La Guardia del Mar, un emblema que la Municipalidad deja a la deriva
La histórica agrupación, que desde hace 57 años representa a Mar del Plata dentro y fuera del país, atraviesa una delicada situación económica por la falta de pago de los subsidios municipales. Le adeudan siete meses y no se descarta que el conflicto termine en la Justicia.
Hay instituciones que forman parte de la identidad de una ciudad. Que trascienden gobiernos, administraciones y diferencias políticas. Que representan mucho más que una actividad artística o cultural porque, con el paso de las décadas, se convierten en verdaderos símbolos de pertenencia. La Guardia Nacional del Mar es, sin ninguna duda, una de ellas.
Por eso resulta difícil de comprender que una agrupación que lleva 57 años representando a Mar del Plata, participando de acontecimientos oficiales, celebraciones y encuentros nacionales e internacionales, deba enfrentar serias dificultades económicas por la falta de cumplimiento de los compromisos asumidos por la propia Municipalidad.
La situación es preocupante. El municipio, a través del área de Turismo, acumula siete meses de atraso en el pago del subsidio mensual destinado a sostener el funcionamiento de la Guardia del Mar. La deuda comprende los períodos de abril a octubre de este año y se suma a una sucesión de demoras que vienen complicando las finanzas de la institución.
Los antecedentes permiten dimensionar el problema. Los subsidios correspondientes a enero y febrero recién fueron abonados el 21 de mayo, mientras que el pago de marzo llegó el 3 de septiembre. Desde entonces, de acuerdo con la información conocida, no se registraron nuevas cancelaciones.
No se trata de un simple inconveniente administrativo. Detrás de esos fondos existe una estructura que debe sostener ensayos, vestuario, equipamiento, traslados y numerosas actividades que hacen posible que la Guardia continúe mostrando la calidad artística que la distingue desde hace décadas.
Lo llamativo es que, pese a las dificultades económicas, la agrupación ha seguido cumpliendo con sus compromisos y presentaciones, incluso aquellas solicitadas desde el propio ámbito municipal. Es decir, la Guardia del Mar continúa haciendo su parte mientras los recursos comprometidos para su funcionamiento no llegan en tiempo y forma.

La situación ha alcanzado tal nivel de preocupación que, junto con la Asociación Amigos de la Guardia del Mar, se analiza la posibilidad de impulsar acciones legales para reclamar la regularización de los pagos.
Sería, por cierto, una situación tan insólita como lamentable: que una de las instituciones más representativas de Mar del Plata deba recurrir a la Justicia para conseguir que la Municipalidad cumpla con sus obligaciones.
Un símbolo que merece otro trato
La Guardia Nacional del Mar nació en 1969, por iniciativa de la entonces Dirección Municipal de Turismo. Fueron Norma y Luis Magrini quienes dieron forma a un proyecto que terminó convirtiéndose en uno de los grandes emblemas de la ciudad.
Desde entonces, generaciones de jóvenes participaron de sus actividades, llevando el nombre de Mar del Plata a innumerables escenarios y construyendo una tradición que pocas ciudades argentinas pueden exhibir.
Su trayectoria recibió este mismo año un reconocimiento particularmente significativo: el 4 de septiembre fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Partido de General Pueyrredon. Una distinción que pone de manifiesto su importancia histórica y cultural.
Sin embargo, ese reconocimiento contrasta con las dificultades que enfrenta para sostener su actividad cotidiana. Porque declarar patrimonio cultural a una institución es importante, pero acompañarla con hechos concretos resulta indispensable. Los homenajes, las distinciones y los discursos pierden buena parte de su sentido cuando no están respaldados por decisiones que permitan preservar aquello que se pretende reconocer.
En una ciudad que vive del turismo y que permanentemente busca fortalecer su identidad, resulta contradicción que uno de sus representantes más tradicionales deba afrontar semejante incertidumbre.

La Guardia del Mar no es una agrupación más. Es parte de la historia de Mar del Plata, una verdadera embajadora de la ciudad y un espacio de formación por el que han pasado generaciones de marplatenses.
Una institución de semejante trayectoria no debería verse obligada a reclamar permanentemente los recursos necesarios para continuar funcionando. Mucho menos tener que evaluar una presentación judicial para obtenerlos.
La responsabilidad de encontrar una solución corresponde a las autoridades municipales, que deberían garantizar la regularidad de los compromisos asumidos y evitar que una entidad de semejante valor cultural termine pagando las consecuencias de las dificultades administrativas o financieras del Estado.
Después de casi seis décadas llevando el nombre de Mar del Plata con orgullo, la Guardia del Mar merece bastante más que reconocimientos protocolares y promesas de pago. Merece, sencillamente, que la ciudad a la que representa también esté a la altura de su historia.
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