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Opinión 7 de octubre de 2016

Oid, mortales

por Miguel Angel Rouco

Los datos sobre la marcha de la economía amenazan con empañar, la salida airosa que tuvo el Presidente Macri, con las amargas cifras de pobreza.

Lo que parecía que iba a repuntar, finalmente se opacó y sólo mostró una apariencia.

La auspiciosa suba en la venta de vehículos 0 km, auguraba un alza en la producción y en la exportación.

No fue así. Estas dos últimas no sólo no subieron sino que reflejaron agudas caídas, poniendo de manifiesto que la venta de unidades al mercado doméstico sólo reflejó la marcada liquidación de stocks de las terminales y concesionarios, merced a fuertes bonificaciones, frente al alto costo financiero de las tasas de interés.

Lo mismo ocurrió con los despachos de cemento que en agosto habían crecido, haciendo presumir una tenue reactivación económica, en realidad, bajaron en septiembre.

Los ingresos fiscales el mes pasado repuntaron aunque todavía siguen por debajo de la inflación anualizada.

La inflación que orilla el 40 por ciento anual impide elaborar una estructura de costos y el gobierno lejos de apuntar a bajar los índices, mantiene una tendencia inercial del gasto público, fomentando ese gasto como motor de la economía, tal como lo muestra el proyecto de ley de Presupuesto 2017.

El gradualismo del Palacio de Hacienda conspira contra una rápida salida de la recesión porque no sólo deja indemne las causas de la inflación, sino que hace pagar el costo del ajuste al sector privado, específicamente al salario real.

Es muy difícil que se generen inversiones en el sector privado si el ajuste pasa por una variable del sector privado.

Todo dependerá de lo que pueda hacer el sector público en momentos en que enfrenta un déficit fiscal que roza 8 por ciento del PIB.

De allí que la presión que ejerce el mundo sindical no se concentre sólo en un bono de fin de año sino que el eje pasa ahora por el mantenimiento de las fuentes de trabajo, algo que también ratifica el sector empresario con suspensiones y despidos. “Me causa tristeza que la planta de Córdoba funcione sólo una semana al mes”, manifestó el presidente de Fiat Chrysler Argentina, Cristiano Rattazzi, cuando se le consultó sobre la situación en la industria.

¿Cómo es posible que la Casa Rosada no comprenda que la inflación, primero destroza el salario y luego el empleo?

Sólo se entiende desde la perspectiva política donde la casta política privilegia su bienestar por encima del bienestar de los ciudadanos.

¿Qué hará el gobierno cuando se conozca el aumento en la tasa de desempleo? ¿Se va a horrorizar como lo hizo frente al incremento de la pobreza y pedirá que se lo juzgue a partir del momento en que aparezcan los datos de la desocupación?

Mientras tanto, el gobierno opta por financiar el desequilibrio fiscal mediante la emisión de nueva deuda, una fórmula que en el tiempo puede resultar improductiva y peligrosa.

El secretario de Finanzas minimizó la magnitud del endeudamiento, al señalar que no se iba “a poner colorado por la deuda”.

¿Hasta cuando el mercado estará dispuesto a prestar y a qué costo, a una economía que sólo ofrece altos rendimientos financieros pero que por su solidez fiscal camina por una delgada cornisa?

Los recientes informes anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial son concluyentes. Ambos indican que se necesitan un ajuste fiscal, reformas estructurales y eliminar la inflación.

Augusto De la Torre, economista del BM manifestó que “la Argentina necesita realizar un ajuste fiscal, para retornar al crecimiento sostenido con empleo. El gran debate que hay con la Argentina es si el ajuste fiscal se va a materializar finalmente, si las condiciones políticas lo van a permitir en los próximos tres años, como prometió Macri”.

DyN