11 de septiembre de 2018
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Horror Don Emilio: un barrio asombrado por un crimen y un suicidio al que nadie le encuentra explicación

La autopsia determinó que Soledad Figueroa (44) murió por una puñalada en el cuello y que Marcelo Herrera (48) se ahorcó cuatro o cinco horas después. Sus hijas, que padecen retraso madurativo y discapacidad motriz, quedaron desamparadas.

Pasaron poco más de 24 horas y nadie en el barrio Don Emilio entiende lo que pasó. Nadie le encuentra explicación al horror que se vivió en la casa de Rosales al 10100 en la que Marcelo Herrera (48) asesinó de una puñalada a su esposa, Soledad Figueroa (45), y luego se ahorcó.

Familiares, vecinos y allegados están atónitos, para ellos Herrera y Figueroa se amaban y amaban a sus hijas, de 26 y 27 años, que padecían retraso madurativo y estaban postradas en una cama por una discapacidad motriz.

“Se desvivían por ellas. Las amaban más que nada en el mundo”, expresó una allegada de la pareja en las redes sociales al enterarse de la fatal noticia.

El lunes por la tarde se realizó la operación de autopsia en ambos cuerpos que, si bien no serviría para explicar el por qué de semejante acto, ayudaría a despejar de la mecánica del mismo.

Según el informe preliminar entregado a la Fisalía N°6, Soledad Figueroa fue apuñalada con un certero “estocada” en el cuello, entre las 12 y las 2 de la madrugada del lunes, y en pocos minutos murió desangrada.

Figueroa estaba en ropa interior al momento de ser atacada por Herrera en la habitación que la pareja compartía, por lo que sospechan que fue sorprendida y no alcanzó a defenderse. Luego, la víctima, se arrastró unos metros desde su cuarto hasta el piso de la cocina, donde finalmente falleció.

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Luego de asesinar a su esposa, Herrera estuvo entre 4 y 5 horas dando vueltas por el interior de su casa, con sus hijas, de 26 y 27 años, durmiendo en uno de los cuartos.

El hombre, viendo el cadáver de su esposa y la sangre derramada, se tomó el tiempo para escribir una carta en la que se despidió de sus hijas, su familia y explicó los motivos de la terrible decisión que había tomado.

En esos “motivos”, según trascendió, Herrera detalló la difícil situación familiar en la que se encontraba y la que lo había desbordado por completo.

Luego de terminar la carta, Herrera se vistió con una camiseta de su querido River Plate, tomó una soga y se colgó en el garaje. Según la autopsia, se quitó la vida entre las 6 y las 8 de la mañana.

La autopsia descartó que Herrera y Figueroa hubiesen estado bajo los efectos de drogas o alcohol. También descartó que hubiesen ingerido algún tipo de veneno. No hubo algún tipo de atenuante externo en la decisión de Herrera de asesinar a su pareja y luego quitarse la vida.

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El futuro de las hijas

Los familiares de Figueroa y Herrera quedaron devastados, sobre todo el hermano de la mujer, quien fue el que encontró los cuerpos el lunes cerca de las 11 de la mañana.

El comisario Julián Bonoldi recibió a los familiares de las víctimas en la comisaría décimo primera hasta altas horas de la noche, para intentar tranquilizarlos y asegurarles que la seccional estaría a su disposición para lo que necesitaran.

Como primer medida, la familia de Figueroa y Herrera resolvieran tomar posesión del inmueble de Rosales al 12.100 por miedo a que delincuentes, enterados de lo sucedido, decidieran tomar el lugar.
Además, evaluan internar a las dos jóvenes que, por su delicada condición necesitan de cuidados permanentes.

Los cuerpos de Figueroa y Herrera ya fueron entregados a su familia que, lejos de insultar y odiar al femicida, todavía se preguntan por qué lo hizo y para qué pensó que serviría esa carta escrita entre las dos muertes.

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