CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Cultura 11 de octubre de 2026

Con tener talento no te alcanza: Intermezzo IX, o Ni izquierda ni derecha ni centro: hacia arriba

Capítulo 83 de la columna de Marcelo di Marco.

Agregar La Capital en

Padre Leonardo Castellani. Ilustración de Jorge Estefanía.

Por Marcelo di Marco 

—Dele, Máster, adelante con su explicación de qué es una sátira.

—Perfecto, Pukkitas, pero antes voy a lanzarte una pregunta: ¿vos sabés quién fue Nora Barnacle?

—Sé quién fue Nora Barnacle, pero…

—¡Cortala con la anácrisis, sangolotudo!

—¿Que la corte con la ‘anaquééé’, maestro? ¿Con la crisis acaba de decir?

—A esa no hay con qué cortarla, Pukkas. En mis sesenta y ocho años de vida, el más resonante sonsonete que vengo escuchando desde todos los rincones del arco político es que debemos salir de la crisis, y que la crisis esto y que la crisis aquello. Incluso toda mi generación, en cuanto a formación sociopolítica se refiere, estuvo signada intelectualmente por “Crisis”, una revista cuyo compromiso político era tan pero tan crítico que terminó subordinando la cultura al proyecto revolucionario: el arte puesto al servicio de la revolución, y el escritor puesto al servicio del panfleto.

—Todo mal, Máster.

—Para nada, Pukkas. “Crisis” tuvo innegables aciertos, como la defensa de la cultura nacional frente a la colonización cultural, el revisionismo histórico, la desconfianza hacia la ‘intelligentsia’ porteña afrancesada y el rescate de lo popular. ‘Mutatis mutandis’, su apuesta por el policial y el folletín contra el elitismo académico va en mi misma línea cuando yo salgo a bancar fuerte a Stephen King y el género del horror. Todo eso no voy a negárselo, como te dije recién. Pero a fin de cuentas con aquella épica pasó lo mismo que con la Revolución: fue un Saturno que terminó devorándose a sus propios hijos. El mismísimo director editorial, Eduardo Galeano, en la Bienal del Libro de Brasilia de 2014, dijo de “Las venas abiertas de América Latina”, la biblia de aquella generación nucleada bajo el ala de “Crisis”, que no sería capaz de volver a leerla, que caería desmayado, y llamó “pesadísima” a esa prosa de izquierda tradicional.

—Tremenda declaración, Máster.

—Tremenda confesión tardía de que la épica setentosa envejeció peor que los clásicos que despreciaba. Pensá que los objetivos de la izquierda de hoy no coinciden en absoluto con los de aquellos años, en los que la lucha de clases se había convertido en eslogan. Con el golpe de 1976, “Crisis” prefirió cerrar antes que someterse a la censura. Y uno de sus colaboradores, Haroldo Conti, fue secuestrado ese mismo año y después de medio siglo sigue desaparecido, hecho que condeno sin atenuantes.

»Y al respecto quiero dejar constancia de un episodio clave que, por si hace falta aclararlo, separa la tradición de la represión. En mayo de 1976, en el famoso almuerzo con el general Videla en la Casa Rosada, al que asistieron Borges, Sabato y Horacio Ratti, fue el padre Leonardo Castellani, justamente el satírico contrarrevolucionario tradicionalista del que ya te hablé, quien preguntó por Conti, al que había conocido en el seminario de Villa Devoto. Escribió con su lapicera el nombre de Haroldo Conti en un papel y se lo dio a Videla: un cristiano secuestrado dos semanas atrás, del que nadie sabía nada. Videla le contestó que “La paz va a volver muy pronto al país”. Vaya paradoja: la contrarrevolución pidiendo por la vida del escritor revolucionario, ¿qué me contás?

—Impresionante, Tío. ¿Y los demás qué hicieron en ese almuerzo? Usted acaba de mencionar a Borges, a Sabato y a Ratti.

—Borges dijo de Videla: “Es todo un caballero”. Contó además que le había agradecido “personalmente” el golpe del 24 de marzo, que “salvó al país de la ignominia”. Ratti, en ese entonces presidente de la SADE (y quien cuatro años más tarde integraría el jurado del primer concurso literario que gané, compartido con Leopoldo Brizuela), entregó una lista de dieciséis escritores en situación comprometida. La respuesta fue que cada caso “será analizado y aclarado de acuerdo a la Ley”. En cuanto a Sabato, esto que te voy a decir ahora no necesité confirmarlo con ninguna Tipa ni con nada que se le parezca porque lo leí con mis propios ojos, faltándome meses para los diecinueve años. En aquella época yo trabajaba como cadete de la petrolera Cities Service. Uno de mis doce hercúleos trabajos era ir a buscar al subsuelo del edificio la pila de diarios que después repartiría entre los ejecutivos. Esperando el ascensor que me llevaría a mi oficina, yo siempre hojeaba las noticias, y recuerdo perfectamente que en “La Razón” me topé con el almuerzo en cuestión. Y, sobre todo, con la declaración de Sabato: “Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el Presidente de la Nación hablamos de la cultura en general”. En la misma declaración, Sabato calificó a Videla de “culto, modesto e inteligente”, y además elogió su “amplitud de criterio”.

—¿Llegaron a rectificarse Borges y Sabato?

—Se rectificaron después, sí, y Borges con más rapidez. El padre Castellani fue el único que no tuvo nada que rectificar; al menos en esa mesa que ahora, medio siglo después, pienso que tuvo valor de alegoría porque reúne tres conductas ante el poder: el conservador Borges agradeció; el progresista Sabato elogió; y el tradicionalista Castellani reclamó. Que el gesto valiente de poner en la mano de Videla el nombre de un desaparecido en concreto viniera del “cura facho” desarma cualquier lectura simplista de aquellos años, Pukkas. ¿Ves? Todo eso evoca en mí el título “Crisis”. Y no me salgas con que un católico tradicionalista vendría a ser de centro, por no ser de derecha ni de izquierda, porque eso significaría que no entendiste un corno a la vela.

—Es lo que estaba por preguntarle, Tío Equidistante. ¿Usted es de centro? Y, si tampoco es de centro, ¿en dónde carajo se ubica políticamente?

—Preguntarle a un católico tradicional si es de izquierda, de centro o de derecha es como preguntarle a un alpinista en qué punto del callejón está parado: el tipo está subiendo la montaña, Pukkas. Dante no elige en qué círculo del Infierno quedarse: lo atraviesa de paso, porque va hacia arriba.

»El eje izquierda-derecha nace en 1789, en la Asamblea Constituyente francesa. En la votación sobre el veto del rey, los partidarios de la monarquía se sentaron a la derecha del presidente, y los revolucionarios a la izquierda. Es decir, se trata de un eje interno de la Revolución. Liberalismo y socialismo, y los totalitarismos que nacieron de sus entrañas, comparten la misma raíz: un hombre sin Dios, autónomo, que funda el orden en su propia voluntad, ya sea como individuo, como miembro de una clase o de una raza supuestamente superior. Encíclicas papales mediante, la Doctrina Social de la Iglesia refuta y condena sin tapujos al liberalismo económico, al socialismo, al comunismo y al nazismo. Y del fascismo condenó la “estatolatría pagana” del régimen. Jamás un católico de sana doctrina optará por alguna de esas calamidades.

—Ya me lo dijo capítulos atrás, Máster, con su acidez característica: izquierda y derecha, hijas de la Ilustración, buscan liberarnos de “las cadenas del pasado”.

—¿Ves? Parafraseando un viejo “chiste” cuyo autor no recuerdo, tanto la izquierda como la derecha siempre terminan quitándonos las cadenas, sí: ¡las cadenas de oro de nuestros relojes de chaleco! Ninguno de los dos extremos se pregunta a conciencia si su camino es el correcto. Será un lugar común, pero los extremos siempre se tocan.

—Un ejemplo en los hechos, Máster.

—El caso de la Interrupción Voluntaria del Embarazo es paradigmático. A pesar de su conocida oposición a la izquierda proaborto, y de su promesa electoral de “proteger al niño desde la concepción”, el actual gobierno, que antaño se ganó el voto del “católico mistongo” (Castellani ‘dixit’), descarta hogaño derogar la ley, al menos “por ahora”. ¿Entendés por qué te digo que el eje del contrarrevolucionario es vertical? Enrolado en la tradición de la Iglesia, yo valoro lo trascendente por sobre lo inmanente, el orden natural y el sobrenatural por sobre la caprichosa voluntad del totalitarismo. Por eso la gente que piensa como yo prefiere hablar en términos de cosmovisión y no de ideología. No estamos ni en la izquierda ni en la derecha ni en el medio. Nuestro puesto está en las estrellas, y desde ese plano metafísico sobrellevamos y ayudamos a sobrellevar la crisis. ¿Te ha quedado claro de una vez, o necesitás que te haga un dibujito?

—Todo claro, Máster. Volviendo a esa revista, “Crisis”, se ve que quienes la llevaron adelante no supieron ver la oportunidad.

—Qué oportunidad, Pukkas, de qué estás hablando. ¿Oportunidad de qué?

—Bien sabido es por todo el mundo, Máster, y me extraña su pregunta porque debería haberse dado cuenta solo de a dónde voy, que la palabra “crisis”, en chino, significa también “oportunidad”.

—Ay, Pukkitas, Pukkitas… De nuevo me das la oportunidad de desasnarte acerca de las etimologías truchas.

—Dele, Tío. Y después seguimos con la sátira. Y con la otra palabra rara que me tiró hace un rato y que ya ni me acuerdo.

—Anácrisis, Pukkas. Anácrisis.

—Eso. Anácrisis. Y entre otros temas pendientes retome de una vez lo del hamparte y el meadero, Máster, que me dejó bien intrigado. Y hábleme también de la Nora esa.

—¡Más respeto, burricalvo de cotillón, que “la Nora esa” fue la esposa de un absoluto genio!


Los capítulos anteriores pueden leerse haciendo clic acá.