11 de julio de 2018
Comentarios

En esta nota

Fútbol con puentes y sin barreras

Por Vito Amalfitano

Los preconceptos no caben con la gente. De ninguna parte. Tampoco con el fútbol. Decían que los rusos iban a ser cerrados, poco amables, parcos, “secos”, fríos. Más allá de alguna experiencia particular, aquí se comprobó todo lo contrario.

Se esperaban otros semifinalistas, quedaron estos. Se dice ligeramente que Francia juega al “contraataque”. En realidad juega a todo, y casi todo hace bien.

Entre semifinal y semifinal este periodista hizo el “combo” estadio-tren-estadio. En el medio, dos estaciones de subte. De Petrogrado a Moscú, de Francia – Bélgica a Croacia – Inglaterra. Del estadio de Zenit, en San Petersburgo, a la estación de Ladoz, para tomar el tren 5 y cuarto de la madrugada hacia Moscú. Con un problema en el medio que se desconocía. Y que se subsanó porque afortunadamente hubo previsión para ir con tiempo a la terminal. En Leningrado se levantan los puentes en las noches blancas.

Más de una decena de puentes sobre el río Neva que se elevan desde la una de la madrugada hasta poco después de las 3 y media, las únicas horas, y hasta ahí nomás, que hay oscuridad total, porque en realidad empieza a amanecer poco después de las 2.30 de la madrugada. Con los puentes arriba, lo cuál significa un espectáculo imponente. Pero que impide pasar a las distintas islas que componen el “gran” San Petersburgo. En una de ellas está la tercera estación, la de Ladoz, que es la única en la que conseguimos un último pasaje a Moscú para llegar a Croacia –Inglaterra. La voluntaria de FIFA pidió el taxi desde la estación principal.

Y el conductor, en el medio del camino entró a desesperarse. Se notaba que estaba nervioso. De repente habla por teléfono. Y sorpresivamente nos pasa el celular hacia atrás. Del otro lado de la línea, la voluntaria que pregunta a que hora partía el tren. “5,14”, es la respuesta. El teléfono vuelve al conductor. Se comunican. Todo en ruso, claro. El taxista respira aliviado. “No problem”. Como todos los puentes estaban elevados él sabía que tenía que dar toda la vuelta hasta la autopista de circunvalación, que pasa por un puente aun más gigantesco, que sí no se eleva nunca, pero que está en las afueras de la ciudad. Ante la respuesta de la voluntaria, el conductor supo que tenía tiempo de sobra. Tuvo que hacer no menos de 50 kilómetros. No llegaba más a la terminal. Igual había mucho “juego”, tanto que a las 4 ya estábamos en Ladoz. La sorpresa llegó al pagar. La tarifa fue exactamente la misma. Seiscientos rublos. Ni un rublo más. Pese a que tuvo que hacer como 50 kilómetros extra. Se ganó la propina, y también nuestro afecto.

Una vez en el tren, ya que era el último pasaje que quedaba, tocó obviamente en cama de arriba en diminuto camarote. Toco compartirlo con una pareja rusa y un aficionado argentino. Al despertar al mediodía Sergei compró el café y las galletitas para su esposa Sheina pero también para este periodista y para el hincha argentino Domingo. Se sumó otro argentino del camarote de al lado, el jóven Kevin. Los cuatro hablaron del Mundial en directo desde el tren con Sergio Marino por LU6 Radio Atlántica en medio del desayuno que Sergei invitó sin conocernos. El matrimonio viajó a San Petersburgo para ver Francia – Bélgica y volvió a su casa en Moscú. Amantes del fútbol más allá de la selección que les toque ver. A poco de avanzar en el desayuno nos mostraron la foto de sus pequeñas hijas y nosotros les hablamos de nuestras familias. Enseguida se entabló una relación cordial. Aun con la barrera del idioma.

La misma que hizo que el taxista llamara desesperado a la voluntaria en lugar de preguntarle directamente al pasajero a que hora tenía el tren.
Los rusos, esos que nos decían que eran fríos.

Veníamos de ver el orden y la armonía materializados en el fútbol a través de Francia. Todas sus piezas encajan en el lugar indicado. Todos sus movimientos son armónicos y responden a una premisa. Cierra espacios, pero también los genera. El equipo de Deschamps no perdió la línea ni en el dominio con la pelota de Bélgica en la primera media hora y una vez que Pogba se plantó en le medio manejó todos los tiempos y ejerció lo que izo en todo este Mundial, la mejor distribución del balón. Kanté se agigantó para cortarle la línea de paso a Hazard y a su vez siempre se la dio redonda a sus compañeros. Eden Hazard es una de las figuras sino la gran figura del Mundial. Y, en realidad, ante Francia en San Petersburgo casi no perdió el balón.

Cuesta sacárselo. Es uno de “los Riquelme” que quedan en Rusia 2018. Pero sí Francia, sobretodo a través de Kanté, después de la primera media hora cortó la línea de pase para que no le llegue el balón limpio y para que no gravite tanto.

Con eso controlado y con el gol de Umtiti, después Mbappé soltó a volar,-con un pase de taco en el área que fue de lo más lujoso de la Copa del Mundo- y Griezmann desarrolló todo su talento.

Francia “reniega” de la pelota dicen algunos. Todo lo contrario. Pocos la manejan mejor en este Mundial que Pogba, Kanté, Griezmann, Mbappé. Y quizá los únicos dos jugadores que no hicieron gala de gran ductilidad con el balón en la semifinal fueron el lateral Lucas Fernández y Giroud. Lo que tiene Francia es el “timing” ideal para recuperarla en el espacio justo y en el momento indicado para que después se luzcan sus creativos. Así llegó a su tercera final de las últimas seis. Sin preconceptos ni casualidades.

@vitomundial

Subir