Felipe Gaziglia: “La conciencia social no corre a la par de la tecnología ni del llamado progreso”
Con una mirada incisiva sobre la era digital, el artista plástico y escritor reflexiona en su reciente novela "Juan" sobre las contradicciones del mercado y el choque brutal entre la ilusión del consumo y la realidad socioeconómica de la generación millennial.
Felipe Gaziglia (1992) es artista plástico y escritor. Su actividad como empleado en una galería influenció su novela.
Por Andrés Valenzuela
En “Juan”, su novela debut publicada por Dunken, Felipe Gaziglia se sumerge en el universo de la generación millennial. A partir de la crisis de un joven galerista de arte, la obra transita la búsqueda de identidad y los dilemas de los hombres de treinta y pocos, en un intento por encontrarle un sentido al amor, la vocación y los vínculos en un mundo tomado por las redes y la tecnología.
“Hoy en día vivimos en una crisis constante. Y no me refiero solo a la económica o la vocacional, ni siquiera a otras más profundas, como la de la identidad: hablo de todas al mismo tiempo”, plantea Gaziglia.
El joven autor plasma esta idea en Juan, su protagonista, que a pesar de llevar una vida confortable, con un trabajo bien pago en una galería de arte y sin apuros financieros, no tiene claro su norte. “Quizás un motivo importante para esto sea la innumerable cantidad de posibilidades que pareciera ofrecernos la realidad en la actualidad. Llegás de laburar y en la tele tenés Netflix, HBO, Disney y veinte plataformas más. ¿Peli o serie? Scrolleás y es tan cansador elegir que muchas veces no llegás a ver ni diez minutos. Parecerá superficial –no creo que haya tantos psicólogos por culpa de Netflix–, pero todo es así: vínculos, trabajo, pasatiempos. ¡Vivimos sobrecargados!”, reflexiona.
Respecto a las dificultades socioeconómicas actuales, subraya que “si bien todos estamos hiperestimulados, hay puertas que siguen casi totalmente cerradas para mucha gente. Eso complejiza la ecuación. Si el bombardeo de consumo me afecta a mí o a mis amigos –que tenemos la posibilidad de pagar y probar–, imaginate a la gente que no puede en este momento de la Argentina. Los que priorizan necesidades básicas y se tienen que decir a sí mismos que no una y otra vez, ¿cómo les explican a sus hijos que todos esos productos y experiencias que el celular ofrece son inaccesibles? Fijate que la gente se está endeudando cada vez más”. Y al respecto aclara: “No me refiero a políticos de turno, sino a la situación global. Las nuevas alternativas pueden haber traído ciertos avances, pero, en general, la conciencia social no corre a la par de la tecnología ni del llamado progreso”.

Para reflejarlo, en su reciente novela el autor recurre a una narración en primera persona que da carta blanca al lector para meterse en los pensamientos del protagonista. Uno de los grandes logros de la obra es capturar ese rasgo primario de las ideas en crudo, cuando la atención de Juan salta de su presente a recuerdos repentinos, deseos y pensamientos intrusivos. Sobre este aspecto, Gaziglia explica que “el narrador en primera persona fue sumamente funcional” y que buscó contar “no tanto lo que sucedía, sino cómo lo percibía el protagonista”.
Otro eje crucial de la novela es la consciencia acabada que tiene el protagonista sobre la clase social a la que pertenece. “Su procedencia de ‘cheto’ tiene un porte específico”, analiza Gaziglia. “De alguna manera, Juan parece querer ampliar sus horizontes y, al mismo tiempo, permanece enraizado: es todo un dilema existencial, ya que hablamos de crisis”, asegura.
Gaziglia, artista plástico además de narrador, insiste en hablar de los “paradigmas generacionales” vigentes en la actualidad, que, para él, son los mismos de siempre: amor, amistad, trabajo, vocación. “Cambian los colores con que cada generación los pinta”, afirma, y agrega: “Nosotros, los millennials, vivimos el traspaso a la era digital. Yo me acuerdo perfectamente lo que era esperar a que mi hermano dejara la línea para llamar a la casa de una chica que me gustaba y pedirles a sus padres que les pasara el teléfono. Después toca adaptarse… quizás sea ese el aspecto central de los paradigmas generacionales: adaptarse”.
Gaziglia es ante todo artista visual: “Cuantas más disciplinas artísticas practicás, más te das cuenta de que todos son distintos enfoques sobre una misma cosa. Pintar para mí es un proceso superemocional. Si a eso le compongo algo de música, probablemente tenga un tono afín. Y si le escribo un poema, también. Melodías, palabras, trazos… todo converge en la misma cosa, que es la comunicación, esa profunda necesidad que tiene el ser humano de expresarse”.
Y aunque comparte el mundillo del arte con su protagonista, la novela está lejos de ser una autobiografía. “Tomé algunos aspectos de mi vida para construir este personaje, como el hecho de haber trabajado en una galería de arte, pero el resto nada que ver. Mi relación con mis padres es completamente distinta, no tengo hermana, no me enamoré de mi vecina ni nada. La novela es ficción. Uso la faceta del arte para dar el puntapié a la transformación del protagonista y porque uno tiene que escribir de lo que sabe. Y eso, la galería, ser un pibe que sale con amigos… Eso lo conozco bien”, concluye el autor.
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