Cultura

Entretextos: “Los naufragios de la luz”, diez poemas de Ángel Morales

El escritor mexicano, autor de “Piedra que promete agua”, comparte una serie de textos con los lectores de LA CAPITAL.

1.

Lo que escribo

es sólo una variación de la ceniza.

Trazo grietas en la luz.

Y, aun así, trato de calmar la sed

con este polvo de palabras:

le exijo flores a un árbol seco.

Lo sé. Así es este oficio: sembrar piedras

y esperar, paciente, a que el lenguaje abra

sus sagradas flores de ceniza.

2.

El pájaro endeble de mi voz

no alcanza a migrar

a ese lejano árbol de tus oídos.

Y el árido espejo del silencio

duplica mi vacío.

3.

Al final de la guerra,

recorro los escombros de la casa.

Y descubro, entre añicos familiares,

aún llameante,

la flor más delicada del universo,

la trampa de la maravilla,

el imperio urdido con astillas de luz:

la telaraña.

4.

Alfiletero, nube fusilada,

crucificada estrella de trapo,

toro vencido en la plaza de la mano.

El cuarto de costura es tu sala velatoria.

Todo lo soportas, todo lo sufres,

herida flor de llanto.

Un jardín furioso de vástagos sin hojas

se clava paciente en tu estéril corazón.

Ramo de huesos velando en una mesa,

calavera de un amor desecho,

cordero inmolado por el colmillo

de un tigre innumerable como el fuego,

el universo no contiene tu dolor.

Al mirarte me has devuelto

mi corazón sitiado de diluvios.

5.

Fluye por el aire un caudal de luz y de tiempo:

se enciende el alba en los pájaros del bosque,

emisarios de un nuevo día.

Pero hoy talarán los murmullos de ese bosque,

templo de la música.

Lo reemplazará una cicatriz de edificios,

la mudez definitiva del concreto.

Quizá las próximas generaciones ignoren

qué es un pájaro. Morirá con él

un primitivo preámbulo del paraíso,

y sólo

en un museo

encontrarán sus alados restos:

el arcoíris convocado en el plumaje,

el oro disuelto de su canto

derramado en un infiel parlante

o en algún otro artificio.

Olvido entronizado en la vitrina,

el pájaro será el príncipe de una era ya desecha.

6.

Mientras el rock, el pop y el punk

mueren por efímeros,

la caracola, fósil de luz,

ejecuta una música

que no pasará jamás.

Junto mi oído

a ese oído prístino que proviene del mar.

Escucho pergaminos de aire, sonetos infinitos.

El incesante monólogo del tiempo.

7.

¿Qué alba herida, rosa,

encalló en tus mil párpados?

Eres rugido en jade,

aire encarnado,

tacto del sueño,

virgen de vestido procaz

que danza ante mis ojos impuros.

Se encienden y anochecen

las alas ensangrentadas

que oprimen tu belleza: ardes.

En tu nervadura confluyen,

se pierden y se encuentran

las inéditas voces

del agua y de la piedra.

¿Qué signo invocas, rosa?

¿Qué quieres revelarme,

escritura solar tallada en agua?

8.

En su tela de luz gravita la araña muerta.

Toda la vida, flotando, esperó a la mosca,

esa porción alada de miseria

que jamás llegó.

Se alimentó de olvido la araña.

Se diluyó en el aire el veneno

de la araña.

Aquí su cadáver,

flor anémica,

arabesco trazo,

esqueleto

de una estrella diminuta,

se cuelga

en la espectral geometría

que el tiempo tramó.

En su escenario aéreo, la araña parece

la bailarina trémula,

la acróbata entre el aquí y el más allá.

9.

Relámpago tatuado en la piedra,

signo que lo sugiere todo:

tu boca. Me acerco a tu boca

como el pescador camina hacia el mar.

Un mar

donde arrojar

débiles y secas redes,

y sacar

cristalinos peces

con jades en lugar de ojos,

con certezas en lugar de escamas,

con pétalos en lugar de aletas.

Tu boca es un mar

constelado de quimeras

con la identidad del fuego.

10.

Así lo dictaste en el testamento:

tu ceniza, polvo de noche,

humo de magia,

quedó regada sobre el río.

Ahora la hojarasca

son tus párpados dormidos.

Las ranas, tu corazón alegre que salta.

Te integraste a la flora y a la fauna.

En cada flor

has abierto las manos.

En cada mancha del jaguar

has abierto los ojos.

No, la voluntad no termina con la muerte.

Oh, Rosales, la muerte no interrumpe nada.


(*) Ángel Morales (México, 1996) es ingeniero agroindustrial. Su obra “Piedra que promete agua” ganó el segundo lugar del Premio Nacional al Estudiante Universitario José Emilio Pacheco 2023. En el 2024, resultó finalista del Primer Premio Nacional Sophia-Filco. Protagonizó el capítulo “Defender el arte y la cultura en serio” de la columna “Con tener talento no te alcanza”, publicada en LA CAPITAL. Otros poemas suyos han sido publicados en el diario cultural FIN (https://fin.elaleph.com/). Además, completa su formación literaria en el Taller de Corte y Corrección, que dirigen Marcelo di Marco y Nomi Pendzik.

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