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La Ciudad 24 de mayo de 2026

La epopeya del hidroavión Plus Ultra y la explosión de algarabía de Mar del Plata

Este año se celebran los 100 años del raid aéreo del Plus Ultra, la nave española comandada por Ramón Franco que unió el Puerto de Palos con Buenos Aires. Mar del Plata y un recibimiento multitudinario.

Por Fernando del Rio (*)

El aire caliente de enero de 1926 no era un aire cualquiera en las redacciones de los diarios. Se sentía la omnipresente densidad de la historia construyéndose para la posteridad. Desde los talleres de LA CAPITAL, las linotipias trabajaban fatigosas para dar cuenta de una hazaña que, en palabras de la época, no era solo un triunfo de la mecánica, sino un “monumento simbolico de la aviación toda”. El hidravión Plus Ultra, comandado por Ramón Franco, se proponía desandar el camino de Colón, uniendo el Puerto de Palos, en España, con la Argentina.

Todo comenzó en la mañana del 22 de enero. El puerto de Palos de Moguer, aquel rincón andaluz que vio partir las carabelas en 1492, se convirtió nuevamente en el epicentro de la gloria. El comandante Franco era el hermano menor de quien, una década después, se convertiría en el “Generalísmo” Francisco Franco. Los otros miembros de la tripulación del Plus Ultra eran el capitán Julio Ruiz de Alda (encargado de la navegación astronómica y segundo piloto), el teniente de navío Juan Manuel Durán (a cargo de las comunicaciones) y el mecánico Pablo Rada. Los cuatro ascendieron a su Dornier Wall entre las aclamaciones de una multitud que se agolpaba cerca del convento de la Rábida.

 Ramón Franco, el comandante del Plus Ultra.

Ramón Franco, el comandante del Plus Ultra.

A las 8 de la mañana, los motores Napier-Lyon se oyeron en el puerto y el hidroavión puso rumbo a las islas Canarias. Aquella primera etapa de 1.315 kilómetros fue cubierta en apenas ocho horas, acuatizando en Las Palmas con una precisión matemática que dejó al mundo estupefacto. “Franco cumplió con éxito la primera etapa”, titulaban las crónicas, mientras en Buenos Aires la expectativa crecía hasta volverse casi insoportable.
En los días siguientes, Mar del Plata comenzaba a prepararse como una ciudad anfitriona, ya no como parte misma de la travesía, sino como receptora de los agasajos.

El gran lienzo azul

El verdadero reto aguardaba más allá de las costas africanas, sobre el colosal lienzo azul del Atlántico. Tras una escala en Porto Praia, en las islas de Cabo Verde, el Plus Ultra se preparó para el salto más arriesgado: la travesía del océano hacia Fernando de Noronha. Eran 2.755 kilómetros de soledad absoluta sobre las aguas, un vuelo que impondría a los pilotos un esfuerzo sobrehumano.

Por primera vez, se aplicó a la aviación el radiogoniómetro, un aparato receptor que permitía a los aviadores orientarse mediante ondas electromagnéticas, asegurando un rumbo fijo en la inmensidad del mar.

El 30 de enero, a las 6.10 de la mañana, el Plus Ultra se perdió en el horizonte atlántico. Fueron catorce horas y media de incertidumbre hasta que la noticia llegó como un relámpago: el hidravión había acuatizado con felicidad en Fernando de Noronha. La barrera del océano había sido vencida. “La ciencia unida al arrojo del hombre”, celebraba la prensa, reconociendo en Franco al “recio muchacho de la dulce mirada con alma de titán”.

El descenso por las costas brasileñas –en Pernambuco, Río de Janeiro– fue una procesión triumfal. El 10 de febrero, tras una breve escala en Montevideo, el Plus Ultra asomó su silueta sobre el Río de la Plata.

A las 12.50 horas, el hidravión tocó el agua en la Dársena Norte de Buenos Aires. Lo que siguió fue un delirio colectivo que las crónicas de la época apenas alcanzaban a describir. Una multitud incalculable rompió los cordones de seguridad para vitorear a los héroes que, exhaustos pero radiantes, pisaban suelo argentino. Los “cuatro héroes” se convirtieron en el tema único de conversación en los cafés, en las redacciones y en cada hogar del país. Difícil es dimensionar hoy, un siglo después, el fervor que despertó semejante proeza.

Los marplatenses, tras recibir en la escollera Norte al buque Alsedo, suben por la barranca hacia el golf.

Los marplatenses, tras recibir en la escollera Norte al buque Alsedo, suben por la barranca hacia el golf.

El desembarco triunfal
en Mar del Plata

Mientras Buenos Aires se rendía a los pies de los aviadores, en Mar del Plata el entusiasmo no era menor. Desde el inicio del raid, la colectividad española local y las fuerzas vivas del balneario habían organizado comisiones para agasajar a los navegantes. La expectativa alcanzó su punto álgido cuando se confirmó que, tras los homenajes oficiales en Buenos Aires, los héroes visitarían el entonces balneario aristocrático.

Sin embargo, el destino quiso que la llegada a Mar del Plata tuviera un matiz distinto al planificado. Aunque inicialmente se anunció que Franco se trasladaría en un hidroavión Vickers de la Armada, las autoridades dispusieron finalmente un despliegue por agua y tierra.

La tarde del sábado 20 de febrero quedó grabada en la memoria marplatense. Cerca de las 16.30, el destructor español Alsedo asomó su proa en el puerto local. A bordo viajaban el comandante Franco y el teniente Durán. Una multitud se agolpó en la Escollera Norte y se convirtió en un mar de pañuelos y gritos de “¡Viva España!” y “¡Viva Argentina!”. Los aviadores, declarados Huéspedes de Honor, fueron recibidos con honores militares mientras las sirenas de los barcos musicalizaban el momento.

Los dos tripulantes fueron agasajados en el Golf Club, luego se fueron a Chapadmalal, regresaron para saludar al gobernador José Luis Cantilo en su residencia y tuvieron el acierto de aceptar ir a la Rambla Bristol: nuevamente una muchedumbre les dio respeto y cariño.

A esas horas, la atención se trasladó a la estación Norte. En el “tren rápido” proveniente de Buenos Aires, arribaba el capitán Julio Ruiz de Alda. El recibimiento fue igualmente apoteósico y Ruiz de Alda se unió a sus compañeros poco después. Cabe destacar que el mecánico Pablo Rada no pudo formar parte de esta comitiva, permaneciendo en Buenos Aires custodiando al Plus Ultra.

La estancia en Mar del Plata fue una sucesión de homenajes –en el Royal Hotel, en el Club Mar del Plata, en el Pueyrredon– que la sociedad marplatense brindó con una generosidad desbordante.

El Plus Ultra se conserva en el Complejo Museográfico de Luján.

El Plus Ultra se conserva en el Complejo Museográfico de Luján.

 

El regalo del hidroavión

Mientras la tripulación disfrutaba de Mar del Plata, se confirmó oficialmente una noticia que, en un principio, causó sorpresa, tal vez algo de desilusión, pero que luego fue asimilada como un acto de hermandad. Si bien los rumores ya circulaban desde hacía un par de días, fue en Mar del Plata que se conoció la carta oficial del Rey Alfonso XIII ordenando que el raid del Plus Ultra se diera por finalizado y que el hidroavión quedara en Argentina.

Quiso el destino que Mar del Plata fuera un sitio de importancia crucial en la historia del Plus Ultra. Acaso como una coincidencia del destino, la proeza se completó un 10 de febrero, fecha de la fundación de la ciudad, y que fuera aquí en donde se confirmara que el hidroavión permaneciera para siempre en estas tierras.

En la actualidad, el avión original -hay dos réplicas, una en España y otra en Alemania- puede ser observado en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en la ciudad de Luján.

(*): Los textos y registros del archivo de LA CAPITAL utilizados para esta nota fueron procesados y clasificados mediante la herramienta de inteligencia artificial NotebookLM, bajo la exclusiva escritura y edición periodística de su autor.