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Policiales 26 de agosto de 2026

Otra mirada del proceso a “Pacha” Pérez

El doctor Mario Daniel Laborde era secretario del juzgado que tuvo a su cargo el proceso por la muerte de Silvia Cicconi. Intervino en diligencias fundamentales. Está convencido de la participación de "Pacha" Pérez.

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Doctor Daniel Mario Laborde. Como secretario del juzgado, intervino en diligencias fundamentales del "Caso Cicconi".

A lo largo de 45 años, el doctor Mario Laborde fue el único funcionario judicial que se expresó públicamente sobre el “Caso Cicconi”. Lo hizo hace casi dos décadas, en marzo de 2007, mediante una extensa entrevista publicada por LA CAPITAL. Era, en ese entonces, uno de los jueces que integraba la Cámara Penal. Hoy jubilado, no opone objeciones a que sus dichos sean reeditados “con absoluta libertad”. Obviamente, su pensamiento sigue siendo el mismo.
En agosto de 1981, cuando ocurri{o el crimen, Laborde se desempeñaba como secretario del juzgado a cargo del doctor Bernardo Fissore, de modo que participó activamente en cada una de las diligencias del sonado proceso.
– Hoy el crimen de Silvia Cicconi -dijo Laborde- no podría ser considerado un hecho común. Mucho menos en ese tiempo. Incluso, la perspectiva de la investigación se vio adjetivizada por algunas consideraciones que efectuó el entonces jefe de policía, que comprometió el honor de la institución en el descubrimiento del culpable.

– El general Guerrero…
– El general Guerrero, exactamente. Eso motivó fundadamente que el juez actuante pensara en la posibilidad de que la policía buscara a cualquier persona para endilgarle el título de autor.

– ¿A partir de esa declaración del general Guerrero?
– Aún con anterioridad. Recordemos que se trataba de otras épocas en que podemos decir que la vida valía un poco menos que ahora. Dentro de ese contexto, el doctor Fissore, en uso de un criterio garantista que salía del escritorio hacia el exterior y se adecuaba exactamente a la realidad, ordenó al jefe de policía y a todos los policías de menor rango que estaban interviniendo en el caso, que la detención de quien aparecía como primer sospechoso, fuera puesta inmediatamente en su conocimiento. Por aquel entonces existía dentro de las facultades de investigación policial la posibilidad de recibir declaración indagatoria al imputado, lo que se hacía comúnmente en todas las causas. En este caso el doctor Fissore cercenó esa posibilidad e hizo uso de su facultad jurídica de recibirle declaración indagatoria de inmediato y por primera vez sin que ningún policía le hubiera preguntado nada. Nosotros estábamos en conocimiento de que la policía iba a detener a la persona que luego resultó imputada y condenada en el proceso.

– Pero antes de la detención de Pérez se apuntó a varias personas del entorno de la víctima.
– Apuntó a muchas personas, entre ellas “El Pacha”. Pero no excluía las posibilidades de investigación lógica, donde se señalaba la posible participación de algunas personas que luego se comprobó no tenían absolutamente nada que ver. Pérez siempre apareció mencionado dentro de las líneas de investigación.
– ¿Pérez habló en su entorno de la autoría de este hecho?
– Pérez en su entorno habló y ese fue un dato para la investigación. En su entorno inmediato.

 

– Se ha denunciado que en ese tramo de la investigación hubo personas que fueron detenidas ilegalmente y sometidas a tormentos. ¿Usted cree que las previsiones adoptadas por el juez Fissore anularon la posibilidad de que eso haya ocurrido durante la investigación?
– Yo no puedo decir que eso no haya ocurrido. Me tendría que constar de manera directa. Pero hubo comentarios, hubo denuncias, hubo expresiones dentro de las testimoniales de personas que fueron perseguidas y que dijeron haber sido sometidas a tormentos.

– Obviamente en procura de arrancarles una confesión.
– Sí, sí, esto no lo puedo asegurar porque la investigación ordenada (para esclarecer esos presuntos tormentos) quedó en agua de borrajas, pero tampoco lo puedo negar como posibilidad.

– ¿Cuál era la postura personal del juez Fissore ante este caso?
– El doctor Fissore se encontraba preocupado por el curso de la investigación y había tomado todas las precauciones.

 

El juez Bernardo Fissore tuvo a su cargo el proceso y condenó a Pérez a perpetua. El fallo fue confirmedo por la corte bonaerense y la nacional.

El juez Bernardo Fissore tuvo a su cargo el proceso y condenó a Pérez a perpetua. El fallo fue confirmado por la corte bonaerense y la nacional.

El día de la detención

Laborde recordó que el juez, al ser informado de la detención de Pérez en la tarde del 19 de febrero de 1982, “hasta tomó el recaudo de trasladarse a la comisaría (cuarta) para evitar el contacto entre policías y Pérez para que no fuera aleccionado. No sé realmente si esto tenía como sospecha un fundamento real, pero sí obedecía a los dictados de la época. El juez tenía que tomar absolutamente todas las precauciones, incluso contra la policía, y en este caso particularmente, por la trascendencia que había tenido tan dramático asunto, y por estas declaraciones del jefe de policía a las que antes hice referencia”.

En la comisaría cuarta, Pérez prestó su primera declaración indagatoria ante el juez y admitió su participación en el hecho junto a otros dos vagabundos de la zona: Oscar Rivero y “El Negro” Domínguez. Tiempo después volvió a declarar ante el magistrado y dijo que actuó solo. Y más tarde -cuando ya era asistido por el abogado Raúl Antonio Cuence- prestó una nueva declaración en la que se declaró inocente y dijo que sus primeras versiones respondían a un aleccionamiento policial bajo torturas.

Laborde manifestó su convicción de que los detalles que reveló el acusado en su primera declaración y las precisiones que hizo en la posterior reconstrucción no pudieron ser producto de una confesión prefabricada.

“La declaración indagatoria -afirmó- se recibe en el despacho del entonces comisario Da Silva, únicamente en presencia del doctor Fissore y mía. No había ningún policía presente. Pérez narra los hechos que importaban una confesión judicial”.

El vagabundo Fernando Saturnino Pérez ("Pacha") en uno de sus traslados a Tribunales a poco de haber sido detenido.

El vagabundo Fernando Saturnino Pérez (“Pacha”) en uno de sus traslados a Tribunales a poco de haber sido detenido.

Detalles de la confesión

La presunta participación del vagabundo Oscar Rivero chocó con una constatación desconcertante: en los registros policiales figuraba que la noche del crimen estaba detenido por infringir la ley de juego. Al respecto, el doctor Laborde dijo:
– Exactamente así. Rivero estaba esa noche formalmente detenido en una seccional. ¿Por qué estaba allí?. Porque la policía tenía que cumplir con estadísticas. Entonces, ante el faltante de detención de los verdaderos capitalistas de juego, se hacía pasar a cualquier otra persona -por ejemplo un pistín de la estación- se le daba unos pesos, y esa persona permanecía una, dos o tres noches detenida. La pregunta es si se les daban unos pesos para lograr esa situación, también esta persona podía devolver parte de lo que se le había dado y lograr con eso la libertad.

– Usted considera que pudo haber figurado en los libros policiales como si hubiera estado formalmente detenido…
– Y no estarlo, sí, sí. Esto es una posibilidad muy concreta.

– ¿Qué elemento más allá de la confesión inicial de Pérez, le sugiere que hubo otras personas en el escenario del crimen?
– Hubo un elemento, una rotura de un cristal. Había un vidrio roto hacia afuera, que coincidía con la primera versión de Pérez, dada ante el juez en forma inmediata, indicando que él les abrió a Domínguez y a Rivero. Creo recordar que era un vidrio de una ventana o de una puerta ventana. Domínguez y Rivero vendrían por los techos y habrían esperado, porque no es lo mismo esconderse tres personas que una persona dentro de la vivienda. Lo que sucedió queda perfectamente claro. Quien hizo cada cosa o si todos hicieron lo mismo no queda tan claro porque depende únicamente de la versión de Pérez. Lo que sí sabemos es que Pérez estuvo ahí, Pérez participó en todo el camino del delito.

– ¿Hubo otros aspectos de la primera confesión de Pérez que empezaron a convencerlo de que era el autor del hecho?
– Hay detalles que nos llevan de la mano científica al descubrimiento de la verdad. Yo no voy a entrar en entretelones escabrosos porque todavía hay memorias muy despiertas al dolor que significó la muerte de esta criatura. Nosotros, antes de que alguien fuera detenido, sabíamos el proceso que llevó a la muerte a Silvia Cicconi. O sea: cuáles heridas sufrió primero, cuáles heridas sufrió en el medio y cuáles heridas sufrió después. Pérez relata que usó el cuchillo en esa forma, en ese proceder, que hizo primero esto, luego esto y finalmente hizo tal cosa. Nosotros esa secuencia ya la conocíamos sin conocer al autor. Dato importantísimo porque la policía tendría que haber convertido a Pérez en un experto en criminalística y en un forense de primera magnitud para conocer estas cuestiones.

Vivienda de Primero de Mayo 1655, punto señalado como inicio del recorrido de "Pacha" Pérez hacia la casa de los Cicconi.

Vivienda de Primero de Mayo 1655, punto señalado como inicio del recorrido de “Pacha” Pérez hacia la casa de los Cicconi.

La reconstrucción

– ¿Qué ocurrió después de aquella declaración de Pérez en la comisaría cuarta?
– Después de la confesión de Pérez, que fue a media tarde, el juez Fissore ordenó la reconstrucción del hecho para corroborar que él realmente era el autor y no una creación policial. El juez mantuvo bastante reserva, no salimos de la comisaría y la reconstrucción se hizo a la misma hora en la que el hecho sucedió, aproximadamente a la una de la mañana. Cuando Pérez bajó del auto, el doctor Fissore ordenó que se alejaran todos los policías, de modo que Pérez quedó entre el doctor Fissore y yo. Fue hasta la esquina de Luro y Primero de Mayo, tomó por esta última, hizo media cuadra y en ese sentido del tránsito, sobre la mano derecha, se paró frente a un inmueble que presentaba una arcada con un pasillo. Lo de la arcada es importante. Era una pequeña losa que unía las paredes que demarcaban la abertura. Pérez subió, no con la agilidad de un muchacho de 20 años, pero sí con la seguridad de aquel que hace un movimiento acostumbrado. Pisó con su pierna derecha en una cabina de gas, logró tomarse de la losa, trepó con la fuerza de sus brazos y con el apoyo de su pierna izquierda sobre alguno de los ladrillos, subió a la losa y de ahí al techo.

– ¿La policía que hacía?
– El comisario D’Adamo o D’Adato (Felipe D’Adamo, segundo jefe regional) se subió al techo y lo paró a Pérez antes de que se nos fuera. No sé si Pérez tenía intención de irse, pero se nos iba de la visión. Ya sobre los techos, Pérez recorrió todo el camino hasta llegar a la terraza del inmueble donde funcionaba el restaurante. Allí había cajones de vino que abastecían al restaurante y había además un perro. El perro no tuvo ningún tipo de reacción lo que evidenció que conocía a Pérez.

– ¿Cuál sería el motivo de que Pérez estuviera acostumbrado a ese itinerario?
– Pérez nos dijo que “paraba” ahí y tomaba vino. Ese inmueble estaba o sigue estando dividido en dos sectores. Un sector construido adelante, donde funcionaban el restaurante y la cocina entre otras dependencias y, atrás, separado por un patio, la casa propiamente dicha de la familia. Pérez estaba en la terraza del primer edificio con una perfecta visión. Desde allí podía advertir los movimientos de los moradores que se repetían día a día o más o menos así. Los padres de la víctima eran propietarios del restaurante y tenían otro negocio, un café en otra zona de la ciudad. Cuando cerraban el restaurante se dirigían a atender sus obligaciones en el otro negocio. En cada uno de esos momentos, el papá de la víctima generalmente iba hasta su automóvil para encender el motor y lograr una temperatura adecuada. La madre de Silvia Cicconi iba hacia la casa pasando por el patio a la vista de Pérez, ingresaba en la casa, permanecía unos minutos y volvía a salir cerrando con llave. De modo que en esos minutos de permanencia de la mujer, estaba radicada la posibilidad de que él ingresara al inmueble, quedándose luego de la salida de la madre, solo con la hija que estaba durmiendo.

– ¿Qué ocurrió durante la reconstrucción después de que llegaron a la terraza?
– Bajamos. Se le preguntó a Pérez, de acuerdo a las declaraciones que ya había formulado, de dónde sacó el cuchillo que dijo haber utilizado. Pérez ingresó a la cocina del restaurante y fue directamente al cajón donde luego el padre de la víctima reconoció que, efectivamente, ese cuchillo se guardaba ahí. El detalle del cuchillo no era menor; significaba el conocimiento preciso del lugar donde estaba el arma homicida, corroborado por la versión del padre de la víctima. Ingresamos luego a la vivienda, a oscuras. No había luces encendidas en el interés de reconstruir con exactitud todo el cuadro situacional en el que había transcurrido el crimen. Pérez fue adelante, nosotros un metro detrás de él. Pérez pasa por dos ambientes previos y se encamina directamente a las habitaciones contiguas, separadas por un baño. Cierto es que primero hace uno o dos pasos hacia la habitación que ocupaban los padres, se vuelve y dice: por acá no era. Va hasta la habitación de Silvia Cicconi, permanece parado a oscuras, yo le enciendo la luz, la primera luz que se prende en este itinerario. El miró y dijo: esto está cambiado’. Y por supuesto que estaba cambiado, porque los familiares de la víctima, en el lugar donde había estado la cama en que la víctima encontró la muerte, habían puesto unos objetos recordatorios de su memoria y habían hecho otros cambios en la habitación. Ese “esto está cambiado” y ese reconocimiento indubitable del lugar donde estaba el cuchillo era muy importante a los fines de confirmar si la confesión de Pérez se adecuaba a las distintas modalidades y accidentes que presentaba el lugar del hecho.

Restaurante que los Cicconi explotaban en Luro entre Primero de Mayo y Marconi. En la parte posterior se hallaba la vivienda donde mataron a Silvia.

Restaurante que los Cicconi explotaban en Luro entre Primero de Mayo y Marconi. En la parte posterior se hallaba la vivienda donde mataron a Silvia.

Las causas del crimen

– ¿Cuál fue a su entender el verdadero móvil del crimen?
– Voy a ahorrar detalles y, por sobre todas las cosas, adjetivaciones. En todo caso, está en el expediente. El origen fue de orden sexual, lo que no es para nada incompatible con las características, con la forma de matar que se constató en el lugar del hecho. Pérez andaba por ahí, en la zona del restaurante, y en algunas oportunidades en que había visto a Silvia Cicconi, que era muy bonita, le decía que era el novio. Una cosa absolutamente inocente, por supuesto, sin ninguna mala intención. Un hombre como Pérez, con las pautas de vida que tenía era muy susceptible a sufrir todo un proceso caracterológico que además se veía acentuado -esto lo dijo el mismo Pérez- cuando observaba que la víctima y su novio se quedaban por unos momentos en un automóvil, aparcados frente a la casa de sus padres. Todo esto fue motivando en Pérez una concepción de la idea de un acercamiento a la víctima y la única forma que tenía de realizarlo, porque no estaba capacitado para hacerlo de otra manera, era la violencia. Y la violencia implicaba la muerte de la víctima. Seguramente, si la dejaba viva lo iba a reconocer. Hay toda una torpe y sexual descarga emotiva de Pérez sobre la víctima y eso queda perfectamente explicitado en algunas referencias del hecho que él hace frente al siquiatra de Tribunales, que yo no voy a mencionar pero también figuran en el expediente. Simplemente voy a enfatizar el grado de obsesión sexual que sobre la caracteropatía de Pérez había significado la víctima, inocente, que no se daba cuenta -por supuesto- de que eso estaba pasando.

– ¿Cuál sería el motivo de llevar dos personas más para un ataque sexual?, ¿las necesitaba?
– Yo creo que sí. Los impulsos sexuales nunca son simples, siempre son complejos, están conformados por varios componentes que coinciden en un momento dado. Hay otro detalle: a la víctima la atan de manos por detrás con las medias can can. Y tiene un golpe en el rostro que es muy común en el ataque sexual, es un golpe que elimina la posibilidad de defensa, que se llama anestesia previa de Brouardel. Ese golpe también estaba en el rostro de la víctima y Pérez, en su relato, también fue concordante con eso.

– ¿Quedó acreditado que Pérez podía cometer una violación?
– Los exámenes médicos en ese sentido no fueron absolutamente completos pero se descartó la impotencia. Esa alegada impotencia no era tal. Pérez no era un hombre tan grande, estaba disminuido en su capacidad por su alcoholismo, pero no era un pobre viejito como se pintó alguna vez.