De un edificio de 15 pisos en la ciudad a la antena de Manhattan: Brian Barco, el técnico en cuerdas que cumplió su sueño en La Gran Manzana
Inició su trayectoria a los 15 años y transformó el oficio de sus sueños en una realidad. "Siempre quise viajar a Nueva York y conocer Manhattan, Queens y Brooklyn", rememoró Brian Barco, de 32 años.
El marplatense Brian Barco recorrió un largo camino hasta alcanzar en 2025 la antena de Manhattan. A más de 400 metros de altura, cumplió su deseo de conocer La Gran Manzana con el oficio que soñó: trabajar en alturas y en edificios de gran escala.
Sus inicios en el mundo de las cuerdas se remontan al 2008, con 15 años. A esa edad, Barco dejó la escuela. “Mi mamá me dijo que si no quería estudiar, tenía que ponerme a trabajar. A mí siempre me gustó mucho trabajar, meter la mano en la tierra, en la obra, tener la mente ocupada en el trabajo… Eso lo aprendí de mi abuela”, expresó con orgullo el marplatense que hoy tiene 32 años.
Entonces comenzó a caminar por Mar del Plata “mirando qué podía hacer” y pidiendo trabajo. “Conocí a unos chicos que estaban en cuerda. Me quedé frente al edificio mirando cómo trabajaban. Estaban pintando y me sorprendió su profesión, que si bien era un trabajo, parecía un hobby”, relató.

Era algo peligroso y lo hacía poca gente. En su mente apareció una visión: la de que aquel era un trabajo en el que podía crecer mucho. A la vez, en su infancia siempre soñó con viajar a Nueva York y conocer Manhattan, Queens y el Brooklyn de las películas. “Me parecía algo mágico, una ciudad mágica”, describió.
Brian sintió que con ese trabajo podía tener “su carta” para llegar a la ciudad neoyorquina. “Inconscientemente, ¿no? —narró— Uno no sabía qué iba a pasar en el futuro, pero fue lo que sentí cuando empecé… Por eso me gustó mucho. Era una pasión que empezó a crecer dentro mío, trabajando en cuerdas”.
Comenzó entonces a desempeñarse como ayudante de aquellos hombres que había cruzado en la calle. “Un día no me querían enseñar porque veían que era menor, que era un pibe todavía, así que una jornada empecé antes de que llegaran y bajé por las cuerdas con su equipo. Estaba descendiendo por el edificio de 15 pisos, en el piso 6 aparecen ellos y me ven allá arriba y se querían morir. Tenían el corazón en la boca porque era su responsabilidad”, revivió.
Lo obligaron a descender y lo retaron pero, a la vez, lo felicitaron. Se incorporó a su equipo y desde ahí, no paró.

Su camino lo llevaría a brindar sus servicios a varias compañías de Mar del Plata. Pero un día la ciudad que lo vio crecer ya no pudo ofrecerle tanto empleo como antes. Sobre esos tiempos, aseguró: “Había muy poco, estaba por vender todo, todas las herramientas… y entonces, pensé: ‘¿Y si pruebo suerte en Capital?’. Así que me subí a un colectivo y empezó mi historia en Capital Federal”.
Barco consiguió sus primeros trabajos para contratistas y empresas hasta conocer la Alvear Tower en Puerto Madero, que por aquellos años se estaba terminando de construir. A pesar de haberse acercado en repetidas ocasiones a pedir trabajo, no lograba que lo contraten.
“No me rendí. Fui varias veces hasta que conocí a una persona que me abrió las puertas y pude empezar a trabajar para una empresa. Es la torre más alta de Argentina. Estuve en diferentes sectores y después, con el tiempo, también me llamaron para trabajar en las canchas de River y Boca”, sostuvo.

Allí tuvo la oportunidad de recorrer los estadios para hacer publicidad en altura antes de los partidos internacionales de la Copa Libertadores. “Pude presenciar la final de Boca y River, conocer la Bombonera y el Monumental”, mencionó.
En determinado momento sintió que Buenos Aires le quedaba chico. Como habría experimentado años atrás, una vez más tomó la decisión de emprender y viajó a norteamérica para vivir aquella experiencia con la que siempre soñó en su juventud.
Llegó a la Nueva York invernal en 2019, pero en 2020 el mundo se detuvo frente a la era del Covid. “No la pasé muy bien el primer año”, admitió. De a poco, se fue “metiendo en el mundo de las cuerdas”, también llamado rope access en Estados Unidos. Gradualmente creció hasta posicionarse dentro de una gran compañía que gestiona diferentes edificios en Manhattan, entre ellos, el ícono de la ciudad: el Empire State Building.
En el proceso de restauración del edificio, durante el día se trabajaba en los pisos 80, 85, 90, cambiando selladores en las ventanas, entre otras tareas que abarcaban varios sectores. En la jornada nocturna se realizaba el mantenimiento de lo más alto de la torre: la antena, a 400 metros de altura. La labor se llevaba a cabo por la noche porque durante el día, con la radiación que expulsaba mientras estuviera prendida, no estaba permitido acercarse.

Adicionalmente, Barco trabajó junto a un grupo de técnicos en cuerdas montando otra antena, obra que les llevó de 2 a 3 meses: enero, febrero y marzo, invierno en Nueva York. “Eso fue de terror. Fue una experiencia linda pero, a la vez, nunca pasé tanto frío en mi vida”, recordó. Y agregó: “Estábamos frente a la mejor vista de Manhattan, y antes del amanecer teníamos que bajar, porque la antena se prendía a las 5 de la mañana. Trabajábamos desde las 22 hasta las 5. Y estábamos en Nueva York… y sí, la verdad, la ciudad nunca duerme”.
“Trabajamos en la antena mientras la ciudad descansaba”
Eventualmente, en sus años en La Gran Manzana logró trasladarse a otra compañía en la que ejerció como director de operaciones y creó la División de Cuerdas. “Estuve a cargo de todos los proyectos, de la seguridad del equipo, supervisando y estando en el techo en caso de un rescate… Fue una experiencia única, que nunca imaginé que iba a ser tan linda. Tuvimos edificios muy importantes y me quedaron muy buenos recuerdos”, manifestó.
Su paso por Nueva York se extendió hasta el año pasado. “En septiembre tomé la decisión de volver a Argentina para estar cerca de mi cultura, en mi tierra… sentía que me faltaba algo y era mi gente, ser el Brian que caminaba por Buenos Aires y Mar del Plata; y no estar en una ciudad en la que había días en los que me sentía como un sapo de otro pozo”, se sinceró.

Al haber cumplido varios objetivos, Barco tomó la decisión de “pegar la vuelta” e incursionar en su proyecto personal en Buenos Aires y Capital Federal: Vértigo Zero. Sobre su empresa, celebró: “Logré plasmar la experiencia que junté en Nueva York, con nuevos equipos y técnicas en cuerdas que acá no estaban vigentes. Hoy en día me desempeño en varios proyectos, creciendo muy rápido en Buenos Aires”.
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