28 de agosto de 2018
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Piazzolla, los años del tiburón

A 26 años de la muerte, los archivos del legendario compositor son abiertos por su familia para una película, un retrato cinematográfico, musical, hipnótico sobre el arte, la familia y los misterios de la creación.

Piazzolla en moto, una de las imágenes que se podrán ver en el documental.

“Piazzolla, los años del tiburón” es el documental sin entrevistas que narra hechos jamás contados de la vida de Astor Piazzolla realizado por Daniel Rosenfeld, quien tuvo acceso al archivo familiar privado del compositor. El material inédito del genial músico marplatense, que marcó un antes y un después en la cultura argentina, se podrá ver en el cine desde el jueves 30.

El público podrá deleitarse con Piazzolla en primera persona y con las entrevistas hechas por su hija Diana, que nunca habían salido a la luz. Su infancia, la pesca de tiburones, los años en Nueva York, la mítica historia con Carlos Gardel y el destino, el relato de su hijo Daniel y la reconstrucción de la vida de un ícono. El documental es el resultado del minucioso trabajo de Rosenfeld.

Antes de su estreno en los cines de Argentina, Rosenfeld habló con LA CAPITAL del documental sobre la vida del gran Astor.

– ¿Cómo aparece esta película?

– El primer encuentro fue con Daniel Piazzolla hace mas de 15 años. Lo conocí cuando hacía una película sobre Dino Saluzzi, y me dijo “qué pena que nadie hizo en vida una película sobre mi padre cuando estaba en vida”. Luego, fue la tenacidad de Françoise Gazio, productora francesa que lo conoció a Astor y siempre luchó por este proyecto lo que hizo posible esta película. Ahora me doy cuenta que mis películas siempre tuvieron algún vínculo con la música, incluso las que coproduje, como ‘La calle de los pianistas’ de Mariano Nante, o ‘Gilda’ de Lorena Muñoz.

– ¿Cuánto tiempo llevó el rodaje?

– Se filmó bastante, pero la película se transformó casi en un largometraje de archivos inéditos, ya que la fuerza de esos materiales era narrativamente muy poderosa. Trabajamos mas de 3 años, y dedicamos un años y medio al montaje.

– La Fundación Piazzolla suele muy estricta con la utilización del nombre de Astor, ¿cómo convencieron a los familiares para que abran sus archivos? ¿Fueron arduas las conversaciones o no tanto?

– Todos colaboraron y aprobaron el proyecto, quizás porque la película es un Piazzolla por Piazzolla, ya que no hay entrevistas a otros músicos o amigos, las charlas con su hija Diana y su hijo Daniel son la resonancia de la película. Es la voz de Astor y su música la guía principal.

– ¿Qué es lo que podemos ver en esta película, qué retrata?

– Es un Piazzolla íntimo. Por un lado, es una manera de aventurarse en el proceso creativo, en su música, en su lenguaje. Por el otro, es un viaje a las pasiones familiares también, una película sobre padres e hijos.

– ¿Aparece Mar del Plata? ¿De qué manera?

– Todos sabemos lo importante que tenía Mar del Plata para él y toda su familia, en la película hay un vastísimo archivo familiar que registra la fuerza de su infancia allí. Pero la gran sorpresa es Nueva York, su otro gran amor además de Mar del Plata. Hay en la película una serie de imágenes de Pupeto Mastropasqua, fotógrafo marplatense, quien registró en blanco y negro en la intimidad de ensayos y conciertos.

– ¿Cómo explicás que un ser tan sensible, que un músico tan exquisito tenga a su vez ese hobbie de cazar tiburones?

– Eran otras épocas, pero me parece interesante pensar en la espera de la pesca. En el medio de los mares que adoraba, cerca de Mar del Plata y Punta del Este, Piazzolla esperaba, decía que le gustaba pescar porque los pescadores no le hablaban, era una forma de pensar, que después deriva en componer.

– ¿Cómo ves el desarrollo del género documental en Argentina?

– Hay muchos cineastas muy talentosos, pero el asunto es trabajar para el encuentro con el público. Todas las películas, aunque sean muy chicas, tienen un público que las espera. Hay que fomentar medidas institucionales que defiendan la producción y distribución de documentales en cines, la educación audiovisual en jóvenes públicos, y los foros de coproducciones que ayudan a financiar los proyectos.

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