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Opinión 31 de agosto de 2020

¿Qué está pasando con el COVID-19 y qué se puede hacer?

EL CEMA, uno de los lugares propuestos para vacunar por el municipio.

por Alejandro Ferro

Si bien los virus no tienen una inteligencia como la que poseen los seres humanos, ellos disponen de un “mandato evolutivo inteligente” que los hace muy eficaces en su objetivo primordial el cual es simplemente infectar a cuantas personas puedan; en consideración a esto, para controlar una pandemia como es esta, es recomendable emplear estrategias que traten de interpretar en algún sentido la forma en que se movería el propio virus; si se revisara como se han comportado las anteriores pandemias se podrían encontrar muchos ejemplos al respecto. También será vital conocer que una pandemia causada por un virus alta contagiosidad como lo es el COVID-19, tiene un sentido de progresión unidireccional, y que solo se detiene frente a una vacuna eficaz o por haber cometido su objetivo, que como se dijo es infectar a una gran proporción de la población. Es así como en la Argentina se está viendo la expansión de la enfermedad en todo su territorio, y últimamente a expensas del interior; una ciudad del tamaño de Mar del Plata no podía ser la excepción.

Hoy no queda duda que en los últimos cincuenta días la pandemia se ha acelerado de forma significativa en la ciudad. Concretamente, en los primeros cinco días de julio había un promedio de 0.8 nuevos casos por día, mientras que en los días que van desde el 26 al 30 de agosto este promedio alcanza a 192; pero esto no ocurrió de una noche para una mañana, sino que fue un proceso que debió haber sido dimensionado con más antelación.

En un principio el abordaje sanitario local, estuvo marcado por un pensamiento mágico en considerar que el problema estaría afuera de la ciudad, y que si se “hacían las cosas bien” dentro de ella, no necesariamente se iba tener que soportar un ataque pandémico severo. De esta forma se puede comprender el porqué de la prohibición de ingresos a la ciudad, con los controles en las rutas, los cuales se han pretendido extender inclusive al verano. También es necesario recordar que los medios de comunicación -hasta no hace mucho-, contaban los días con la esperanza de llegar al número mágico “21” sin nuevos casos y entonces poder pasar a la fase 5, brindando el mensaje a la comunidad que la pandemia estaría resuelta.

Desde la visión descripta más arriba, se ha pasado a una situación totalmente diferente en donde instituciones de salud y sociedades científicas locales tales como la de Terapia Intensiva e Infectología advierten sobre la compleja realidad por la que atraviesa el municipio, con la posibilidad de saturación del sistema sanitario local. La propia Secretaria de Salud se manifestó sobre la falta de recursos humanos especializados; también lo hizo el ministro de salud provincial confirmando que en el Hospital Modular no era posible completar las plantillas de personal especializado necesario. Frente a este abrupto cambio cabe la pregunta ¿qué pasó?…

Si bien no es el momento de buscar responsabilidades, sino aportar soluciones, es necesario buscar alguna explicación sobre lo que ha pasado, pensando en lo que se puede sugerir en vistas al futuro, pero no repitiendo errores graves. En tal sentido la autoridad sanitaria municipal había argumentado hasta el lunes 24 de agosto, que no había transmisión comunitaria, dado que no se habría alcanzado el 60% de casos en los cuales se desconocía el “nexo epidemiológico”. Pero por la contrapartida esta misma autoridad no habría tomado en cuenta los datos del INE, que indicaban que el porcentaje de positividad de los test para COVID-19 alcanzaba el 30% -lo cual era muy alto-, como así tampoco pudo interpretar que el número de test realizados era escaso. Para acreditarlo, autoridades del mismo INE manifestaron en el comité de crisis pocos días atrás, el haber efectuado 9097 estudios para COVID-19; suponiendo por un momento que la ciudad tiene 650.000 habitantes -algo elemental pero que no se sabe a ciencia cierta-, la tasa de test realizados por millón de habitantes alcanzaría a 13.995, a modo de comparación, en el mismo día la Argentina disponía de una tasa de 24.904 por millón; sencillamente en una gran ciudad como lo es Mar del Plata, solo se habrían realizado en forma proporcional, algo más de la mitad de los test efectuados a nivel nacional, ni hablar si “todos” estos datos se compararan con otros países inclusive los limítrofes.

Además de las cuestiones arriba mencionadas sobre la necesidad de más testeos (máxime en el contexto de las reaperturas) y haber definido más tempranamente que si había transmisión comunitaria, se debería haber tenido en cuenta algo aún más importante, que se refiere a las debilidades del propio sistema de salud de Mar del Plata, el cual cuenta en el subsector público de adultos un solo hospital el HIGA, que no solo brinda servicios a la ciudad sino que además, es el lugar de derivación de toda la zona sanitaria VIII. Esto debería haber motivado a los diferentes niveles sanitarios con base en la ciudad, siempre bajo las directivas del Intendente a llevar a cabo acciones tendientes para mejorar esta situación para que la misma no origine desbordes o colapsos sanitarios. Tampoco se pudo interpretar como agravante, como lo ha manifestado la Sociedad de Terapia Intensiva local, que muchos de estos recursos comenzarían a estar alejados de sus puestos de trabajo por padecer o ser contactos de casos COVID-19 como de hecho ocurre y desde hace tiempo.

Como se dijera más arriba se deberían haber efectuado muchos más test para diagnosticar casos inclusive aquellos muy leves y en forma precoz, con el propósito de identificar y aislar a muchos más contactos, limitando la expansión de los brotes iniciales. Para ese cometido, se sugirió (sin resultado) tal como lo estaba haciendo el destacado ministro Fernán Quirós en la ciudad autónoma de Buenos Aires, efectuar test a personal de salud y residentes geriátricos asintomáticos, a modo de vigilancia epidemiológica, dado que estos serían los primeros focos, como de hecho ocurrió en el Sanatorio Houssay y varios hogares más tarde. Algunas de estas propuestas fueron formuladas los primeros días de mayo por este mismo medio Que se puede hacer para salir del encierro

¿Qué se puede hacer para adelante?

De la misma manera que en medio de un incendio no se pueden empezar a construir cuarteles de bomberos, será muy difícil aumentar las plantas físicas, como también conseguir recursos humanos especializados, así provengan de otra parte, en virtud que la situación es similar en todo el país. Pese a ser muy necesario, tampoco se podría aumentar dramáticamente el número de testeos, al menos por la técnica de PCR, que es la que se está empleando actualmente; de hecho algún centro tiene muestras frisadas para ser procesadas en cuanto sea posible. Esto no significa de ninguna manera que no haya que insistir en la realización de mayor cantidad de test. Una alternativa pudiera ser emplear los llamados “test rápidos”, como el NEOKIT desarrollado en nuestro país; estos son más económicos, se pueden obtener resultados en menos tiempo, no requieren laboratorios de alta complejidad y son muy específicos.

Por otra parte y aunque haya sido de una forma abrupta, es siempre mejor conocer el diagnóstico certero de lo que está ocurriendo y no basarse en una irrealidad, acorde a ello las autoridades sanitarias adoptaron la medida de volver a la fase 3 en virtud de que estaba ocurriendo transmisión comunitaria, aunque esta no alcanzara el 60% (SIC). En relación a la medida es difícil conocer de antemano cuál será su eficacia, dado que las sociedades en general están saturadas y descreídas de las cuarentenas y en forma paralela, es de esperar que en los próximos 10 días no disminuyan los casos sino que aumenten, dado que lo que está ocurriendo hoy son efectos de lo que el virus hizo hace dos semanas.

En este momento también es necesario remarcar lo negativo que han sido y siguen siendo los mensajes contradictorios, como por ejemplo lo fueron las idas y vueltas con el uso del barbijo. De la misma forma no parece lógico culpar solamente a los ciudadanos de lo que está pasando, por haber estado en reuniones en casas de familias con no convivientes etc., habiéndose por la contrapartida habilitado por diversas presiones, actividades gastronómicas en los interiores de bares y restaurantes.

Para ir finalizando, hasta que una vacuna esté disponible, lo cual no se prevé antes de abril, la única herramienta que se dispone es el cumplimiento del distanciamiento social, el uso del barbijo y el lavado de manos primando las actividades al aire libre y evitando estar en medio de acumulación de personas.

Si bien este mensaje debe incluir a todos los habitantes, se insta a que el mismo tenga una “población objetivo”; este debería ser en esencia para aquellas personas que sufrirán el mayor impacto pandémico, y que además serán los que saturarán los sistemas de salud. Estos son los mayores de 60 años y/o los que tienen comorbilidades como obesidad, hipertensión, diabetes, problemas cardíacos o respiratorios entre otros. Para que no queden dudas, la mortalidad por COVID-19 de los menores de 18 años es de 0.04% mientras que en los mayores de 65 años puede llegar al 10%. Esto no significa que las personas pertenecientes a estos grupos deban estar encerrados, por el contrario, deben salir a caminar con barbijos, por espacios abiertos, solos o acompañados por convivientes, porque esto es muy bueno para la salud física y mental de estas personas y tales actividades implican un riesgo muy bajo.

Para cumplir con este objetivo se sugiere en “forma inmediata” instrumentar una campaña masiva de educación comunitaria, con el apoyo de las sociedades científicas en cuanto a sus contenidos y de los medios de comunicación, que contenga mensajes claros para toda la ciudadanía, pero una vez más dirigida especialmente, a aquellos pertenecientes a los grupos de riesgo arriba mencionados. No deberían faltar en esta campaña mensajes cuyo objetivo sea que todos los ciudadanos comprendan la imposibilidad de que “personas no convivientes permanezcan en lugares cerrados, a menos de 2 metros de otras personas, sin el barbijo adecuadamente colocado en forma permanente y por un periodo de tiempo prolongado”. Debería además aclararse que reunirse con hijos, padres, nietos, abuelos, familiares o cualquier otro que NO sea conviviente, resulta desde el punto de la peligrosidad del contagio lo mismo que reunirse con personas provenientes de otras ciudades.

El mensaje final para este momento sería, si conoces bien de que se trata “nadie te cuidará mejor que vos mismo y cumpliendo con ello también protegerás a los demás”.

(*): Médico Consultor, especialista en Clínica Medica y enfermedades infecciosas. Docente universidad FASTA. Ex secretario de Salud MGP.