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Arte y Espectáculos 24 de febrero de 2021

Mocchi: “Como en la música, en la vida, el propósito es cambiar el mundo”

Referente de la canción Uruguaya, llega a Mar del Plata. Antes de su show en Abbey Road, la artista independiente reconoce que "lo mejor y lo peor de mí está en lo que hago en escena, en lo que escribo". Y asegura: "Ya fue pensar que podemos decidir sobre la libertad de las demás personas".

Mocchi, retratada por Marcos Mezzottoni.

Una voz poderosa. Una poesía que sale de las entrañas y el corazón. Un decir que emociona y pone la piel de gallina. Así es el arte de Mocchi, referente de la canción uruguaya, que se presentará este jueves en Mar del Plata. “Lo mejor y lo peor de mí está en lo que hago en escena, en lo que escribo”, define, en el marco de una charla con LA CAPITAL en la que asegura que, como en la música, en la vida, el propósito es cambiar el mundo.

Mocchi trae sus canciones a Abbey Road, en el marco de una gira que también incluyó Rosario, Buenos Aires, Necochea y Tandil. En estas presentaciones se encuentra interpretando las canciones de su primer y segundo álbumes: La velocidad del paisaje y Mañana será otro disco y, además, adelantando temas de su tercer trabajo 1990, que todavía no fue lanzado.

“En el show busco interactuar con la gente, no solo con las canciones, también cara a cara, con palabras, de ida y de vuelta”, definió sobre el espectáculo que dará junto a Luis Volcoff en piano, guitarra y voces y que contará, con la apertura de la cantautora de Miramar Miranda Sotelo, a quién conocieron la primera vez que estuvieron por estos lares.

A Mocchi se le define como “una cancionista uruguaya singular, pero también un poeta loco, militante de las músicas nuevas, escritor de sucesos cotidianos. Su obra y su vida dejaron de ser binarias. Ya no importa el pronombre”. Su propósito -asegura- “tanto en la música, como en la vida es cambiar el mundo, ver más allá de lo individual”. Tiene 30 años y en 2020 se posicionó como una de las propuestas más convocantes de la escena de la música uruguaya, agotando entre julio y noviembre dos shows en la Sala del Museo a dúo con Hugo Fattoruso, y dos funciones en “Teatro El Galpón” junto a la banda que le acompaña.

En el mes de mayo presentó “Espejos”, una canción grabada en cuarentena entre artistas del Río de La Plata que no se conocen entre sí; incluso Mocchi no conoce en persona a algunos de quienes participaron en este proceso creativo.
También produjo 1990 junto a su compañero de aventuras Luis Volcoff, con quien gira ininterrumpidamente desde el año 2017. El álbum se estrenará en los próximos meses.

Tiene una prolífica carrera componiendo, cantando y gestionando. Se ha presentado en escenarios de México, España, Estados Unidos, Argentina y Chile. Grabó en Estados Unidos, giró por México, trabajó con migrantes en proyectos asociativos, filmó una película, fundó uno de los principales centros culturales de Montevideo, ocupó una casa para transformarla en un centro social, y también a abrió la gira “Out There” de Paul McCartney.

– ¿Cuál es, según tu sentir, el poder que tiene la canción? ¿Es una forma de resistencia?

– Para mí la canción es una forma de vida, y desde mi lugar como cancionista es una forma de relatar mi percepción del mundo, en pasado, presente y también futuro. Desde ese lugar creo que también son resistencia. No puedo definir si la canción en general es una forma de resistencia, pero sí asegurar que hay mucho de eso en mi obra.

– “Me despojé de todo lo que siento, lo puse casi todo en la canción” decís en Ejercicio. ¿Es una definición de tu arte?

– Totalmente. Las canciones son mi biografía, lo mejor y lo peor de mi está en lo que hago en escena, en lo que escribo.

Escuchá”Mi grito” de Mocchi:

– ¿Son las vivencias en carne propia, los sufrimientos, la mejor materia prima para las canciones? ¿Y dotarlas de esa hermosa poesía una forma de sanar?

– En mi caso sí, las canciones están hechas de cosas que me emocionan. A veces buenas y hermosas y a veces los sucesos más horribles de mi vida. Encontré en la canción un lugar para expresarme con comodidad y dejar salir todo. Hay canciones que a veces no toco porque no siento que en ese momento me vayan a movilizar, a veces las saco de la lista el mismo día. Hay otras que a veces saco porque siento que me van a partir al medio. Lo que es seguro es que nunca toco cosas que no siento y que cuando estoy en escena me entrego, me dejo caer y esto indefectiblemente es una forma de sanar.

– Más allá de lo artístico y las letras tu compromiso social lo plasmás en el centro social que creaste. ¿Qué podés contar de eso? ¿Fue en ese contexto que te inspirarse para la letra de “Mismo momento”?

– Fue un momento muy lindo, fundamos dos espacios en 4 años. La Cuadra y Casa Vilardebo. En La Cuadra viví un proceso muy inspirador, de construcción desde 0 de un espacio que estaba destruido. En Casa Vilardebo reconstruimos una casa ocupa con la gente del barrio. Fueron procesos colectivos muy emotivos y de mucho aprendizaje. Intentar devolver algo, porque al igual que con la música, el propósito es cambiar el mundo, ver más allá de lo individual.

Escuchá “Mismo momento”:

– Tu último trabajo discográfico, 1990 ¿es una reflexión sobre los vaivenes políticos, un alerta sobre los ciclos que se repiten?

– Es un poco eso. Yo nací en 1990 y creo que la política nos atraviesa coyuntural y estructuralmente. Mi generación sufrió mucho el vaciamiento del país post apertura. Eramos pibes de 12 años viendo cómo hacer para cocinar mientras papá y mamá intentaban que no nos desalojen. Y no era mi situación, era la de la mayoría de las personas que nos rodeaban. Gente yéndose del país, suicidios, el auge de la pasta base, todo esto la generación del 90 lo vivió de una forma particular, con 11, 12, 13, la edad donde parece que no entendés pero en realidad entendés todo. Y en ese sentido, si bien toda mi obra está atravesada por eso, 1990 es un disco que hice pensando en las canciones mías de ahora y también en las del futuro, las que van a hacer quienes están naciendo ahora atravesando una nueva crisis.

– ¿Trascendiste los géneros binarios? Además del sentir ¿Buscás dar un mensaje de respeto a las personas desde lo más básico, independientemente de dónde venimos o qué género somos o cómo vivimos?

– Creo que ya fue pensar que podemos decidir sobre la libertad de las demás personas, me parece una conducta revieja, muy chota. El mundo está lleno de otres, y cada quien lucha con lo suyo y construye lo que quiere. Bastante con todo lo que hay que cargar a lo largo de la vida como para andar cargando también con cumplir expectativas ajenas. No entiendo a la gente que se molesta con la libertad de los cuerpos ajenos, o con la identidad. Creo que hay gente que le tiene mucha envidia a las personas trans, porque realmente ven allí una búsqueda de libertad y de identidad, y desde esa envidia se construye el odio. Las transformaciones del cuerpo o la expresión de género, son construcciones incuestionables. De igual manera, por otro lado entiendo que son cosas que llevarán mucho tiempo, y está bien charlar y ejercer presión, pero también no sufrir si a los otros les cuesta asimilar el cambio. Lo importante es el respeto. Decir que trascendí el binarismo me suena un poco arrogante porque es algo demasiado arraigado, venimos con eso, pero como no me identifico dentro del binarismo se me hace más fácil. Es como que de pronto existe una categoría en la que sí entro, y hay muchas otras personas como yo. Si bien yo nunca me definí en ningún género, simplemente me asignaron uno biológico y me socializaron como mujer, siempre hubo cosas a lo largo de mi infancia que iban cuestionando lo hegemónico. Cuando había una fiesta en la escuela y los varones llevaban bebida y las nenas comida, en el fondo yo nunca sabía qué llevar. Hoy puedo identificar esos sentimientos. Hoy las personas trans, no binarias, ocupamos un lugar que se ha ganado a fuerza de lucha, con mucho sufrimiento y perseverancia, la lucha transfeminista nos empoderó lo suficiente como para que no tengamos que caretear nuestra identidad. Falta que podamos existir legalmente, pero bueno, esa es otra historia.