Crimen en Villa La Palangana: seguía manejando un Uber porque no le alcanzaba la jubilación
Alberto Rodríguez tenía 67 años y una vida sencilla: trabajar, volver a su casa, comer, dormir y mirar alguna serie o los partidos de Boca. Después de jubilarse siguió conduciendo un Uber porque necesitaba complementar sus ingresos. Su hija Evelyn asegura que no tenía conflictos personales ni vínculos que pudieran explicar el crimen. “Para mí no hay dudas: fue un homicidio en ocasión de robo”.
Alberto Rodríguez tenía 67 años y fue asesinado el sábado 1 de agosto por la mañana en Villa La Palangana, mientras trabajaba como chofer de Uber. Después de jubilarse, había tenido que seguir trabajando porque sus ingresos no le alcanzaban para vivir. Salía a recorrer Mar del Plata con su auto y podía pasar hasta 12 horas por día al volante.
Su hija Evelyn contó que en los últimos tiempos había reducido la cantidad de horas y trabajaba alrededor de nueve por jornada, pero prácticamente no se tomaba francos. Trabajar había sido siempre parte de su vida y, aun después de jubilarse, necesitaba hacerlo para completar sus ingresos.
No era una actividad ocasional. Era su rutina. “Le gustaba trabajar a él. Como era su vida, siempre fue así, demasiado trabajador”, contó su hija Evelyn en diálogo exclusivo con LA CAPITAL.
Rodríguez prácticamente no se tomaba francos. La jubilación no alcanzaba y el volante se había convertido en la manera de completar sus ingresos. Pero también había algo más: trabajar había sido siempre su forma de vivir. “Quería trabajar nomás y llegar hecho pelota a la casa, comer, dormir y ver una serie. Eso era su vida. Sencilla”, describió Evelyn.
El hombre también tenía esas pequeñas pasiones que forman parte de la identidad de una persona y que ahora permiten recordarlo más allá del crimen. Era fanático de Juan Román Riquelme, al punto de tener una devoción particular por el ídolo de Boca.
Le prendía velas y lo tenía casi como a un santo. “San Riquelme”, decía. Y cuando alguien cuestionaba al exfutbolista, Alberto no tardaba en salir en su defensa: enseguida aparecía el argumento de que estaban hablando “del más grande”.
Era un fanatismo que llevaba con entusiasmo y que podía aparecer en cualquier conversación. Por eso, entre las imágenes que quedaron de su vida cotidiana, hay una especialmente significativa: Alberto junto a una fotografía de Riquelme, con las velas encendidas, una escena doméstica que retrata esa pasión y que permite conocer un poco más al hombre que estaba detrás del volante y que seguía trabajando después de jubilarse.
Esa fue la vida que llevó durante años. Casa, trabajo. Trabajo, casa. Hasta aquella mañana en la que salió a conducir y terminó asesinado en Villa La Palangana. Para su hija, no hay una explicación alternativa. “Para mí fue un homicidio en ocasión de robo”, afirmó.
Evelyn conoce la rutina de su padre como pocas personas. Era quien lo ayudaba con el teléfono y tenía acceso a sus claves y a buena parte de la información vinculada con la actividad que desarrollaba a través de Uber. Sabía cuánto trabajaba, cuándo salía y cómo era su vida cotidiana.

La foto de Alberto Rodríguez que figuraba en su perfil de Uber.
Por eso también sostiene que no había un conflicto personal detrás del crimen. “Su rutina hace 20 años es trabajar e ir a la casa. No es una persona sociable, es una persona que solamente hace eso”, explicó.
Según contó, su padre no tenía una vida social intensa ni relaciones que pudieran ubicarlo en un escenario diferente. No había, en lo que ella conocía de su vida, ningún vínculo que pudiera explicar el ataque. “No tenía nada raro. Era la casa, el trabajo, la casa, el trabajo”, resumió.
La investigación, mientras tanto, continúa con distintas líneas abiertas. La hija del hombre todavía no tiene acceso completo al expediente, ya que recientemente decidió presentarse como particular damnificada y designó como abogado a Maximiliano Orsini. Sabe que los investigadores trabajan sobre el automóvil, el teléfono y la documentación de su padre, pero reconoce que todavía no existe una pista concreta que permita explicar quiénes fueron los responsables.
Y es justamente allí donde Evelyn quiere intervenir. Pide que aparezcan testigos. Que quien haya visto algo aquella mañana no descarte su recuerdo por considerarlo insignificante. Un auto que pasó a toda velocidad, personas alteradas, una discusión, un grito, un movimiento extraño.
“Alguien tiene que hablar”, reclamó. Para ella, cualquier detalle puede servir para encontrar la punta del ovillo. “Los detalles pueden llegar a hacer la diferencia”, sostuvo.
La hija de Alberto Rodríguez no sabe todavía qué ocurrió exactamente durante las últimas horas de su padre. Tampoco sabe quiénes fueron los responsables. Pero sí tiene claro algo: el hombre que murió no era alguien que estuviera buscando problemas.
Era un trabajador. “Lo mataron por un auto que no pueden ni usar, un teléfono que ni se prendió”, dijo Evelyn al recordar la violencia con la que fue atacado. La frase contiene buena parte de su bronca. Alberto era un hombre de contextura pequeña, de menos de 70 kilos, según contó su hija. Ella tuvo que ir a reconocerlo después de que fuera golpeado brutalmente.

Evelyn en el reclamo por la inseguridad efectuado la semana pasada.
Para Evelyn, la pregunta no es sólo quién mató a su padre. También es cómo una persona que salió a trabajar puede terminar asesinada de esa manera. “Así como le tocó a él le puede tocar a cualquiera”, afirmó.
Por eso rechaza las explicaciones que intentan poner el foco en el horario o en las decisiones de Alberto. Su padre trabajaba durante el día y buena parte de sus pasajeros eran personas que se trasladaban para trabajar. “Te matan en cualquier lado, a cualquier hora. A plena luz del día, gente trabajadora que va a trabajar”, señaló.
Y en esa idea aparece el reclamo más amplio que hace Evelyn: que el asesinato de su padre no sea presentado como una consecuencia de haber estado en el lugar equivocado o de haber tomado una determinada decisión. El hombre estaba haciendo lo que había hecho durante años. Trabajar.
Hace pocos días decidió involucrarse formalmente en la causa. Todavía espera conocer en profundidad el expediente y saber qué elementos tienen los investigadores. Mientras tanto, intenta conseguir por su cuenta lo que considera que puede ayudar: un testigo, una información, un documento, cualquier dato que permita avanzar.
“Voy a dedicar todo el tiempo que me queda libre después del trabajo para esto”, aseguró. “Ya renuncié a cosas para dedicarme a esto”, contó. Y dejó en claro que no piensa correrse. “No voy a dejar que se abandone la causa. De mi parte no creo que deje nunca que se abandone la causa”.
Alberto Rodríguez había trabajado durante toda su vida. La jubilación no le alcanzó y por eso siguió manejando un Uber a los 67 años. La última vez que salió a trabajar no volvió a su casa.
Ahora su hija intenta que su muerte no quede perdida entre las estadísticas de la inseguridad y que la investigación encuentre, finalmente, a quienes lo mataron.
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