Cultura

De un diario de limpieza a una novela de terror: lo nuevo de Matías Moscardi

El escritor marplatense vuelve con una obra híbrida que parte del registro de la vida doméstica y termina en un relato de una casa tomada. “Diario de limpieza” es el título de este libro que, desde la filosofía, la literatura, la música y el cine, invita a reflexionar sobre la maldición a la que estamos condenados los seres humanos desde que nacemos: la suciedad.

Por Rocío Ibarlucía

Todo se puede limpiar: los platos, la ropa, los vidrios, el inodoro, el piso, el trapo que usamos para limpiar el piso, las manos, los pecados, las energías, la consciencia, hasta un texto. Mejor dicho, todo se debe limpiar, es una historia sin fin e inevitable, una maldición de la que no podemos escapar y a la que estamos condenados desde que nacemos. El autor, docente e investigador marplatense Matías Moscardi se propuso escribir un registro diario de la limpieza que lo lleva desde la primera página a advertir esta fatalidad que repetimos infinitamente, “como el mito de Sísifo con Cif y esponja”, acechados por la mugre que siempre vuelve.

Si bien su “Diario de limpieza” (Bosque Energético) parte del afán de ser un simple registro de la vida cotidiana, se va transformando rápidamente en un ensayo en torno de su contracara: la suciedad. Primero, consulta definiciones de diccionarios, que ya exponen la complejidad del concepto, con acepciones que van desde la pureza hasta la perfección, del exorcismo (“limpiar las energías”) al asesinato (“limpiar a un tipo”). Pero estas definiciones no resultan suficientes, por lo que recopila referencias a la limpieza en mitos, ensayos, pinturas, canciones, poemas y diarios de escritores como Kafka, Sylvia Plath, Patricia Highsmith… Un itinerario de textos exquisitos que invitan a seguir leyendo y a complejizar cada vez más el concepto de lo limpio.

La voracidad con la que busca información hace que dialoguen en un mismo nivel la diosa griega Higea, el minimalismo de Marie Kondo, una escena de Karate Kid y “Alta suciedad” de Andrés Calamaro, por ejemplo. También su estudio lo lleva a identificar en películas de Disney, como “La espada en la piedra”, “La Bella y la Bestia” y “Cenicienta”, escenas de limpieza que evidencian sus visiones patriarcales y aristocráticas, en las que solo limpian mujeres y criados, quienes suelen sobrellevar las tareas cantando –“¿La música será la miel que vuelve soportable la limpieza?”, se pregunta- o usando magia -“la magia es un acto de justicia poética frente a tanta miseria y depresión”, concluye-.

Mientras pasan las semanas y aumentan las lecturas sobre lo pulcro, se disparan también memorias de su infancia y juventud que explican el origen de la limpieza en su vida, como sus recuerdos del Laverap del padre en los 90 o su primer trabajo limpiando en la galería Sao de Mar del Plata.

El diario es entonces un objeto híbrido, con componentes autobiográficos, ensayísticos y ficcionales, que no pierde nunca el sentido del humor y con un registro multimedial que incluye fotografías, chats de WhatsApp, búsquedas de Google, poemas y canciones con las que podríamos armar una lista de Spotify para limpiar la casa.

El eclecticismo del diario llega a su punto máximo cuando la tranquilidad del hogar se ve interrumpida un día por un ruido que viene de la cocina. Al principio, no encuentran nada, lo que lo lleva a asegurar que vendría de la pila inestable de platos por lavar. “No vivimos en una casa embrujada sino en una casa que hay que limpiar y mantener en orden”, se tranquilizan. Pero estos movimientos extraños empezarán a repetirse y a confirmar que algo o alguien, eso que no se puede nombrar, va invadiendo la casa, dejando huellas y ecos que generan que la familia se vea desplazada de su propio hogar. El diario de limpieza deviene una historia de “terror doméstico”, como define Moscardi, que tiene como protagonista a una casa tomada por criaturas que son la máxima expresión de la suciedad y las enfermedades.

En entrevista con LA CAPITAL, Matías Moscardi -autor de libros de poesía como “Los misterios del punk rock”, las novelas “Las Cosas”, “¡El Gran Deleuze!” y “Las respuestas. 1779 preguntas” y, en conjunto con Andrés Gallina, “Diccionario de separación” y “Guía maravillosa de la Costa Atlántica”cuenta por qué terminó interesándose más por la mugre que por la limpieza. Además, destaca sus lecturas favoritas tras la investigación realizada para escribir su diario y comparte su experiencia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el encuentro literario más importante de habla hispana, que este año se realizó entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre en la ciudad mexicana.

“Diario de limpieza” es la cuarta publicación de Bosque Energético, editorial independiente especializada en diarios íntimos. 

-A medida que pasan las semanas, más crece en el diario la suciedad. Pareciera que se hace carne en tu propio texto la fatalidad de lo sucio. ¿Cómo surgió ese desvío de un diario de limpieza a un diario sucio?

-El título “Diario de limpieza” es casi irónico o podría leerse al menos en esa dirección. Me interesaba que el objeto del diario apareciera como desencontrado. A medida que el diario avanza, cada vez me voy interesando más por la suciedad. En un momento, digo que la limpieza requiere la preexistencia de un sistema jerárquico de los objetos. Tomo un ejemplo: la cuchara sucia de miel y no la miel sucia de cuchara. Otro ejemplo es el de una frase de Fermín que solía repetir cuando tenía 2 años. Cuando se mojaba, decía que estaba “sucio de agua”. Básicamente, en esa frase la suciedad significa algo externo, cualquier cosa, incluso el agua (signo supremo de pureza y limpieza), que viene a anexarse al cuerpo propio. En otras palabras: la limpieza es el interdicto separatista que permite distinguir los límites entre los objetos y entre los seres. Mientras que la suciedad –como la risa, el éxtasis, la embriaguez– es un agente que difumina y amenaza esos mismos límites. Por eso, el diario comienza a interesarse más por la mugre. Hay algo político en ese posicionamiento. La limpieza es separatista, individualista, remite a la pureza. La mugre todo lo une, remite a la hibridez, a las mezclas.

-Una de las líneas que vas desarrollando tiene que ver con las escenas de limpieza en películas clásicas de Disney, en las que detectás que la limpieza se asocia con el servilismo y el patriarcado. ¿Creés que estas representaciones han ido cambiando?

-En el libro se analizan varias películas: “La espada en la piedra”, “Blancanieves”, “Mary Poppins”, “La Bella y la Bestia”, “Cenicienta”. En todas estas películas hay escenas de limpieza bastante peposas en donde interviene la música, la magia, los animales, objetos encantados… es la fantasía de que el desorden se ordene por sus propios medios. Pero también la limpieza está relacionada con la figura femenina. Los reyes no limpian, digamos. Sin embargo, Disney es una máquina de sondeo cultural. Sabe que no podría vender una sola película sin primero captar lo que hay en el aire. Esas representaciones que van de los 60 a los 90 cambiaron porque cambiaron los tiempos y Disney, como el capitalismo, se adapta a esos cambios. Mike Tyson dijo una vez: “dios nos castiga dándonos todo lo que queremos”. Esa frase me parece genial. Esto quiere decir que el capitalismo es versátil a las demandas, a las exigencias de la máquina social. En los dibujitos infantiles, por ejemplo, se puede ver ahora claramente el influjo del feminismo.

“La suciedad es el síntoma de la vida”, dice Matías Moscardi a LA CAPITAL. / Foto: Constanza Peralta.

-También hacés un relevamiento de definiciones de la limpieza en diccionarios, mitos griegos y latinoamericanos, filosofía contemporánea, cine, literatura, música, etcétera. Tras haber escrito “Diario de limpieza”, ¿cuál es la que más te quedó resonando y por qué?

-Creo que las dos citas que sintetizan la idea general del libro son las que puse como epígrafes. El poema de Idea Vilariño que dice: “Si te murieras tú/ y me muriera yo/ y se murieran ellos/ y el perro/ qué limpieza”. Y un verso de Fernanda Laguna: “Es el tiempo que todo lo ensucia”. En estos dos casos queda claro que no hay mucha vuelta: la vida es sucia porque se desarrolla en el tiempo y junto a los otros. Entonces siempre conlleva un grado necesario de suciedad, de impureza, de mezcla e inestabilidad. Por decirlo de algún modo, la suciedad es el síntoma de la vida.

“La limpieza es separatista, individualista, remite a la pureza. La mugre todo lo une, remite a la hibridez, a las mezclas”.

-En un momento te preguntás si escribir es limpiar o ensuciar. ¿Qué te responderías? ¿Creés que tu diario limpia o ensucia?

-Yo diría que es un diario que ensucia el género diario. Lo enchastra con otros géneros como el ensayo y la novela, pero sobre todo ensucia el diario con la ficción, porque en un momento se instala la duda de si los ratones existieron o no. Entonces el procedimiento es el de ensuciar el diario, mancharlo con sustancias exógenas.

-Otra cuestión que intuís al comienzo del diario es que lo escatológico, hiperrealista y corporal no suele ser un tópico, paradójicamente, de los diarios íntimos. ¿A qué creés que se debe?

-Supongo que hay algo de cultural en eso. Hoy en cambio en TikTok podés ver gente haciendo pis, vomitando, cagando. La intimidad se volvió casi por completo pública y hay poco resto de pudor. Hasta el siglo XX la intimidad de los diarios responde, valga la redundancia, a la idea de intimidad de la época. Pero todavía ahí existía una idea de pudor más fuerte, una especie de intimidad de la intimidad que tiene que ver por lo general con los fluidos y deshechos del cuerpo, que era raramente nombrada.

-Sin embargo, lográs trazar un itinerario de textos literarios, tal vez no diarios, en los que se habla de la mierda, los pedos, el inodoro. ¿Cuál es tu preferido?

-Me gusta mucho la “Historia de la mierda” de Dominique Laporte porque relaciona la mierda con el dinero, el lenguaje y la ley. Me parece un libro fundamental para pensar el capitalismo en la actualidad.

-“Diario de limpieza” contiene poesía, filosofía, música, cine, terror y mucho sentido del humor, todos cruces que pueden observarse en tus publicaciones anteriores, ¿creés que estos componentes forman parte de un estilo de escritura tuyo?

-En todo lo que escribo siempre hay un grado de hibridación. Los libros que hicimos con Andrés Gallina, por ejemplo, “Diccionario de separación. De Amor a Zombie” y “Guía maravillosa de la Costa Atlántica” son libros que mezclan poesía, ensayo, narrativa. En otro de mis libros, “El gran Deleuze”, pasa lo mismo: es un libro para niños y niñas pero también para adultos, es un libro de filosofía pero también una novela de aventuras.

-Estuviste participando en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más grande de habla hispana, ¿cómo fue la experiencia?

-Guadalajara fue alucinante. Es la feria más inmensa de Latinoamérica. Estuve recorriéndola uatro días y no alcancé a ver todo. También estuve en distintas mesas de debate. Participé de una mesa llamada “Latinoamérica viva” donde estaban Julio Rojas, Itamar Vieira Junior y Fátima Vélez. Y en otra sobre el humor negro y la tragicomedia en literatura con Carla Zúñiga Morales, Nina Lykke, Juan Pablo Villalobos y Unai Elorriaga. Siempre aprendo mucho en estos contextos, sobre todo escuchando a otras escritoras y escritores. El día que tenía que viajar de regreso, me enfermé muy fuerte y fue una pesadilla. Me tomé tres aviones en un estado medio zombie. Tengo recuerdos borrosos. No sé cómo lo logré. Cuando llegué a Argentina, estuve una semana en cama hasta que me recuperé.

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