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Gastronomía 11 de marzo de 2016

La creatividad de Ferrán Adrià, expuesta ante el público argentino

El prestigioso chef catalán llegó a Buenos Aires con la muestra sobre el mítico restaurante El Bulli. Se puede visitar en el Espacio Fundación Telefónica de Buenos Aires.

Con la misma destreza con la que hizo desaparecer raviolis o surgir brotes verdes del “deshielo” de platos en El Bulli, el alquimista Ferràn Adrià transforma ahora la comida en conocimiento en su exposición “Auditando el proceso creativo”, inaugurada en el Espacio Fundación Telefónica de Buenos Aires (Arenales 1540).
El prestigioso chef español desvela en la muestra, presentada en rueda de prensa, la receta creativa que llevó a El Bulli a lograr tres estrellas Michelín y ser declarado cinco veces como el mejor restaurante del mundo.
Entre los ingredientes: libertad, riesgo, tiempo, trabajo en equipo y orden.
Adrià dice desconocer cómo surgen las ideas, ese Big Bang inicial, y admite que no todo el mundo tiene la misma capacidad para crear, pero sí que está convencido que la creatividad se puede “entrenar y ejercer”.
“(Los argentinos) tenéis buenos productos” y “tenéis lo más difícil, que son las personas”, afirma al hablar de la “cantera de miles y miles de chicos” que han regresado a Argentina tras haber trabajado en restaurantes españoles.
“A partir de aquí tenéis que descubrir qué es lo argentino, que tiene Argentina en gastronomía”, agrega.
Adrià señala que El Bulli no hubiese logrado alcanzar la cima mundial “sin la libertad absoluta” que le concedió su socio, el empresario Juli Soler, desde 1987.
Tampoco, opina, sin asumir riesgos y sin el equipo del que se rodeó, en especial su hermano Albert y el que fue su mano derecha durante más de una década, Oriol Castro.
Como ejemplo, cita la diferencia de rendimiento del futbolista argentino Lionel Messi, a quien define como “el mejor del fútbol contemporáneo y probablemente de la historia”, cuando juega en el Barcelona y en la selección argentina.
“Por muy bueno que seas, si no tienes a Xavi (Hernández) y a (Andrés) Iniesta…”, deja en el aire durante un recorrido por la muestra.
Además de los genios creativos que lo acompañaron en la cocina, Adrià subraya la importancia de haber trabajado con profesionales de otros campos, como el diseño, la ciencia, el arte o la arquitectura, entre otros.
“Cambiamos la historia de la relación de diseño – cocina porque teníamos diseñadores en nuestro equipo creativo. Y hoy ya es impensable en un restaurante de vanguardia que una gran parte de su vajilla no esté diseñada conjuntamente”, señala el cocinero.
En la exposición, que podrá verse hasta el 4 de julio en la Fundación Telefónica, se exhiben fotografías de su vajilla orgánica, con platos servidos sobre una amplia variedad de hojas y troncos.
De la ciencia también rescató muchas cosas, explica, entre ellas la aplicación del método científico, la importancia del orden, de la documentación exhaustiva y la necesidad permanente de formación.
“Yo siempre digo que estoy aprendiendo”, señala.
Una de sus fuentes permanentes de inspiración ha sido Japón, el país en el que asegura que ha pasado más tiempo que en España en los últimos años.
“Si vas a Japón verás la poesía en gastronomía. Nosotros somos bárbaros, los occidentales”, dice con admiración.
Para investigar distintas cocinas, productos y técnicas culinarias se necesita mucho tiempo, sostiene Adrià, quien dedicó gran parte de los seis meses al año a crear nuevos platos para la carta de la siguiente temporada.
En total, cuando en 2011 el Bulli cerró la persiana, en su catálogo figuraban 1.846 platos.
Casi cinco años después, el prestigioso chef tiene en marcha numerosos proyectos, como elBulliLab, dedicado a decodificar el proceso creativo, y elBulli1846, que abrirá sus puertas a finales de este año en Cala Montjoi, esa alejada playa de la Costa Brava donde Adrià fraguó la revolución culinaria española.
“Lo único que me interesa ahora es pasarlo bien, ser feliz”, concluye.

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