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Leo Damario: “El cine tiene que expandir sus fronteras financieras y narrativas”

El realizador marplatense hablará, en el Festival de Cine. del "‘Hyper Cinema’, el cine que entendió que compite con TikTok, Instagram, con la notificación. Y deja de fingir solemnidad y decide jugar con las mismas armas: vértigo, exceso, belleza inmediata y una honestidad brutal sobre su artificio".

Arte y Espectáculos 3 de noviembre de 2026

El marplatense Leo Damario, realizador audiovisual con trayectoria en largometrajes, series, videoclips y publicidades, plasmará su mirada en el 41° Festival Internacional de Cine que comienza este jueves.

El director formará parte del anuncio de los ganadores de los premios Cóndor de Plata, que se llevará a cabo el martes 10 de noviembre, a las 14, en Chauvin y en el mismo espacio, a las 16, dará la charla “Nuevas formas de producción”, junto al productor Agustín Pallares. Esta actividad especial del Festival, estará estructurada a partir del ejemplo de “Solo fanáticos”, la película que estrenó este año y que también formará parte de la programación, en día y horario a definir próximamente.

Damario adelantó que en ese marco entregará un reconocimiento al realizador marplatense Miguel Monforte, su primer docente de cine.

El artista se mueve con pasión por el mundo del séptimo arte con una visión disruptiva, no exenta de polémica porque, desde su esencia busca movilizar, provocar.

El autor de Olympia, Palmera, Victoria, Resentimental, entre otras, profundizará sobre sus ideas sobre cine en este espacio abierto y gratuito que ofrece el festival, pero antes, adelantó algunos conceptos en una charla con LA CAPITAL.

—¿Cómo surgió dar la charla “Nuevas formas de producción”?

—Fui parte de su gestación junto a Diego Marambio. Se me ocurrió el título a cuentas de este momento bisagra a nivel global. Me crié como espectador del nuevo cine argentino, pero casi treinta años después de Lucrecia Martel, Batman o mi amigo Adrián Caetano no hubo un recambio audiovisual fuerte, salvo casos aislados como el de Luis Ortega o el mío. Me interesa hablar de las condiciones reales de producción. De cómo filmar hoy, en este siglo y en esta Argentina.

—¿Cuáles?

—Durante mucho tiempo nos acostumbramos a pensar que el cine se hace de una sola manera o bajo un solo molde. Yo creo firmemente en la coexistencia. Está muy bien que sigan existiendo las vías tradicionales de fomento y el contexto institucional, pero es urgente comprender que el cine tiene que expandir sus fronteras financieras y narrativas. Argentina es un país con una riquísima tradición literaria y dramatúrgica, donde el éxito históricamente se ha medido por el “borderó”. Sin embargo, el cine tiene múltiples funcionalidades: es una obra de arte, sí, pero también es una vitrina cultural, un vehículo estético, e incluso un conector de marcas y estilos de vida. Pretender que cada proyecto cinematográfico dependa exclusivamente de los resultados de boletería es limitar las posibilidades del lenguaje. A lo largo de mi trayectoria he filmado bajo esquemas totalmente heterogéneos: con el Incaa y off-Incaa; con sellos editoriales de música; con productoras publicitarias; con mecenas privados; con empresas nacionales y multinacionales; para plataformas y sin plataformas. Cuando hicimos “Bohemia”, por ejemplo, exploramos cómo el cine de autor puede hibridarse con la industria de la música y el mecenazgo privado para construir una pieza estética sin perder libertad. A nivel internacional vemos fenómenos donde grandes producciones —como la reciente película sobre la Fórmula 1— integran marcas globales no como un chivo publicitario, sino como el tejido mismo que construye la verosimilitud de la historia y financia la magnitud de la obra.

“Transmedia e Hyper cinema”

—¿Por qué decís que “Solo fanáticos” se produjo como un sistema y no como una película?

—Es un oxímoron. No hay película sin sistema. Abre la puerta a nuevas posibilidades de pensar y producir cine. Hace poco me llamaron los productores para que hagamos otra película de la misma manera. Y varios productores que quieren dirigir llamaron a mis productores para poder hacer una película bajo la lógica de “Solo fanáticos”. Una película chica, con fuerte fan base, cuatro semanas en cartel, filmada en cuatro días con elenco mega estelar acompañando, con apoyo de sectores de la hotelería premium y primeras marcas internacionales. Pero bueno, es un sistema muy aplicado a mi autoría. Cada director/autor tendría que tener su propio sistema de producción.

—¿Qué lugar ocupa el transmedia desde el inicio de un proyecto y cómo modifica la forma de contar una historia?

—A medida que se gasta se comunica. Es una creencia personal que siempre funcionó y se adelantó a los influencers. La película se gasta casi públicamente con presencia en medios y redes y se filma con espacios de una semana. El run run de “Solo fanáticos” inició hace dos años. A medida que se iba concretando. Sus redes superaron los 100 mil seguidores, en stream superó las diez mil reproducciones, cada uno de sus screenings era un evento mediático que cubrían las revistas de farándula, lanzamos hasta las botas de la película y dentro del elenco actúa la archiduquesa de Austria.

—¿Qué es el ‘Hyper Cinema’ y qué lo diferencia del cine tradicional?

—Es el cine que entendió que ya no compite con otras películas, sino con el feed, con TikTok, con Instagram, con la notificación que te vibra mientras mirás. Entonces deja de fingir solemnidad y decide jugar con las mismas armas: vértigo, exceso, belleza inmediata y una honestidad brutal sobre su artificio. Si el cine clásico quería que te olvides que estabas en una sala, el ‘Hyper Cinema’ te lo recuerda todo el tiempo. Te dice: esto es falso, esto es pop, esto es una construcción y por eso es profundamente real. Es el cine de la post-cohesión. La influencia ya no es contexto. Es el personaje central. Valida la realidad reforzando la ficción. Metimos escenas generadas con inteligencia artificial a propósito, mal, imperfectas, para que se note la costura. No para engañar, sino para incomodar. Si las redes nos alteran la percepción de lo real, el cine tiene que mostrar esa alteración. Que el espectador sienta que algo no termina de ser humano. Es un concepto que tiene sus bases en la nueva era musical de hyper pop como Charlie XCX o The Daré, de la movida de Lowe East Side, por citar un ejemplo. Su película es también maravillosa.

Estallidos que se filtran

—¿Cómo influyen las redes sociales y el consumo de videos breves en la manera de filmar?

—Hoy en el mundo de extremo capitalismo y de tecnofeudalismo y opresión digital el cine toma de estas nuevas formas de la ultra comunicación. Nuestra dopamina está rota. Vivimos en un mundo de sobre estimulación y ansiedad, en ese derrotero tan penoso que la humanidad transita hoy, el cine no filma para ser retención erótica de la butaca sino para colarse en ese mundo que llevas en el bolsillo de tu saco o pantalón. En esa pantalla tan contaminante como perversa los pequeños estallidos de arte se filtran retratando un mundo perdido.

—¿Qué obstáculos del sistema de producción tradicional te interesa romper?

—Me interesa ampliar el pensamiento. Abrir las posibilidades a las nuevas formas. Que existen. Pensar los proyectos como un 360 transmedia. Operar también con lógicas de asociaciones a marcas. Ser financiados por esos que no entienden bien lo que hago pero que les divierte.

—¿Cómo se articula esta nueva forma de producir con las salas de cine?

—Entendiendo a las salas como posicionamiento estratégico y ventana de publicidad, no como ‘break even’ o espectadores reales. El espectador real te ve en plataformas y en YouTube más.

-Como cineasta nacido en Mar del Plata ¿qué posibilidades ves para desarrollar y producir cine desde la ciudad?

-Nuestra ciudad tiene una tradición muy conservadora. Siempre estuvo muy fragmentada social y económicamente. Me pone muy triste. Porque es mucho más bella que Miami. No debería aspirar a nada más que a ser Mar del Plata. Una de las mejores ciudades del mundo. El día que los sectores más vulnerables de nuestra ciudad tenga su voz las cosas van a cambiar. De momento sigue siendo un ciudad disfrutable para pocos.