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Cultura 1 de abril de 2019

Jorgelina Albano: “Los varones también tienen mandatos”

Ideó un libro que, de manera sencilla y ágil, explica por qué es necesario cambiar la mirada sobre las creencias con las que crecimos. Busca una sociedad con paridad de género: con mujeres reconectadas a sus deseos y varones liberados del patriarcado. "Ellos también se definieron a sí mismos, definieron cómo tenían que ser para considerarse hombres con mayúsculas", señala.

Jorgelina Albano.

por Paola Galano
@paolagalano

Jorgelina Albano acaba de publicar “Los zapatos rojos son de puta” (Penguin Random House), un libro que nació a partir de la web Alabadas. Emprendedora y especialista en cultura organizacional, la autora afirma que Alabadas es “un acelerador cultural” que no se agota en una website: el contenido se despliega en “redes sociales, artículos, el libro, talleres, conferencias y desarrollo de contenido específico, por lo general audiovisual, sobre género”. ¿El objetivo? “Acelerar el cambio cultural hacia la igualdad de género”, contesta.

En “Los zapatos rojos son de puta” va al fondo de ideas y mandatos que parecieran gobernar a las mujeres y a los hombres. Es que Albano no se cansa de señalar que el patriarcado como matriz afecta a mujeres y varones. Por eso el libro es una invitación a cambiar el enfoque sobre “las creencias avaladas por la sociedad”, como un gran paso para empezar a construir la tan deseada igualdad de género.

“Generar un cambio de creencias profundas es la clave para salir del patriarcado y construir una sociedad igualitaria”, afirma al comienzo de su libro, en lo que dio en llamar Manifiesto, porque allí explicita conceptos que resultan claves y que, luego, se desgranan en diversos capítulos. “Salir de la matriz patriarcal implica cambiar la mirada, ver algo distinto”, sigue en ese apartado.

En cada uno de los capítulos aparecen fragmentos de entrevistas que Albano realizó para Alabadas, “más de sesenta y cinco entrevistas realizadas a hombres y mujeres en diferentes ámbitos profesionales, sociales, edades y países”, aclara.

“Cuando Alabadas tomó cuerpo y empecé a encontrarme con personas que no entendían qué significa el feminismo, el por qué del movimiento de las mujeres y el cambio socio-cultural que se está dando, aunque muy de a poco, creí que era necesario hacer un libro ágil y simple para que las personas en general (mujeres y varones) entendiesen el tema y los entusiasme pensarse de otra manera”, explica.

Entrevistada por LA CAPITAL, la autora confirma lo que se observa en todo su libro: “un tono equilibrado, sin enojos y agresiones, que en definitiva eso es mucho de lo que muestran los medios”.

“Mujeres enojadas, agrediendo a los varones, eso no es el feminismo. El feminismo no es una competencia sino una manera diferente de pensar el mundo en el que tanto mujeres y varones tengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades no solo en lo declarativo sino que sea realmente así”.

– Por lo sencillo y ágil es un libro que parece escrito para aquella mujer a la que la coyuntura le empieza a “hacer ruido” y no termina de comprender, ¿lo escribiste pensando en ellas?

– No sólo es para mujeres, es para mujeres y varones. De hecho recibí un mensaje de un hombre que lo está leyendo y me dijo: me está ayudando a ser un mejor hombre. Respondiendo a tu pregunta la respuesta es sí. Entendí que era necesario escribir un libro para que cualquiera lo pueda leer, que tiene conceptos muy profundos y transformadores pero explicados de una manera simple y ágil y espero que entretenida.

– ¿Cambiar la mirada es una invitación a encontrar los mandatos con los que fuimos criadas las mujeres?

– Es una invitación a desafiar mandatos y no solo los de las mujeres, también los de los varones. Nosotras tenemos tremendos mandatos y salimos perdiendo en cuanto a nuestros derechos y las oportunidades que se nos presentan. Pero los varones también tienen mandatos. Las mujeres fuimos definidas por los varones en como teníamos que ser para que se nos considerara una mujer con mayúsculas y ellos también se definieron a sí mismos, definieron cómo tenían que ser para considerarse hombres con mayúsculas. Estas definiciones es lo que se llama patriarcado y es una cultura que no le conviene a nadie, porque hay gente que se siente cómoda en ella pero la gran mayoría está sintiendo incomodidad que viene de no poder ser lo que cada quien quiere ser. Sobre todo las mujeres.

– Y una vez que se cambia la mirada, ¿qué?

– Transformás tu propio mundo. Empezás a construir relaciones de pareja más igualitarias, entendés que por ser mujer no sos menos que un varón y empezás a no permitir cosas que antes te incomodaban y que no sabías cómo reaccionar. En el patriarcado las mujeres fuimos educadas para agradar a los varones porque en lo simbólico y no tanto, es el varón quien tiene el poder y quien elige a qué mujer para qué fin. Por lo tanto consciente o no la posición frente a ellos es de desigualdad. Cuando te ponés las lentes violetas (color del feminismo) todo cambia y creo que el mayor beneficio reside en sentirte más fuerte y más libre.

– ¿Cuál es el rasgo común que encontraste en todas las entrevistas que hiciste para Alabadas?

– Creo que un rasgo común es el de la discriminación. No debe haber una mujer de las que entrevisté que no se haya sentido discriminada o que haya tenido un episodio de ese tipo aunque en el momento no se haya dado cuenta y lo haya visto a lo largo del tiempo. También la codificación y los mandatos recibidos de lo que significaba ser mujer como por ejemplo la relación con el cuerpo. Cuando empezás a hablar con las mujeres en el general, no solo en las entrevistas, sino en la vida misma, todas nos sentimos identificadas con las mismas cosas.

– ¿La presencia del feminismo en las calles es una manifestación de las clases medias urbanas? ¿Observás otros sectores sociales involucrados?

– Tímidamente empiezan a aparecer otros sectores incluso los medios altos más conservadores y también de los sectores más bajos. Mujeres que están hartas de no haber podido ni siquiera conectarse con su propio deseo que es, desde mi punto de vista, la mayor injusticia del patriarcado, que haya eliminado en las mujeres la capacidad de conexión con el deseo profundo de todo tipo, desde el sexual hasta la ambición de qué querías para tu vida. Veo un gran movimiento en los centros urbanos y un interior más conservador, con “el qué dirán” quizá, pero que se empieza a movilizar desde las chicas más jóvenes.

– ¿Qué tan optimista sos respecto de que las mujeres destruiremos la matriz patriarcal? ¿Será un fenómeno inminente?

– Soy muy optimista, pero no solo por las mujeres, hay varones que quieren construir una sociedad diferente también. Lo que no tenemos que hacer es dejar de estar atentas, hay que ser muy consciente todo el tiempo de este tema y no dormirnos porque de lo contrario el piloto automático vuelve y el ser humano se siente más cómodo en su zona de confort. Para que haya un verdadero cambio todos tenemos que salir de la zona de confort y no dejar pasar nada que pueda afectar ese cambio.

– Describís todas las connotaciones que tiene el color rojo, como si fuera un símbolo, un tono que “las mujeres de bien” deberíamos evitar. ¿Lo pensaste así?

– Sí. A una de mis tías les gustaba pintarse las uñas de rojo y la otra le decía que tenía uñas de bataclana… El rojo está relacionado a la prostitución, como si usar un color u otro te determinara en quien sos. La carga del estereotipo que según como te comportas sos mujer bien o no lo sos. Los zapatos rojos son de puta es una creencia patriarcal muy antigua y cuando Carolina del Río, una teóloga feminista chilena, me contó la anécdota con su madre, cuando ella tenía solo siete años, enseguida pensé que esa frase tenía que ser el título de un libro. Y en tan solo un año y medio después ya está publicado y nada menos que por Penguin Random House. Carolina cuenta que fue con su mamá a comprar zapatos y ellas con siete años se enamora de unos zapatos rojos y que la mamá delante del vendedor le dice que los zapatos rojos no son de señorita y luego, cuando se quedan solas, le dice que los zapatos rojos son de puta. En su relato en Alabadas ella cuenta cómo la marcó ese hecho en su infancia porque no entendía muy bien qué significaba. En mayor o menor medida a todos nos pasó lo mismo en una sociedad que fue construida sobre el valor y la mirada de lo masculino. El libro intenta desafiar esas mandatos tan arraigados aún en la sociedad.

– ¿Por qué es necesario desterrar lo femenino y lo masculino de la sociedad actual?

– No hablo de desterrar, sino de entender que masculino y femenino son construcciones culturales y que cuando se habla de femenino se lo relaciona a la mujer y cuando se habla de masculino se lo relaciona al varón y no es así. Ambos, mujeres y varones, tenemos características de lo que definimos tradicionalmente como femenino y masculino y que cada persona debería hacer la mezcla de eso de lo que mas le convenga o quiera y desarrollar su propia impronta.

– ¿En qué momento te sentiste feminista?

– No hace mucho tiempo, cuando entendí el feminismo de manera intelectual. Durante toda mi vida me revelé a las injusticias contra las mujeres. Por lo tanto el feminismo me llegó primero de manera emocional, hasta que entendí que miles de mujeres habían peleado también por mis derechos y que gracias a ellas yo hoy tengo la libertad de hacer esto. Le puse una definición a algo que sentí toda mi vida.