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Policiales 23 de marzo de 2019

El crimen de Carlos Bustamante y una oscura trama que apunta a su esposa

Verónica González se negó a declarar ante la fiscal Florencia Salas. Sin embargo, el lunes volverá a ser citada a comparecer. El asesinato de su marido, Carlos Bustamante, la tiene como acusada por una serie sólida de indicios. Ambos sufrieron en 2011 el homicidio de su hijo Gastón, en la misma casa y casi de un modo similar.

Por Fernando del Rio

El cuerpo moribundo de Carlos Bustamante (62) estaba allí en el comedor de la casa. A menos de dos metros, una gran foto de un Gastón sonriente contra la pared. Un poco más allá, la habitación en la que el nene fue asesinado en 2011, con su pequeño santuario de imágenes y trofeos de fútbol. En el piso del comedor, casi junto a la cocina y apoyado sobre un charco de sangre, el hombre agonizaba con el fondo sonoro del llanto de su mujer Verónica González.

Esa escena estremeció la calle 27 en el mediodía del viernes y la ciudad entera volvió a sacudirse en la tarde de este sábado al conocerse la muerte de Bustamante.

Miramar, la ciudad de los crímenes inverosímiles, no sale de su asombro por un nuevo crimen en la casa de la calle 27 a raíz de la brutal golpiza que sufrió Bustamente mientras dormía y que, para la Justicia, fue perpetrada por su propia esposa.

Verónica González quedó detenida en Mar del Plata, en el Desctamento Femenino, hasta donde fue conducida en la mañana de este sábado una vez que se negó a declarar ante la fiscal Florencia Salas. No obstante, el lunes volverá a ser convocada a comparercer por el cambio de carátula, ya que ahora pasó a estar imputada del delito de “homicidio agravado por el vínculo”.

Bustamante murió a las 16.45 en el Hospital Interzonal de Mar del Plata, poco después de ingresar derivado desde el Hospital Municipal de Miramar. Presentaba gravísimas lesiones en el rostro y el resto de la cabeza, y los médicos y peritos que lo examinaron refirieron que las mismas fueron provocadas por golpes con un elemento romo y pesado.

Verónica González y Carlos Bustamante habían atravesado en 2011 una de las peores situaciones posibles en su rol de padres: Gastón, su hijo de 12 años, fue asesinado en la casa de calle 27 entre 46 y 48. El 21 de noviembre de 2011 el pequeño fue golpeado y estrangulado mientras dormía.

El crimen de Carlos Bustamante se produjo en circunstancias similares porque los peritos que revisaron la casa establecieron que, al igual que su hijo, fue atacado en su cama. La diferencia entre ambos asesinatos es que mientras a Gastón lo estrangularon para asegurar su muerte, a Carlos lo intentaron rematar a golpes en el comedor. El hombre, aun malherido, logró levantarse y pretendió salir a la calle pero fue interceptado.

En la tarde del viernes, cuando Bustamante peleaba por su vida en el hospital miramarense, la fiscal Salas consideró como sólidos ciertos indicios que ponían en el centro de las sospechas a Verónica Gonzalez. Por eso organizó la toma de testimonios de tal modo que quedara para el final la mujer. Y entonces los indicios se incrementaron…

Dudas y presunciones

El viernes a la mañana Carlos Bustamante se quedó durmiendo en su habitación, contigua a la que en 2011 fue asesinado su hijo Gastón.

Antes de las 13, Verónica González -que  había ido al banco mas temprano- se comunicó con un familiar para consultar si sabía dónde estaba su esposo. “¿Y en tu casa no está?”, le preguntaron a ella, quien indicó que no podía entrar porque no tenía llave. Minutos después desde la vereda de la casa de calle 27 se comunicó con su hermana para pedirle que se acercara hasta allí porque no podía entrar.  En verdad, debían encontrarse por un tema vinculado a productos cosméticos. Según algunos vecinos, González estaba frente a la vivienda desde las 12.40 y los perros no habían ladrado en toda la mañana, señal inconfundible de la ausencia de desconocidos.

Fueron las dos mujeres las que encontraron a Bustamante en el comedor, donde los rastros de sangre evidenciaban el salvajismo del ataque. El hombre tenía lesiones muy graves en la cabeza. Lo habían atacado con lo que puede ser un fierro, pero que por ahora es un misterio porque nunca fue hallado. La secuencia inicial de la agresión se confirmó en la cama y prosiguió en el comedor, donde el atacante intentó rematarlo pero solo pudo abandonarlo inconsciente, acaso presumiendo la muerte.

La Policía Científica analizó el interior de la casa y en su informe habría concluido en que, al igual que en crimen de Gastón en 2011, no presentaba ningún ingreso forzado. Ni las puertas (delantera y trasera) ni las ventanas habían sido dañadas para poder acceder, lo que aumenta las probabilidades de que la persona que sorprendió a Bustamante cuando dormía podía entrar, permanecer y salir sin problemas.

Un fuerte indicio que llevó a la fiscal Salas a seguir la hipótesis de González como interviniente en el ataque fueron algunas referencias horarias. Aunque no hay aún una declaración de la esposa, los testimonios de los vecinos y familiares no coinciden con las condiciones de temperatura corporal de Bustamante. Desde que la mujer -con su hermana- lo encontraron habían un par de horas del ataque.

La relación de pareja entre Bustamante y González fue singular desde sus inicios. El hombre tenía una historia familiar previa, con tres hijos, cuando se relacionó con González y de ese vínculo nacieron Rocío y Gastón.
Algunos años después del asesinato de su hijo, la pareja decidió formalizar y hubo fiesta y casamiento.

Bustamante, en los más de 7 años que pasaron del crimen de Gastón, no dejó de comunicarse con la policía con las autoridades judiciales. “A la mañana siempre hacía el mismo recorrido: iba a la fiscalía, tomaba un café, charlaba, seguía a la DDI y de ahí a la comisaría. Era parte de una rutina semanal”, dijeron en Miramar.

El viernes, como Gastón en 2011, su hijo, el de las fotos que empapelan la casa con su sonrisa eterna, fue atacado mientras dormía. Miramar estremecida.



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