Por Daniela Tomé
Para sorpresa de todos, el fundador de WikiLeaks regresó a las red social X este jueves. Lo hizo con un escueto pero contundente mensaje: “He vuelto”, a través de su cuenta @JulianAssange; marcando así su reaparición en el debate público digital tras un silencio de 25 meses, posterior a su repentina liberación de la prisión de Belmarsh, después de 14 largos años de encierro.
El periodismo no es crimen
Las condiciones de aquella liberación, en junio de 2024, no fueron las mejores para el periodista, quien se mantuvo alejado del ojo público, limitado por procesos judiciales, restricciones de movimiento y un prolongado silencio en redes sociales.
El caso expuso las acciones criminales del gobierno estadounidense y la complicidad de Suecia e Inglaterra para mantenerlo en un encierro prolongado; Assange fue acusado por publicar la verdad.
Este retorno hoy tiene lugar en un contexto mundial crítico, donde la devastación de la guerra amenaza con expandirse sin límites, el genocidio avanza más allá de las fronteras palestinas y existe una sórdida situación “política” en todas las latitudes. A ello se suma la creciente preocupación global por el rumbo de la Inteligencia Artificial, con un debate cada vez más intenso en torno a la regulación, la transparencia algorítmica y la responsabilidad de las grandes corporaciones tecnológicas.
La reaparición de Assange en X reaviva el interés por temas como la libertad de información, la vigilancia masiva y el poder de las plataformas digitales en la formación de la opinión pública. En este nuevo escenario, marcado por el aumento de la desinformación automatizada, su voz vuelve a insertarse en un ecosistema radicalmente transformado.
Durante sus años de cautiverio en Inglaterra una enorme lucha por su libertad se fue dando en todo el mundo; periodistas, figuras de la política, organismos de derechos humanos y distintas agrupaciones de activistas llevaron su palabra y su verdad como bandera. Todo este gran movimiento que ahora mismo festeja este regreso representa la fuerza colectiva de quienes se niegan a aceptar la injusticia como destino inevitable.
La movilización internacional, las campañas en redes, las conferencias de prensa y las acciones legales coordinadas demostraron que la solidaridad no conoce fronteras. Hoy, el regreso de Assange se vive como una victoria compartida y un símbolo de resistencia en estos días deshumanizados.
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