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Opinión 9 de diciembre de 2023

Liderazgo y convergencia en el nuevo ciclo político

Panorama político nacional de los últimos siete días

Por Jorge Raventos

Javier Milei asume  la presidencia de la nación argentina. Hasta el cierre de este artículo, el nuevo mandatario tenía decidido no hablar ante la Asamblea Legislativa, sino ante la multitud que se habrá hecho presente ante el Palacio del Congreso. Se alzaron voces críticas ante ese gesto, al que esos sectores no solo adjudican una ruptura con las tradiciones ceremoniales, sino que malician una preferencia íntima por las formas plebiscitarias, antes que por la democracia representativa. Pero, atención: Milei está forzado a reconstruir la autoridad de la figura presidencial, que durante la gestión de Alberto Fernández se fue vaciando de envergadura hasta virtualmente desvanecerse. Conviene observar los acontecimientos más que prejuzgar intenciones.

Lo que Milei ha ido dejando claro durante la etapa previa a su asunción formal como primer mandatario es que, sostenido en el apoyo de la opinión pública y en una votación excepcional, está dispuesto a ejercer liderazgo y a obrar con una amplitud y un pragmatismo que no se le reconocían a priori. Ha demostrado esos rasgos con las designaciones que fue produciendo, que parecen alejadas de un desprecio a la política y, sobre todo, a la idea de enclaustrarse en una facción de derecha o dar por muerto al peronismo, como le proponía Mauricio Macri a partir del llamado “Pacto de Acassuso”.

Decepciones

La búsqueda plural que va sirviéndole a Milei para construir sus equipos de gobierno permite conjeturar que el mandatario electo entrevé la necesidad de una convergencia suficientemente amplia que, sin empujarlo a renunciar a ideas y objetivos propios, le ofrezca a su gestión gobernabilidad y contribuya a perfeccionar prioridades y determinar los ritmos y formas adecuadas para su concreción. Milei ejerce un liderazgo que no parece dispuesto a compartir y sabe que su electorado propio –el que, con más esperanza que miedo se aventuró a lo desconocido y lo proyectó al balotaje y en definitiva al triunfo- en un amplísimo porcentaje se solapa con el electorado tradicional peronista. Es un signo de realismo y lucidez que disponga vasos comunicantes con ese universo.

No se observan aún diálogos más o menos públicos con sindicatos y con organizaciones sociales pero parece seguro que las reformas que eventualmente Milei pueda anunciar hoy no van a avanzar en las duras líneas de confrontación que ha venido auspiciando el ala más recalcitrante de quienes lo cortejan interesadamente. La Nación vaticina: “La reforma laboral será más light de lo planificado; no habría una poda inmediata en los planes sociales sino una puesta en marcha de una auditoría; los contratos de obra pública vigentes se mantendrían al igual que el plan Procrear, y no se tocarían las obras sociales sindicales”. El columnista cierra el decepcionado pronóstico evocando la frase que Miryam Bregman le dedicó al hoy presidente: “gatito mimoso”.

Milei mostró buena sintonía con el mundo de las empresas más competitivas; si bien no está inclinado a constituir una CEOcracia (un gobierno de gerentes criados en la incubadora de grandes firmas), pecado en el que cayó el macrismo, sí lo está en reclutar una cuota de cuadros técnicos de eficacia probada en el ámbito privado.

En la esfera de los políticos, el flamante presidente sondea en aguaas abiertas, mucho más allá de lo que le aconseja Mauricio Macri. La idea de atarse a una alianza predominante o exclusiva con la tribu que capitanea el expresidente no parece una solución práctica para Milei en vistas de ampliar decisivamente la base operativa del gobierno. El libertario tiene abierta la vía de un diálogo directo con los gobernadores y no necesita pagar peaje en la ventanilla de Macri. . El universo de los gobernadores con los que el presidente electo tiene posibilidadades de diálogo y negociación incluye a todos, también a los que son de origen peronista y a los menos encuadrados.

El nominado ministro de Interior de Milei, Guillermo Francos, ya ha comenzado a tejer con varios de ellos. Franco se ha convertido en el blanco favorito de los operadores macristas de redes (los famosos trolls) y del propio Macri, que lo define como properonista. La respuesta de Francos fue breve pero eficaz: “Macri no compró acciones de nuestro gobierno”

El primer producto de los diálogos y coincidencias con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti; ya está a la vista: de esa cantera han surgido varias designaciones: los secretarios de Energía y de Transporte, el titular de ANSES (nombramiento que desplazó de la silla en la que ya empezaba a acomodarse a la libertaria Carolina Píparo) y el nuevo titular del Banco de la Nación. La próxima secretaria de Minería será Flavia Royón, la actual titular de Energía en el equipo que acompañó a Sergio Massa. Royón es salteña y llegó a la palestra nacional sostenida por el gobernador de su provincia, Gustavo Sáenz. Esta semana, Minería dejó de pertenecer al área de Energía para pasar a depender del ministro de Economía.

Milei se entrevistó extensa y discretamente con Sergio Massa antes de asumir, pero después de ser proclamado presidente. Además de información delicada, el libertario le pidió a Massa que operara para facilitarle a la nueva administración la renovación del swap con China. Beijing puede escuchar a Massa, inclusive después de la derrota electoral, pero es probable que su palabra no alcance para sellar esa renovación. Seguramente los chinos querrán que el propio Milei concrete el pedido. Y probablemente el flamante presidente lo haga: está convencido de que su gobierno necesita una diplomacia comercialista.

Pragmatismo y liderazgo

El pragmatismo creciente de Milei emana de la comprensión paulatina del cuadro complejo que tiene por delante. Pero el pragmatismo está vinculado a la energía con la que parece dispuesto a ejercer su misión. Designaciones como la de Rodolfo Barra en la Procuración del Tesoro y las conversadas continuidades de Marco Lavagna en el INDEC, de Daniel Scioli como embajador en Brasil y las (posibles) de colaboradores de Sergio Massa en la Aduana o en la representación argentina ante el FMI comprueban la voluntad de construir con objetivos firmes y decisiones desprejuiciadas. Allí está centrando su liderazgo.

El presidente electo integró a Patricia Bullrich en Seguridad y a Luis Petri en Defensa al margen de cualquier acuerdo con Macri, que empieza a comprender aquella frase de Guillermo Francos sobre el paquete de acciones del nuevo gobierno. La UTE de Acassuso fue un pacto transitorio.

Milei incorporó a ambos como ministros de su gobierno –es decir, subordinados suyos- y su oficina lo destacó en un comunicado: ”De esta manera la fórmula completa de Juntos por el Cambio ha quedado integrada al Gobierno de La Libertad Avanza”.

La nueva adhesión política convierte a Patricia Bullrich, probablemente, en la jugadora política que más ha cambiado de camiseta en su carrera: casi una encarnación de lo que Zygmunt Bauman llamaría “política líquida”.

Transversalidades

Después de que, en su visita de hace diez días a Alberto Fernández Milei se definiera como menemista (“no como Macri, que es un poco gorila”, acotó entonces), Carlos Corach, el emblemático ministro político de Carlos Menem, lo saludó afablemente: “Si Milei dice serlo, le daríamos la bienvenida al menemismo.. Ahora, el futuro dirá cómo es su gobierno, ¿no es cierto? Nadie puede anticipar cuáles van a ser las medidas que va a tomar, cuáles van a ser las conductas con que se va a manifestar ante la sociedad, cuál va a ser su tolerancia ante las opiniones distintas…”.

La semana última señalábamos en este espacio que “es probable que Milei se autoperciba menemista por la inclinación al pragmatismo; como el riojano, él parece dispuesto a aprovechar aportes de otros sectores, pero no a atarse las manos en alianzas que lo limiten o determinen”.

Quizás sea cierto que “todo tiene que ver con todo”, como solía repetir la señora de Kirchner. El viernes 8, con una misa que iba a presidir el arzobispo García Cuerva (que no pudo hacerlo porque se retrasó el vuelo en el que regresaba desde Roma), se inauguró en el Museo de la Catedral Metropolitana una sala en memoria del expresidente Carlos Menem. Los medios principales obviaron el hecho, que sin embargo tuvo su singularidad: además de dirigentes que gobernaron con Menem (Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Julio César Aráoz, Ramón Hernández, Jorge Castro, por ejemplo) estuvieron presentes dirigentes de Juntos por el Cambio (Diego Guelar, Ramón Puerta) y funcionarios designados por Javier Milei, como el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, sobrino del expresidente, Sebastián Pareja y Rodolfo Barra. Por cierto, estaban presentes Eduardo Menem y su esposa, Susana Valente, Zulema Yoma, Zulemita Menem y decenas de ex funcionarios y militantes del peronismo de los años noventa, pero quizás lo más interesante probablemente haya sido la transversalidad del acto. Al cumplirse cuarenta años de democracia y tres décadas y media del triunfo peronista sobre la UCR que candidateaba a Eduardo Angeloz, ¿junto con la presidencia de Javier Milei vuelve Menem? Quizás el peronismo revisa ese pasado como clave para una nueva convergencia.

La historia no ha concluido

Al iniciarse, el ciclo de Milei coincide con un momento de disgregación de las fuerzas y coaliciones que hasta hace pocas semanas parecían dominantes.

El peronismo, que con Massa pudo acariciar una victoria en la primera vuelta, terminó sufriendo en el balotaje una derrota dura, de la que sólo zafaron cuatro distritos.

Cuarenta años atrás, cuando Italo Lúder fue vencido por Raúl Alfonsín, el peronismo sólo pudo reponerse a través de un profundo debate interno, una renovación muy amplia de cuadros y criterios políticos y a través de una puja que le dio la legitimidad de base al inmediato triunfo de Menem en las presidenciales de 1989.

La nueva etapa tuvo que hacerse cargo de los desafíos que imponía el espíritu de la época, que Alfonsín supo encarnar en 1983. Parece razonable que acontezca un proceso análogo de renovación, adaptado a este tiempo, al haberse consumado el fin del ciclo actual.

Una clave, entre otras, la dio esta semana el intendente electo de Córdoba, Daniel Paserini: “La forma que entendemos el peronismo que pregonamos con Martín (Llaryora, el gobernador electo), que viene de la escuela de De la Sota y Schiaretti, tiene que ver con que el peronismo sea parte de algo más grande. No planteamos un peronismo exclusivo, sino un peronismo inclusivo”,

Pero si el peronismo salíó maltrecho del proceso electoral, la coalición rival, Juntos por el Cambio, fue si se quiere la gran derrotada: ni siquiera pudo llegar al balotaje y terminó rota en varios pedazos, algunos de los cuales quizás terminen federándose para desempeñar una oposición constructiva, fuera de la tutela de Macri.

Hoy se inicia un nuevo ciclo, todavía cargado de temores e incertidumbre. Conviene mantener la calma y cultivar la esperanza. Probablemente aún el proceso de reconfiguración política no ha concluido.