CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Cultura 17 de octubre de 2017

Khadra: “El mundo de hoy está enfermo y debemos contar lo que nos maravilla”

En "Dios no vive en La Habana", el escritor argelino adentra al lector en el país de los contrastes y los sueños sin cumplir, para hacer un canto a los destinos contrariados por la fortuna.

por Javier García

FRANKFURT, Alemania.- Yasmina Khadra, seudónimo femenino del autor argelino Mohammed Moulessehoul, considera que el mundo de hoy está “totalmente enfermo” y los espíritus de la gente “traumatizados” por lo que su trabajo debe enfocarse en lo que “nos maravilla” y puede conferir todavía esperanza en el ser humano.

En una entrevista con la agencia EFE en la Feria del Libro de Frankfurt, donde presenta su última novela, “Dios no vive en La Habana”, que acaba de publicarse en español, Khadra explicó que esa fue la razón que le llevó a elegir la isla caribeña como escenario de su nueva obra, al descubrir en el pueblo cubano “una magnífica lección de vida”.

El escritor visitó Cuba con motivo del rodaje de un guion suyo para una película y se encontró con “un pueblo con una fuerza de carácter inmensa, que sufre desde hace más de medio siglo, pero que nunca ha bajado los brazos”.

“Un pueblo que, en el país de las prohibiciones, me maravilló por cómo se reinventa cada día a través de la música o la pintura y, me dije, dios mío, tengo que rendirle homenaje”, afirmó.

Yasmina Khadra (jazmín verde en árabe) es el seudónimo que en 1989 adoptó el excomandante del Ejército argelino Mohammed Moulessehoul, cuyas obras se han traducido a más de 40 idiomas.

En “Dios no vive en La Habana” no quiso centrarse en lo político, sino en la música, “ahí donde la esencia cubana continúa batiéndose”, y por eso eligió como protagonista principal de la trama a un cantante de cabaré de casi sesenta años, que se queda sin empleo tras la privatización del local donde actúa.

“El mundo de hoy está totalmente enfermo, se ha vuelto paranoico, solo se escuchan horrores y las cosas más inmundas y atroces son destacadas por todos los medios y las televisiones de tal manera que han traumatizado al pueblo”, asegura el argelino.

A su juicio, la mejor manera de sobreponerse a ese “traumatismo” es volverse “hacia lo que es bueno, nos encanta y nos maravilla, lo que nos da todavía esperanza en el ser humano”.

Kahdra dice que podría dedicarse a escribir novelas “requisitorias” como hizo hace 20 años con “Los corderos del Señor” (1998) o “Lo que sueñan los lobos” (1999) en las que relataba las trágicas consecuencias del terrorismo en Argelia, que él mismo combatió.

“En esa época era importante porque quería alertar a la opinión mundial sobre lo que pasaba, pero entonces Occidente creía que era solo un problema musulmán, de países tercermundistas”, advirtió.

Pero entonces los políticos “dejaron hacer” y no pararon “a ese monstruo en su huevo de Argelia” lo que, a su juicio, se hizo conscientemente porque para la política “la paz es un paro técnico”.

“Los políticos tienen necesidad constantemente de guerras para dinamizar la economía, pero ellos no envían jamás a sus hijos a la guerra, son los pueblos los que lo hacen y son ellos quienes deben decir basta”, recalca.

En su opinión, los políticos eran antes “gente sabia” pero actualmente no son más que “agentes comerciales” al servicio del poder financiero y cita al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “un rico arrogante, que hace lo que quiere”.

Sin embargo, cree que “todavía se puede salvar” a un mundo que “ha perdido los puntos de referencia” si se recuerda, incluso a los terroristas, su “parte humana, que no está muerta”.

“Decirles tu puedes aún amar, soñar, casarte y tener amigos en todas partes ya sean cristianos, judíos o lo que sea”, resalta.

“Cuando uno detesta a alguien, todo lo de esa persona es malo y, sin embargo, hay seguramente cosas bellas en lo que hace”, indica.

Por el contrario, “cuando uno ama ve todo, las cualidades y los defectos e incluso puede perdonar estos últimos”, aunque advierte que es “el miedo tan extendido” en la sociedad actual el que anula esa capacidad.

En ese sentido, considera que su deber como escritor es “apaciguar los espíritus” y “hacer comprender que el mal actual no es irremediable” sino que “nace de una coyuntura y puede ser remediado por otra”, además de que “hay todavía lugar para el amor y la fraternidad, tan vital para el hombre como el aire”.

EFE.