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Cultura 7 de julio de 2026

Concierto de Alicia Ciancio en Villa Victoria Ocampo

Con un programa de alta exigencia técnica, la pianista interpretó dos sonatas de Beethoven, estudios de Chopin y el "Concierto de Varsovia", de Richard Addinsell.

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Alicia Ciancio.

Por Eduardo Balestena

La pianista Alicia Ciancio lleva a cabo una permanente actividad en distintos espacios. Esta vez se presentó nuevamente como solista en el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, el 5 de julio de 2026, a las 18.

La Sonata nro. 8, en do menor, opus 13, conocida con la denominación de “Patética“, con la que la difundió su editor, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), fue la primera obra del repertorio abordado.

Beethoven escribió esta sonata en 1798, a la edad de 27 años. En ese estadio de su carrera concibió la que ya es una obra de madurez, en la que se encuentran consolidadas las ideas compositivas de los opus posteriores del género. El Allegro di molto con brio inicial (en compás binario, 2/2) comienza con un motivo intrigante que conduce a un primer tema enérgico y sumamente rápido en el modo menor. Escrito en forma sonata, el movimiento es expuesto en tres temas, en lugar de los dos temas usuales de dicha forma. El segundo de ellos es en si bemol menor; es decir que, en lugar de modular al modo mayor, que sería lo esperado, la transición se hace al modo menor, para ir al mi bemol mayor en el tercer tema. Se produce una sensación de cambio y desconcierto al mismo tiempo. Lejos de terminar allí, los cambios hacen que la sección de desarrollo comience en sol menor, para ir luego al do menor. Más allá de la energía de la obra, hay en ella innovaciones en la concepción armónica.

El Adagio cantabile, segundo movimiento, está desarrollado en una forma de rondó simple (en lugar del lied ABA habitual en los segundos movimientos), a partir de una melodía sencilla y sumamente bella, llena de connotaciones que los diferentes episodios van expandiendo.

El Rondó allegro final, en do menor y compás 2/2, vuelve sobre temas de los anteriores movimientos y confiere a esta obra, tan importante en el desarrollo del género, un fuerte sentido de unidad.

La Sonata nro. 21, opus 53, en do mayor, conocida como Waldstein, de Ludwig van Beethoven, fue la obra siguiente del programa.

Se trata, indudablemente, de una de las obras centrales y más innovadoras del género y del lenguaje musical, de una fuerte impronta rítmica, contrastante, con elementos musicales en pugna y una concepción armónica también diferente; compuesta de manera coetánea con la Sinfonía nro. 3, opus 55, en mi bemol mayor, “Eroica”, y con la dialéctica de oposición de la sinfonía, fue influida por la aparición del nuevo fortepiano Erard, en 1803.

Sumamente compleja para la interpretación, el Allegro con brio del primer movimiento comienza en ritmo de 4/4, con una serie de acordes en pianísimo y un tema rítmico y expansivo que, al ampliarse a nuevos elementos, abre un aspecto sonoro inesperado, en el cual se suceden pasajes breves de distensión hasta el regreso del motivo obsesivo que vertebra el movimiento.

Sería extenso enumerar los desafíos para el intérprete. Baste decir que, como es habitual en el compositor, el segundo movimiento, Introduzione Adagio molto, en fa mayor y ritmo de 6/8 (28 compases), conduce, sin solución de continuidad, al Rondó allegro moderato, en do mayor y compás de 4/4 (543 compases), del tercer movimiento, en forma rondó (A-B-A-C-desarrollo-A-B-coda), en el cual una modulación inicial lleva a un tema pastoral, precedido de un largo desarrollo de sesgo misterioso, donde parece no suceder nada, pero del que nace el referido motivo pastoral, del que surge nuevamente una pugna de elementos que se suceden, se enfrentan y se desarrollan en una permanente transformación motívica y en distintas modulaciones.

Luego de casi una hora dedicada a dos sonatas tan importantes, la concertista sorprendió con el anuncio de las siguientes obras: los Estudios nro. 1, 2 y 5 del opus 10, de Frédéric Chopin (1810-1849), refiriéndose a las particularidades técnicas de obras a la vez desbordantes y sumamente controladas, que combinan la amplitud de registros con la imaginación poética (nro. 1), la arquitectura tonal (nro. 2) o los intervalos disonantes (nro. 5), así como la polirritmia. Chopin logró una sonoridad completamente nueva, fluida y extremadamente cuidada.

Con el Concierto de Varsovia, de Richard Addinsell (1904-1977), en su versión para piano solista, finalizó la presentación.

Según la explicación brindada por la pianista, fue escrito como música del filme “Luz de luna peligrosa” (1941), de Brian Desmond Hurst, en atención a que la idea de utilizar como banda sonora el tema inicial del segundo movimiento del Concierto nro. 2, opus 18, en do menor, de Rachmaninov, implicaba un cuantioso pago de derechos. La obra de Addinsell emplea un motivo similar al del compositor ruso como episodio en un desarrollo a partir de dos temas principales, reiterados en acordes de diferentes intensidades y duraciones.

Este sencillo material da por resultado una música muy eficaz.

En el marco de una música de cámara, en el sentido más amplio del término, la maestra Alicia Ciancio se refirió, una a una, a las obras del repertorio. No contó con el instrumento más adecuado para abordarlo debido a la opacidad e insuficiente densidad del sonido en gran parte de su extensión, lo que se hizo notorio en los pasajes ligados, particularmente en los más suaves. En otros, la propia intensidad de los acordes hizo menos notorias las referidas carencias.

La maestra Ciancio (quien, tiempo atrás, interpretó el Concierto nro. 1, opus 23, en si bemol menor, de Chaikovski, con nuestra Sinfónica), además de directora de orquesta, ha llevado a cabo un extenso trabajo con las orquestas escuela. Abordó dos sonatas de Beethoven, como casi todas las del compositor, de gran demanda técnica, y otras obras también de gran requerimiento, como los estudios de Chopin; su dominio técnico de pasajes siempre comprometidos, rápidos en su mayor parte, y las polirritmias que tanto unas como otras obras presentan en distintos momentos hablan de la solidez de su formación y del modo en que maneja su repertorio.

Dueña de un particular carisma, hizo notoria tanto su capacidad en los aspectos estéticos y formales de las obras como su dedicación a la música.