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Cultura 27 de septiembre de 2026

“Luz era su nombre”, una novela bajo la sombra de los hermanos Canto

Se volvió a reeditar luego de 65 años. En 1961 fue elegida ganadora del Premio Literario del diario La Nación por un jurado del que formaban parte Borges y Bioy Casares. Sigue habiendo debates sobre la autoría del texto, firmado por Silvia Moyano del Barco y presuntamente escrito por Estela y Patricio Canto.

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Jorge Luis Borges y Estela Canto en 1945.

Por Félix Lencinas

Un jurado compuesto por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Carmen Gándara y Eduardo Mallea junto a un representante de La Nación leyó varios originales para el Premio Literario organizado por el diario en 1961. Entre varios manuscritos, el que terminó resaltando para ellos fue Luz era su nombre.

En aquella nouvelle, Humberto Ventozzi, un joven mecánico de 22 años de Dolores, se va a probar suerte a Buenos Aires en el mundo del espectáculo. Tiene mucha confianza en sí mismo, se ve como “un muchacho fino, culto y buen mozo”. Esta confianza en sí mismo hace que crea que todo está al caer: el éxito en el cine o el teatro, en el amor, en la vida. Él cree estar para más, aunque esté sufriendo y ese éxito le sea algo esquivo, es inevitable el triunfo porque de alguna forma, lo merece.

Un anuncio en la revista El corazón que sonríe es una suerte de atajo a ese éxito. Allí, bajo el seudónimo Camilo Larrañaga, busca a una mujer seria con algún capital para “iniciar un proyecto en común”. Mientras lee su propio aviso, en una sala de espera en la estación de Constitución, siente cómo el olor a orina le llega. Esta primera escena es una pequeña muestra de los contrastes de la novela: lo que el narrador pretende para sí, una vida grandiosa, se contrapone al lugar donde está realmente. En Constitución, viviendo en una pensión, desesperado porque sus ahorros se le diluyen, porque no consiguió ningún trabajo en el ambiente. Esta es la última chance antes de admitir la derrota.

Luego de un par de viajes infructuosos a la casilla de correo, Larrañaga recibe una carta. Ilusionado, la abre imaginando a las manos femeninas que la confeccionaron, pero se encuentra como respuesta a su aviso una citación estéril y burocrática: “Deberá presentarse el miércoles 30 del corriente en la oficina Nº 15, piso 3, de calle Maipú 56… a las 17 horas”. El egocentrismo del personaje lo lleva a pensar que todo es una broma muy pesada que alguien le está haciendo, pero termina pensando: ¿quién podía ser? Resulta que el remitente de la carta es Cupidum SRL, una organización que se dedica a juntar a clientas que buscan el amor pero son tímidas o reservadas con potenciales pretendientes, a cambio de una comisión. Después de presentarle una foto de una candidata, que el señor Mario de Cupidum aclara que es una fotografía desactualizada, Ventozzi termina aceptando pagar 500 pesos para arreglar una cita con la mujer a la que le ve un aire de estrella de cine. Ella se llama Adelina Güemes, es de una familia adinerada y vive en un moderno departamento en Palermo.

La nouvelle fue reeditada por Fondo de Cultura Económica este 2026.

La nouvelle fue reeditada por Fondo de Cultura Económica este 2026.

De aquí en adelante, el relato vira a la relación entre el narrador y Adelina. Al principio, él no se siente atraído por ella y su motivación es solamente el dinero. El casamiento con Adelina es la manera que va a encontrar para salvarse, salir de la miseria a la que ha entrado. La señorita Güemes es críptica para Ventozzi: solo toma Coca-Cola, menciona que le gustan las cosas alegres, tiene un pasado triste que no quiere recordar, se esconde de sus hermanas que la juzgan y lleva una crucecita dorada como amuleto. No la entiende, pero él tiene que hacer lo que sea para ganarse su amor.

La historia de un amor

Cuando el jurado se reunió, falló unánimemente en que la ganadora sería esta novela. Se reveló el nombre de la autora: Silvia Moyano del Barco, haciéndola beneficiaria del premio de 100.000 pesos de aquel momento. Se publicó en el diario por entregas y luego en 1962 salió en formato libro por la Editorial Guillermo Kraft. Recién este 2026, como parte de la Serie del Recienvenido que había dirigido Ricardo Piglia y ahora es dirigida por Aníbal Jarkowski, volvió a publicarse esta nouvelle. El objetivo de esta colección de Fondo de Cultura Económica es volver a traer libros que por alguna razón fueron olvidados o marginados del canon literario más convencional.

De acuerdo a los paratextos del libro, Silvia Moyano del Barco nació en San Luis en 1927. Fue profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación y se mudó a Buenos Aires donde trabajó como profesora en escuelas secundarias. Eso es todo lo que sabemos de su biografía. Nunca había publicado antes. Después, salió un cuento en la revista “Ficción” (Nº 38, agosto de 1962). No es infrecuente la existencia de escritores que por algún que otro motivo solo publicaron una novela como Juan Rulfo, J. D. Salinger o Emily Brontë, y eso fue suficiente para quedar en la historia de la literatura. ¿Esta novela es este caso? ¿Por qué esta novela no se había vuelto a publicar en 65 años? Más allá de su calidad, uno de los atractivos de este libro está por fuera de él. Se supone que Moyano del Barco es solamente una testaferro, que la verdadera autora es nada más y nada menos que Estela Canto.

Conocida por ser la mujer a la que Borges le dedicó El Aleph, y de la que estuvo enamorado un tiempo, Estela Canto fue una escritora y traductora muy particular y adelantada a su época. Era feminista y comunista. Tenía una relación muy cercana con su hermano Patricio. Era muy culta e inteligente, los motivos por los cuales Borges se enamoró de ella.

Alicia Jurado, escritora y amiga de Borges y Bioy, fue a quien Estela Canto le habría confesado que había escrito Luz era su nombre, en coautoría con Patricio. Alegaron que nunca les darían el premio a ellos por comunistas y, por lo tanto, decidieron pedir prestado el nombre para presentarse, y luego dividir el premio. Borges y Bioy desestimaron esta versión y no hay una clara confirmación de que ellos fueran los verdaderos autores, pero también algunos creen que no es totalmente imposible.

Jorge Luis Borges y Estela Canto.

Jorge Luis Borges y Estela Canto.

Algunos sostienen que el texto está construido para incluir temas y elementos que serían del agrado de los jurados, que los Canto conocían muy bien, y escribieron la novela apelando a esos gustos.

Uno de esos temas es el de la idealización de la mujer que hace el narrador sobre Adelina. Esa idealización hace que se termine enamorando de ella. Eso lo hace precipitarse y tomar decisiones que lo terminarían perjudicando más. Humberto Ventozzi intenta aparentar lo que no es, y toma un préstamo usurario con la gente de Cupidum para poder irse de viaje a la playa con Adelina. De la misma forma que con su carrera de artista, él creía inevitable el éxito de su matrimonio con Adelina. Para él, su relación era lo mejor que a ella le podría haber pasado: a su edad, un joven bello y culto como él le estaba regalando su amor.

Esto lo lleva a una obsesión con ella. El narrador nunca se da cuenta de que todos lo engañan y le toman el pelo: Adelina, Cupidum SRL, los compañeros del mundo del espectáculo. Humberto está ciego frente a todo esto, y cuando finalmente lo ve, es demasiado tarde y ya ha caído muy bajo. La broma pesada que él creía que le estaban haciendo existía: se la hizo él mismo al caer en la presión del triunfo.

En este sentido, hay muchos temas que pueden resonar en la actualidad. Cupidum SRL es una versión analógica de las aplicaciones de citas, que juntan a dos personas y las fotos a veces son una versión alternativa a la realidad. El personaje de Humberto Ventozzi, presionado por la búsqueda del éxito, quiere aparentar algo que no es aunque ese movimiento le termine costando caro. El personaje de Adelina intenta escapar de ciertas convenciones sociales e incluso cuando él le recrimina su ausencia, ella le responde: “¿Vos te creés que porque una mujer se acuesta con un hombre se convierte en su propiedad privada? ¡Qué convencional sos!”.

Al final, descubrimos más cosas de la vida de Adelina Güemes y el narrador se da cuenta de que nunca pudo descifrarla, que nunca llegó a conocerla de verdad. En retrospectiva, cada vez que narra piensa en cosas que pudo haber dicho para cambiar el curso de sus acciones. Pero realmente ya no puede hacer nada, ya no puede conocerla. Cierra en una actitud lastimosa, ya que parece que nunca pudo ver qué era lo que realmente pasaba.

Más allá del chisme Canto-Borges y la difusa autoría de la novela, hay algo valioso en la novela que resuena con fuerza hoy: qué pasa cuando no se pueden ver con claridad los hechos porque hay tantas apariencias en el medio que no se distingue el engaño.