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Deportes 14 de marzo de 2019

El síndrome del lobo con piel de cordero

Alvarado afronta una situación que ya se dio en años anteriores esperando que esta vez el final sea otro.

por Sebastián Arana

Después de los resultados del fin de semana anterior, la posibilidad de clasificar al pentagonal final que definirá el primer ascenso a la Primera B Nacional vuelve a estar en las manos de Alvarado.

Se plantea un escenario similar al de anteriores ocasiones. El de una visita en la fecha final, en un clima de confianza, a un equipo que juega poco más que por el honor, como este Sol de Mayo de Viedma, último en la tabla de posiciones de la Zona A.

Sin embargo, la historia reciente enseña a desconfiar de la aparente amabilidad de este compromiso final. Hay recordados ejemplos de partidos en los que Alvarado creyó ir a enfrentar a un cordero y terminó encontrándose con un lobo.

Tal vez la debacle más dolorosa ocurrió en el Argentino B 2010/2011. Alvarado, conducido por Hugo Tenaglia y con un muy buen equipo, llegaba a la última fecha de un cuadrangular clasificatorio a las semifinales del torneo en una posición, a priori, inmejorable.

Necesitaba apenas un empate para clasificar y visitaba a Liniers de Bahía Blanca, último del cuadrangular y eliminado. Los bahienses, además, presentaron un equipo alternativo.

Sin embargo, aquella tarde Alvarado no pareció darse cuenta de lo que jugaba. Y eso que se puso en ventaja con gol del central Diego Flamenco. Liniers se lo dio vuelta 2-1 en el primer tiempo y antes del descanso empató el balcarceño Ezequiel Petti.

El equipo jugó a mantener el empate en casi todo el segundo tiempo y a diez minutos del final se vio sorprendido por un gol de Barragán. En el epílogo desencadenó un ataque furioso, pero el arquero Manganaro atajó todo y Alvarado regresó a Mar del Plata con una eliminación humillante.

Ya en el Federal A, el “Torito” vivió una película muy parecida el año pasado. Alvarado visitaba en la última fecha del octogonal a un Deportivo Roca que ya no tenía posibilidades de ingresar al pentagonal final. Si ganaba tenía buenas chances de clasificar como uno de los mejores terceros, siempre y cuando no ganaran los equipos del otro octogonal que aspiraban a conseguir el mismo objetivo.

La cuestión fue que se dieron todos los resultados que Alvarado necesitaba. Y el elenco de Mauricio Giganti, en el segundo tiempo, llegó a ir en ventaja 2-1 con tantos de Litre y Albarracín. Incluso, en un momento dado del partido, clasificaba hasta con el empate.

Sin embargo, en los últimos dieciocho minutos, ocurrió lo increíble. Hasta ese momento, en los seis partidos anteriores y los 72′ que se habían jugado esa tarde, el equipo -lo mejor que tenía era el funcionamiento defensivo- había recibido apenas cinco tantos. Pero en ese final le metieron tres goles, perdió 4-2 y tuvo que intentar el ascenso desde la Reválida.

Sol de Mayo, el equipo que hace algunas semanas eliminó al campeón Rosario Central de la Copa Argentina, hoy se juega tanto como Liniers y Deportivo Roca. Un rival con apariencia de cordero. De Alvarado dependerá que no se convierta en lobo.