de las sociedades contemporáneas: la violencia contra las mujeres, la inestabilidad política, la xenofobia o el entramado detrás del poder.

-Melchor Marín es un policía culto y despierto que lee novelas decimonónicas. Lleno de furia pero también de ternura. ¿Cómo nació el personaje?

-Se me apareció en una frase un día mientras caminaba. Es la que abre el segundo capítulo de Terra Alta: “Se llamaba Melchor porque la primera vez que su madre lo vio saliendo de su vientre chorreaba sangre y le pareció un rey mago. Su madre se llamaba Rosario y era puta”. Ahí supe que tenía algo. Y sí, es un personaje lleno de furia, dolor y contradicciones, porque también es capaz de una gran dulzura. Han dicho que es un “buen mal policía” y me parece acertado. Melchor Marín sale de mis experiencias profundas y tiene que ver con el shock que para mí supuso la crisis de 2017 cuando Cataluña estuvo, según el historiador Josep Fontana, sumida en un clima pre bélico. Eso de algún modo me cambió, soy otra persona. El dolor de Melchor es mi dolor, su furia es mi furia. Las cosas malas de Melchor son mías y las buenas son solo suyas.

-Con el ciclo “Terra Alta” abraza definitivamente la ficción y la tercera persona y pareciera dejar atrás el registro de la no-ficción que había inaugurado con “Soldados de Salamina”. ¿Cómo ocurrió este giro?

– El cambio en mi escritura surge de dos cosas. Cuando terminé de escribir “El monarca de las sombras” sentí que terminaba algo que había empezando veinte años antes con “Soldados de la Salamina”. Eran libros muy pegados a la realidad, en los que era muy importante la autoficción (algo que hace veinte años nadie hacía) y narraba una primera persona muy cercana. Pero, al concluir la novela sobre el “héroe” de mi familia, sentí que terminaba algo y que no podía seguir por el mismo camino. Seguir me hubiera enfrentado al peor riesgo de un escritor: repetirse, convertirse en un imitador de sí mismo. Terra Alta surge de la voluntad de renovarme como escritor para no morirme en vida. Eso coincidió con la crisis política de 2017, que me cambió la vida. Cuando la Historia llega, se mete en tu casa y te cambia la vida.

-Eligió la palabra “Independencia”. ¿Por qué apostó por un título tan polisémico?

-Si tu quieres conquistar la realidad, hay que conquistar el lenguaje. El secesionismo se ha apoderado de todas las palabras bonitas. De alguna forma, se las hemos regalado. Democracia, libertad, independencia, ya no nos pertenecen. Elegí ese título porque la palabra es maravillosa. ¡Y para que todo el mundo me pregunte por qué! Significa independencia política, moral y también de criterio. Pero se esconde mucho en la polisemia. Por ejemplo, políticamente, soy dependentista de la Unión Europea; aspiro a una Europa federal.

-La historia llegó, se metió por la ventana y le cambió la vida. ¿Pero cómo inspiró una novela?

-“Independencia” no es una novela política pero sí tiene una lectura política. Que nadie espere un relato histórico, sería ridículo porque las novelas no funcionan así. Pero sí tiene el humus. Creo que lo que ocurrió en Cataluña no es muy diferente a lo que pasó en el resto de occidente. Para salir de la crisis brutal de 2008, la elite catalana presionó al poder central para quedar bien parado. ¿Y cómo lo hizo? Sacando a la gente a la calle y les resultó fácil porque la gente estaba muy enojada. Tenían un poder autonómico importantísimo porque España es uno de los países más descentralizados. Y ofrecieron la utopía disponible: vamos a crear un país nuevo, maravilloso, donde todos seremos rubios y altos y nos libraremos de los brutos españoles. Son toneladas de mentiras, una arriba de la otra. Lo mismo que pasó con el Brexit o la llegada de Trump al poder, fue nuestra forma de nacionalpopulismo. Y claro, ahora que empezaron los problemas, la elite se marchó. Más de 4 mil empresas se fueron de Cataluña, la dirigencia pretende que la gente vuelva a casa y la gente no quiere. Este libro contiene un retrato muy duro pero realista de esa elite tóxica. Para hacer la revolución hoy hay que tomarse a la democracia en serio y leer a Cervantes.

-Hace unas semanas decidió convocar a su abogado para frenar una suerte de “campaña de amedrentamiento” que se dio en las redes sociales después de que diera una entrevista en la televisión catalana que incomodó a varios dirigentes secesionistas ¿Se sintió víctima del entramado político local o cree que es parte del clima de época?

-La televisión catalana está muy ideologizada que desde hace años, está dominada por el secesionismo. Participé un sábado del programa de máxima audiencia y dije mis cosas. Mientras yo estaba allí, lanzaron una mentira por redes que generó un linchamiento en el que, por supuesto, se apuntaron diputados e intelectuales. Ese clima de amedrentamiento contra el disidente se explica con lo que pasa en Cataluña pero es universal porque se ha encontrado un instrumento tremendo para eso: las redes sociales. Terminé hace poco de leer un libro de mil páginas que recomiendo, “La era del capitalismo de la vigilancia”, de Shoshana Zuboff. Esta catedrática escribió uno de los mejores libros del siglo, no exagero ni lo digo solo yo. Y allí ella pide que las redes sociales sean ilegales hasta que podamos controlarlas porque hoy, en manos de unos pocos potentados, solo son un instrumentos del odio y la discordia. Si no controlamos a las redes, van a desestabilizar las grandes democracias.

-Más furia para Melchor.

-¡Exacto! No saben el favor que me están haciendo.

-La historia sucede en 2025. ¿Por qué hace solo dos menciones breves al coronavirus? Si fuera una película, serían cameos.

-¿Cómo es posible que no hable del coronavirus, no? No soy profeta ni futurólogo, pero cinco años después de la pandemia nadie hablará de ella. Esto ahora parece increíble, pero es así. ¿Y cómo lo sé? La historia de la humanidad es la historia de las pandemias. Hace un siglo, la gripe española, mató a 50 millones de personas. ¿Dime una sola novela que hable de la gripe española? ¿Una película? ¿Una obra de teatro? No hay. Las pandemias no tienen quien las escriba. Entonces, en el futuro apenas se hablará de esto.

-¿Por qué eligió un escenario de futuro próximo?

-Del futuro inmediato sabemos que no habrá platillos voladores ni seres con antenas. No fue programado, me llevó la lógica de la novela. En la primera parte de Terra Alta tuve el pálpito que Melchón Marín era el policía que había matado a los islamistas en el atentado de Cambrils de 2017. Ese hecho azaroso pero necesario me llevó a realizar un experimento raro que no tenía previsto y me ha dado una serie de libertades que desconocía por completo. En otras palabras: en mis libros anteriores descubrí que el pasado es una dimensión del presente sin la cual el presente está mutilado y ahora entendí que el futuro también es una dimensión que le da sentido al presente. Eso me da mucha libertad para escribir.