Jóvenes reescriben cuentos del folklore argentino en una escuela de Chapadmalal
Estudiantes de quinto año de la EES Nº 83 escucharon, leyeron y reversionaron relatos populares y los transformaron en un libro colectivo. La docente Marinela Pionetti cuenta cómo la narración oral, la lectura y la escritura dieron forma a un proyecto que puede inspirar a otras escuelas.
Estudiantes de quinto año de la EES Nº 83 con Juan Martín Tapia, narrador oral de amplia trayectoria y reconocimiento nacional.
Por Rocío Ibarlucía
Los cuentos populares argentinos volvieron a circular en una escuela secundaria de Chapadmalal. Los estudiantes de quinto año de la EES Nº 83 escucharon y leyeron relatos del folklore nacional, los reescribieron desde su propia mirada y los transformaron en fotonovelas. El resultado es “Héroes criollos y viceversa”, un libro colectivo que reúne las nuevas versiones de los cuentos y sus adaptaciones visuales.
El punto de partida de este proyecto fue un encuentro que dejó huella: en 2023, el narrador oral Juan Martín Tapia visitó por primera vez la escuela y, justo el 10 de noviembre, Día de la Tradición, contó las aventuras de Pompeira el Valiente. La historia, originaria de la provincia de San Luis, despertó la curiosidad del grupo y abrió una puerta hacia textos que hasta entonces les resultaban desconocidos: los cuentos populares argentinos reunidos en la obra de Berta Vidal de Battini.
“Nos fascinó. Juan nos contó de dónde venía ese cuento, quién lo había rescatado de la voz de los paisanos y dónde lo podíamos encontrar. No sabíamos nada de esto. Desde entonces, entramos en la colección de Berta y no salimos más”, recuerda Marinela Pionetti, profesora de Literatura en escuelas secundarias, investigadora, doctora en Letras y docente de Didáctica Especial en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Además, es quien coordina este proyecto junto a Carolina Comba, profesora de “Arte y nuevos medios” e “Imagen y procedimientos constructivos”, materias de la orientación en Artes Visuales.
Berta Vidal de Battini y el tesoro de la narración popular
Los textos adaptados por los estudiantes –como “Pompeira el Valiente”, “Juan Pumpeño”, “Antoñito” o “Los tres humitos verdes”– pertenecen a la serie del joven con fuerzas sobrenaturales de “Cuentos y leyendas populares de la Argentina”, recopilados por Berta Vidal de Battini (1900-1984). La extraordinaria poeta, maestra y lingüista recorrió el país documentando no solo el decir de las personas sino las historias de cada región, para preservar la riqueza cultural de las narraciones tradicionales. Para Pionetti, los cuentos de Berta “son fascinantes, llenos de aventuras, personajes singularísimos, elementos mágicos y situaciones increíbles que encienden la imaginación de los niños y adolescentes de hoy. Además, nos permiten conversar y debatir sobre la procedencia de nuestras tradiciones, modos de ser, de expresarnos, de mirar y de pensar el mundo”.

Berta Vidal de Battini.
“Como decía Berta –continúa explicando la docente–, tienen una ‘hondura humana compleja y sabia que va desde la gracia que entretiene o hace reír y el ejemplo que alecciona hasta el dramatismo que conmueve profundamente’ y simbolizan, nada menos que, ‘el sueño de la vida del hombre’”.
La particularidad del trabajo de Vidal de Battini está en que los relatos no fueron separados de las voces que los transmitieron. “Están escritos tal como ella los escuchó de boca de los paisanos y ahí tenemos la huella de la oralidad viva, los modos de pronunciar las palabras, los giros, las muletillas y los usos del lenguaje de los paisanos que habitaron este país antes que nosotros”, detalla la profesora.
“Es fundamental llevar el folklore a las escuelas. Ahí encontramos, mejor que en cualquier otro lado, las múltiples formas de ver quiénes somos y de dónde venimos. Nuestra inevitable y maravillosa multiplicidad”, dice la docente Marinela Pionetti.
La docente destaca, a su vez, la dimensión del trabajo de campo y recopilación de Berta, “incluso más arduo que el de los compiladores europeos, por la extensión que le tocó transitar, por el modo en que lo encaró y por la cantidad de cuentos que escuchó, poniendo el cuerpo y conociendo cada comarca. Este enorme trabajo dio como resultado un tesoro que reúne las voces, las historias y la imaginación de nuestro pueblo en diez gruesos volúmenes ordenados y organizados para que investigadores, artistas y docentes hicieran uso de él, se sumergieran en esta maravilla popular, la estudiaran (como hizo ella con el habla), la recrearan y le dieran vida. En eso estamos. Y espero que se conozca cada vez más”.
La sorpresa de un estudiante resume el desconocimiento que todavía rodea a esa obra: “¿Cómo es que esa señora no es famosa?”. El asombro señala una tarea pendiente: acercar a las nuevas generaciones las expresiones populares.
De la lectura de clásicos al libro reversible: el proceso de creación
Las fotonovelas son el resultado de un largo proceso. Durante cuarto año, el grupo había leído “La Odisea” y estudiado el camino del héroe. En quinto, ese itinerario volvió a aparecer al leer, escuchar y analizar los siete cuentos seleccionados recopilados por Berta.
A partir de estos textos, escribieron sus propias versiones, que debían incluir ciertos elementos como un protagonista de fuerza descomunal, la partida del hogar para recorrer el mundo, las aventuras con amigos, un descenso al inframundo y un regreso triunfante. Dentro de ese marco, cada estudiante tuvo margen para decidir el tono, la voz narradora y las variaciones que introduciría.
“Hubo quienes lo hicieron con humor, otros con matices maravillosos románticos, otros quisieron mantener el registro campero, otros potenciaron el tono épico”, cuenta Pionetti. Después hubo una puesta en común, sugerencias y sucesivas revisiones hasta llegar a las versiones finales.

“Héroes criollos y viceversa” es reversible: de un lado están los cuentos y del otro, las fotonovelas.
El paso siguiente fue convertir los cuentos en fotonovelas. En esta etapa, los estudiantes trabajaron junto con la profesora Carolina Comba. Organizados en grupos, eligieron un cuento y decidieron qué momentos de la historia podían convertirse en imágenes. Tuvieron que armar secuencias, tomar fotografías y precisar las instrucciones para que una herramienta de inteligencia artificial reinventara las escenas con fondos propios de los cuentos maravillosos. El libro reúne las dos etapas: de un lado están las reversiones literarias; del otro, las fotonovelas. Por eso la propuesta es “vicevérsica”: para entrar en la lectura, basta con girar el volumen y elegir por dónde empezar.
Una comunidad de maestros al rescate del cuento argentino
La participación de Juan Martín Tapia no se limitó a la visita que dio origen al proyecto. Volvió a la escuela en 2024 con cuentos de animales, “El príncipe fiera” –conocido también como “La bella y la bestia”–, “Anselmo y Maclovia” y “El hijo del diablo”. En 2026 regresó con la historia de Nieves y Santos. Cada encuentro reforzó el vínculo de los estudiantes con la narración y amplió el repertorio de relatos que podían leer y recrear.
“Sus versiones son cautivantes, tienen de todo y cada vez que lo escuchamos, en la escuela se detiene el tiempo”, comparte la profesora acerca del rol “clave” de Juan Tapia.
Después de las narraciones, comparte la docente, los estudiantes leen, analizan, escriben y conversan. También se animan a compartir historias familiares y anécdotas del barrio, o relatos que escucharon de sus abuelos. “Se despierta, de alguna manera, la memoria popular”, confiesa.
“Hace varios años Juan viene reivindicando el legado de Berta a través de sus presentaciones en escuelas, de sus espectáculos en teatros y cursos, y en sus propias reversiones escritas en ‘Maravilla criolla’, que también recomiendo leer y llevar a la escuela. En varios lugares esa semilla prendió y se está esparciendo. Chapa es uno”, describe.
Las narradoras de Bahía Blanca también “hacen un gran trabajo en la biblioteca y en la escuela” y “tenemos colegas en Junín, en Rosario, en CABA y en Mar del Plata que están contando y haciendo circular los cuentos populares de nuestro país. Varios nos hemos reunido en lo que nos gusta llamar, en claro homenaje, la Comarca (Comunidad Organizada de Maestros y Artistas por la Recuperación del Cuento Argentino) y esperamos seguir sumando paisanos”, se entusiasma la profesora.
La educación sobre el folklore es un derecho
Pionetti señala que el libro se empezó a imaginar en 2025 y que su desarrollo coincidió con los objetivos de Generación Folklore, un programa de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense que busca fortalecer las identidades culturales desde una perspectiva democrática, participativa, intercultural e intergeneracional. La iniciativa promueve que las nuevas generaciones conozcan las tradiciones, pero también que puedan recrearlas y expresarlas desde una mirada contemporánea.
“En un contexto que tiende a la homogeneización del pensamiento, conocer la amplísima variedad de historias, melodías, aromas y sabores que circulaban en estas tierras es mantener viva nuestra savia popular”.
La docente aclara que el trabajo de la escuela venía desarrollándose desde antes de que se conociera el programa. Por eso, la propuesta provincial fue recibida como una oportunidad para enmarcar lo que ya estaban haciendo y proyectarlo hacia nuevas experiencias.

Jóvenes de quinto año de la EES Nº 83 con las fotonovelas creadas por ellos mismos.
“Es fundamental llevar el folklore a las escuelas en todas sus manifestaciones. Ahí encontramos, mejor que en cualquier otro lado, las múltiples formas de ver quiénes somos y de dónde venimos. Nuestra inevitable y maravillosa multiplicidad. En un contexto que tiende cada vez más a la mega homogeneización del pensamiento, de los gustos y las tendencias determinadas por las redes y el streaming, que los chicos puedan conocer la amplísima variedad de historias, melodías, tonos, aromas y sabores que circulaban en estas tierras es, de alguna manera, mantener vivo el tesoro de nuestra imaginación y nuestra savia popular”, sostiene Pionetti.
La docente también recupera la Ley 27.535, promulgada en 2019, que establece que todos los estudiantes tienen derecho a recibir educación sobre el folklore, como bien cultural nacional, en los establecimientos educativos. Pionetti vincula ese marco legal con las reflexiones que Vidal de Battini “sintetizaba hermosamente en 1980 al afirmar que ‘A los ya consagrados derechos del niño debe agregarse otro: el derecho a oír narrar los cuentos populares de su país, que lo unen entrañablemente a su tierra y lo hermanan espiritualmente con los niños del mundo’. Es una cuestión de identidad, de derechos, de cultura. Nos sobran los motivos para alentar su difusión en nuestras escuelas”.
Una propuesta para replicar en otras escuelas
“Los cuentos ofrecen mil posibilidades de recreación”, dice la profesora cuando se le pregunta qué aspectos del proyecto podrían retomarse en otras escuelas.
De hecho, Pionetti cuenta que antes de las fotonovelas, en 2024 el grupo publicó “Lenguas de Chapa”, una compilación de leyendas ilustradas acompañadas por figuritas. El año pasado, la serie de “Héroes criollos” tomó la forma de pequeños libros individuales con mapas y postales. Además, con estudiantes de cuarto año y la profesora de Arte, realizaron un mazo de cartas inspirado en los juegos de personajes coleccionables, protagonizado por figuras de leyendas argentinas y latinoamericanas. Estas producciones muestran que el trabajo con los cuentos populares no tiene que desembocar siempre en un libro. También puede trabajarse a través de producciones orales en vivo o grabadas, rondas de cuentos, mateadas, juegos o fanzines.
La docente recomienda a otros colegas “armar rondas, leer varios cuentos y/o leyendas, varias versiones de cada uno, de cada serie y seleccionar de acuerdo con el grupo y con lo que a cada profe le resuene en su interior, además de lo que requiera el diseño curricular. Hay para todos los años y cosmovisiones. Sugiero narrarles lo más posible y tomar esos relatos como disparadores para conversar, para imaginar, para compartir experiencias y anécdotas”.
Para nutrir las clases, también invita a “escuchar versiones de Juan Tapia (en su canal de Youtube Lengua Viva o en su Instagram @oidolector) y de otros narradores aunque sea de otros cuentos; armar itinerarios y secuencias de oralidad, lectura y escritura sostenidas con los cuentos de Berta tomados de su compilación o los recreados en ‘Maravilla criolla’; atender al ‘timing’ del grupo, a qué responden más y mejor, qué los motiva más”. Al mismo tiempo, recomienda asociarse con colegas porque son cuentos que promueven la interdisciplinariedad. “Resulte lo que resulte, si pueden hacer algo de todo esto, lo que surja, será ganancia”, concluye la docente.
La voz de los estudiantes
La experiencia también dejó una marca en los estudiantes. Uno de los jóvenes, Bricio, dijo: “Para mí, participar en este proyecto fue algo increíble y único, porque la presentación del libro y el cuento en general dejan una marca de lo que fue nuestro grupo y nuestra manera de crear. Al ver los cuentos, yo podría decir que llegué a sentirme orgulloso de lo bien que había quedado y feliz que salió bien”. Y también destacó “la libertad que había para hacer el cuento”.
Para Luciano, la experiencia “significó mucho porque fue el primer cuento que hice y que la profe me diga que estaba buenísimo me subió el ánimo”.
Sarah resaltó el potencial creativo del grupo: “Lo que más me llamó la atención es la imaginación que podemos tener, tanto yo como mis compañeros. Hacer saber que, sin utilizar inteligencia artificial, todavía podemos usar nuestra mente para imaginar cosas divertidas y creativas, y que no necesitamos de la IA para hacerlo, es importante también”.
Las palabras de Sarah dialogan con una de las preocupaciones que atraviesan hoy las aulas, como advierte Pionetti: “Uno de los grandes desafíos de nuestra área es, precisamente, motivar la atención en la lectura, en la escucha y en la escritura sostenida por más tiempo de lo que dura un reel o una historia, que es la vara del tiempo que las redes fomentan”.
En este escenario de falta de concentración y dificultades de comprensión lectora –como volvieron a poner en el debate público los recientes resultados de las pruebas PISA–, experiencias como la de esta escuela de Chapadmalal muestran una alternativa posible. En este caso, gracias a un proyecto que le devolvió a los jóvenes el derecho a escuchar, leer y reelaborar los relatos de nuestra tierra. Un claro testimonio de que el folklore no es cosa del pasado, sino una cultura viva que también puede resonar en la voz de las nuevas generaciones.
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