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Cultura 29 de marzo de 2020

La entrevista como mensaje postrero

por Alfredo Valenzuela

SEVILLA, España.- Rulfo, Fuentes, Arreola, Pacheco y Siqueiros fueron algunos de los escritores y artistas que José Luis Merino entrevistó en México entre 1970 y 1971 para componer un friso de la cultura mexicana, un retrato de la cultura contemporánea que ahora se publica con el título de “Una botella al mar“.

Galerista, crítico, librero, agitador cultural, hombre inquieto y curioso, José Luis Merino (Bilbao, 1931) llegó a México como responsable de una muestra vasca de pintura y escultura contemporánea en 1970, pero se quedó hasta 1971 y aprovechó para entrevistarse con los grandes escritores y artistas del momento con idea de publicarlas posteriormente en un libro, lo que ahora ha hecho en España la editorial Fondo de Cultura Económica.

Estas diecinueve conversaciones se dividen en tres grupos, las de los escritores, en el que también están Carlos Pellicer, Agustín Yáñez o Salvador Elizondo; la de los artistas plásticos, con José Luis Cuevas y Brian Nissen, entre otros, y finalmente con el cineasta Felipe Cazals y el músico Manuel Enríquez.

Retratos intelectuales

Las entrevistas pretendían ser también “retratos” intelectuales que plasmaran no solo las opiniones sino también el carácter de los entrevistados, como revela la respuesta de Siqueiros a la pregunta que Moreno le hizo sobre el arte contemporáneo: “El arte moderno se ha convertido en el ‘croquis’. Un hombre de genio extraordinario como Picasso, en sus últimos años está dedicado exclusivamente a las ‘notas’, al ‘croquis’ en la pintura. Son ‘croquis’ geniales, de acuerdo; pero que sólo sirven para enriquecer al mercader que los posee”.

También hay muestras de sinceridad, como la que da Juan Rulfo a una pregunta sobre el ‘boom’ de la literatura latinoamericana: “Creo que esto del ‘boom’, del auge de la literatura latinoamericana, tal vez se deba a una publicidad llevada por las casas editoriales (…). De todos modos, como ha dicho alguno, la publicidad es muy importante, y más que nada para las editoriales”.

libro una botella al mar

El “boom”

O la respuesta más contundente que, sobre el mismo asunto, le da Carlos Fuentes: “Yo rechazo por completo esa nomenclatura famosa del ‘boom’, que parece la onomatopeya del descubrimiento de un pozo petrolero, o algo así; da una idea entre industrial y deportiva de la literatura”.

Más adelante, Fuentes ofrece una definición de lo que debe ser una revolución, en respuesta a una pregunta sobre Borges, del que afirma que “es un gran revolucionario del lenguaje español, mucho más que algunos marxistas que siguen escribiendo como zolás de huarache. Frente a los lenguajes falsos que han sido la norma latinoamericana, escribir como Borges es un hecho revolucionario”.

De la visión crítica de estos creadores sirve como ejemplo esta opinión del cineasta Felipe Cazals: “El cine desde sus primeros albores fue considerado como un descubrimiento un tanto alarmante. El cine podía ofrecer dos posibilidades: una mera diversión y por otro lado ser utilizado, ser vehículo de una serie de imágenes que condiciona a quien las ve (…). Éste es el gran vicio del cine internacional: se utiliza como una adormidera, sabiendo que su función es otra”.

Fosilización musical

El músico Manuel Enríquez pereció adelantar el futuro al describir su presente: “Creo que el futuro de las grandes orquestas y conjuntos es bastante incierto, por no decir malo; no existe en el mundo una organización sinfónica que no tenga déficit económico, y cuyo éxito de público sea cien por ciento. La causa, creo yo, es la fosilización de las mismas, que casi están convertidas en piezas de museo”.

Y Juan José Arreola, es sus respuestas, fue capaz de teñir de ternura la crítica:  “Yo veo de tal manera la estupidez y la barbarie manifestadas en nuestra civilización, incluso las veo cada vez más horribles, porque se sirven de los grandes recursos de la técnica y la ciencia puestos a su disposición. Para mí todas estas cosas de la radio, la televisión y la ciencia puestos a su disposición son los magnavoces de la estupidez; y me resulta horrible oír hablar a un tonto al que oyen millones de personas, cuando al tonto de mi pueblo lo oíamos, no más, dos o tres”.

EFE