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Arte y Espectáculos 1 de noviembre de 2026

Rottemberg: “Mar del Plata es una marca registrada nacional y hay que defenderla”

El empresario teatral, que se prepara para su 49ª temporada en Mar del Plata, reconoció que el verano comenzó a planificarse en medio de dificultades económicas, pero aseguró que la programación logró revertir las expectativas iniciales. Habló de su nuevo libro, Pasen y lean, recordó sus comienzos en el cine, reveló anécdotas de su vida y se emocionó al recordar a Luis Brandoni. También defendió los precios accesibles, el valor de la palabra y su relación de más de seis décadas con la ciudad.

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Carlos Rottemberg tiene una relación con Mar del Plata que excede largamente los negocios teatrales. Llegó por primera vez como turista, de la mano de sus padres, hace más de seis décadas, y terminó convirtiéndose en uno de los protagonistas de la historia cultural de la ciudad. Está a punto de comenzar su 49ª temporada consecutiva y, aunque admite que el contexto económico presenta dificultades, conserva intacto el entusiasmo de aquellos primeros años.

“Mar del Plata me trató bien desde el primer día, pero antes me trató bien como turista, cuando venía con mis viejos hace más de 60 años”, recordó durante su participación en Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8 donde presentó su libro Pasen y lean, recientemente dado a conocer en la Feria del Libro de la ciudad.

Rottemberg prefiere definir a Mar del Plata como una ciudad amigable antes que recurrir al tradicional calificativo de La Feliz. Considera que su principal fortaleza reside en la comunidad que la sostiene durante todo el año y que le permite conservar una identidad reconocida en todo el país.

“Mar del Plata es una ciudad que, a partir de la comunidad local, que es la que vive todo el año, sigue siendo una marca registrada nacional”, sostuvo. El empresario llegó a la entrevista después de haber encendido algunas señales de alarma respecto de la próxima temporada teatral. Semanas atrás había reconocido que las contrataciones venían demoradas y que existía la posibilidad de mantener cerrada alguna de sus salas si no aparecían espectáculos capaces de sostener sus elevados costos de funcionamiento. Sin embargo, el panorama cambió.

“Lo que hice hace un mes y pico fue contar la realidad. La temporada viene lenta, dije. Me preguntaron cuántos espectáculos tenía firmados y contesté que dos. Claro, en relación con seis salas era poco”, explicó. Aquellas declaraciones generaron preocupación en el ambiente teatral, pero también provocaron una reacción que terminó modificando la programación.

 

 

“Hubo un cambio total. Al decir eso, un montón de gente de la comunidad teatral se alarmó y empezó a llamarme. Me decían que había que defender Mar del Plata. Y se programaron diez títulos. De los dos que teníamos pasamos a diez y vuelve a ser una temporada con todo abierto”, celebró. Entre quienes reaccionaron apareció Mauricio Dayub, que le recordó cuánto había significado Mar del Plata para su trayectoria artística. También mencionó el entusiasmo de los protagonistas de Misery, con Julia Calvo y Juan Gil Navarro.

Rottemberg está convencido de que reconocer las dificultades fue determinante para revertir la situación. “Yo creo que decir la verdad garpa. Si hubiese tapado el sol con las manos y hubiese salido a decir que no pasaba nada, probablemente me hubiese quedado con los teatros cerrados”, reflexionó.

El empresario sabe que las condiciones económicas y hasta las previsiones meteorológicas pueden influir en el movimiento turístico. Pero considera que, precisamente en esas circunstancias, quienes ofrecen espectáculos deben redoblar sus esfuerzos. “Quienes trabajamos en lugares cerrados, ahora más que nunca tenemos que dar más servicios. No menos, más”, remarcó.

Esa idea explica también el nombre Contracorriente, elegido para uno de los espectáculos de la temporada. Lo interpreta como una manera de enfrentar el pesimismo y no resignarse a bajar las persianas ante un escenario adverso. “No vengo a vender espejitos de colores, pero vamos a tener una temporada abierta”, aseguró.

Su compromiso con la ciudad tiene, además, una expresión concreta en la infraestructura teatral. Recordó que impulsó la construcción o recuperación de cuatro salas y que detrás de su actividad existe una empresa marplatense que emplea personal local durante todo el año. “No somos golondrinas que podemos decir que, si va bien, venimos a Mar del Plata y, si va mal, nos vamos. Esta es una empresa marplatense”, enfatizó.

Incluso reconoció que su aspiración económica para el próximo verano es relativamente modesta: sostener la actividad y alcanzar, si fuera posible, un equilibrio en las cuentas. “Mientras el cuerpo aguante y mientras la economía permita, al menos vamos a tratar de que el balance de marzo dé un empate”, señaló.

Consultado por la temporada número 50, que llegará en el verano siguiente, prefirió concentrarse en el presente. “Primero pasar la 49. Zafemos la 49. Preguntámelo después de marzo”, respondió entre risas.

La apuesta por las entradas accesibles

Uno de los proyectos que Rottemberg considera más importantes es el programa de precios amigables, que tendrá su cuarta edición consecutiva. La iniciativa nació, según contó, mientras se duchaba, en vísperas de una temporada especialmente difícil. Su objetivo fue ofrecer entradas a un precio fijo, con independencia de los movimientos de la inflación y de las condiciones económicas.

 

 

“Se me ocurrió bajo la ducha y fue un exitazo”, recordó. El programa se implementó en el verano de 2024, cuando la Argentina atravesaba un fuerte proceso inflacionario. Rottemberg decidió garantizar determinados valores hasta Semana Santa y asumir el riesgo de que los costos aumentaran durante ese período.

“Nos bancamos toda la inflación de ese verano y, sin embargo, la entrada se quedó en el mismo precio”, destacó. El empresario anticipó que el próximo 1º de diciembre anunciará en Buenos Aires una nueva edición de la propuesta. “Vamos a garantizar que haya un sector en platea, no colgado de la araña, con un único precio que no se toca, llueva o truene, todos los días y en todas las funciones”, explicó.

También destacó que el mecanismo no tiene restricciones respecto de los medios de pago y que su continuidad responde a la buena recepción del público.

Un libro nacido frente al mar

Más allá de los preparativos teatrales, la visita estuvo especialmente vinculada con la presentación de Pasen y lean, una obra autobiográfica que reúne recuerdos, experiencias y numerosas anécdotas de su trayectoria.

Rottemberg sorprendió al contar que el libro no fue escrito de manera convencional. “Yo soy empresario teatral, no soy escritor. Este libro lo hice hablado”, explicó. La mayor parte de los relatos fue grabada con su teléfono celular durante el verano, mientras descansaba con su familia en una carpa de un balneario marplatense.

“Todas las tardes, mientras los chicos se iban al mar o jugaban con la arena, yo me tomaba un rato para grabar en el celular, apartado por apartado”, recordó. Incluso confesó que algunas historias quedaron registradas después de detener el automóvil en lugares seguros, cuando se le ocurría algún episodio que no quería olvidar.

El libro constituye también un recorrido por sus orígenes y por una vocación que, curiosamente, no nació en el teatro sino en el cine. Rottemberg creció en Mataderos, en una familia dedicada a la fabricación de ropa de cuero. Sin embargo, desde muy pequeño sintió una fascinación especial por las salas cinematográficas.

“Yo podía describirte cómo era un cine por dentro siendo chiquito, sin haber entrado”, contó. La película que terminó de despertar su vocación fue La novicia rebelde, estrenada en 1965. La vio catorce veces en un mes y recordó que lloró al contemplar la primera escena, con Julie Andrews cantando en las praderas de Salzburgo. “Le dije a mi mamá: ‘Yo quiero hacer esto’”, evocó. Sus padres no terminaban de comprender qué significaba aquella declaración. Su padre llegó a preguntarse si el chico pretendía convertirse en cantante, director cinematográfico o incluso en novicia.

Pero el pequeño Carlos tenía una aspiración muy concreta: quería exhibir películas. Muchos años después encontró en Cinema Paradiso una representación de aquella pasión infantil. “En ese nene que miraba por el agujero de la cabina de proyección encontré lo que yo buscaba de chiquito”, señaló.

 

Y agregó que, pese al tiempo transcurrido, continúa persiguiendo exactamente el mismo objetivo: entender el gusto del público. La travesura que su madre tardó décadas en perdonarle. Una de las historias más divertidas del libro ocurrió cuando tenía apenas 16 años y decidió organizar funciones cinematográficas durante unas vacaciones familiares en Villa Gesell.

Había conseguido una sala y programado cuatro exhibiciones de una película. Pero una tormenta provocó un corte de electricidad que demoró el comienzo de la primera función. El inconveniente era que el operador tenía que retirarse a una hora determinada para regresar a General Madariaga, por lo que resultaba imposible completar todas las exhibiciones.

Rottemberg encontró una solución tan ingeniosa como cuestionable: recortar varios minutos del final de las primeras tres funciones. La película terminaba con un protagonista que huía de su propia boda. Sin embargo, para los espectadores de esas primeras exhibiciones, el personaje efectivamente se casaba.

“Cambié el final de la película. En las primeras tres funciones se casaba y en la trasnoche no se casaba”, recordó entre risas. Cuando su madre se enteró, sintió tanta vergüenza que no quería bajar a la playa por temor a encontrarse con espectadores que comentaran versiones diferentes de la historia. Décadas después, cuando Rottemberg le leyó el episodio incluido en el libro, recibió finalmente su absolución. “Mi mamá me dijo: ‘Bueno, a esta altura te perdono’”, relató.

El último regalo de Luis Brandoni

La entrevista también tuvo momentos especialmente emotivos. Uno de ellos llegó cuando Rottemberg recordó la participación de Luis Brandoni en el libro. Inicialmente había acordado que el prólogo estuviera a cargo de la periodista Laura Ventura. Sin embargo, cuando Brandoni se enteró de que estaba escribiendo sus memorias, decidió intervenir.

“Me dijo: ‘Pibe, el prólogo lo hago yo’”, recordó. Ante esa situación, la editorial aceptó incorporar dos prólogos. Rottemberg contó que el 3 de abril recibió una llamada telefónica de Brandoni, quien le anunció que había terminado su texto y quería leérselo personalmente.

“Me dijo: ‘Pibe, tengo el prólogo. ¿Te lo puedo leer?’. Y me lo leyó por teléfono. A mí me emocionó muchísimo”, relató. El actor estaba acompañado por su pareja, quien luego se encargó de enviar el material a la editorial.

Según recordó el empresario, apenas una semana después Brandoni sufrió el accidente doméstico que derivó en su fallecimiento. Por eso, aquella colaboración adquirió un valor sentimental extraordinario. “Es el último regalo que me hizo Brandoni”, expresó emocionado.

La palabra, la credibilidad y los padres

A lo largo de la conversación, Rottemberg insistió en una idea que considera central para su carrera: la credibilidad vale más que cualquier resultado económico. “Para mí la credibilidad está por encima del borderó”, afirmó, en referencia a las planillas que registran la venta de entradas y las recaudaciones de los espectáculos.

Explicó que el teatro tiene una particularidad: el público paga por adelantado por una experiencia que todavía no recibió y que, incluso, podría no gustarle. “Nosotros vendemos expectativa. La gente nos deja un dinero por algo que todavía no le dimos y no sabe si cuando se lo demos le va a gustar”, razonó.

Esa filosofía explica una costumbre que mantiene desde hace más de dos décadas: cerrar acuerdos comerciales sin contratos escritos, simplemente mediante un compromiso de palabra y un gesto con el dedo.

“No hay un papel hace más de veinte años y nunca tuve un problema con nadie”, aseguró. También recordó un reciente reconocimiento a su trayectoria, recibido en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde estuvo acompañado por su madre.

En ese escenario, frente a una platea que lo aplaudía de pie, decidió dedicar unas palabras a sus padres. “Hoy se habla mucho de meritocracia y yo creo en el mérito. Pero no todos arrancamos de la misma manera, no todos arrancamos en el mismo lugar ni con la misma contención familiar”, reflexionó.

Y reprodujo la frase que pronunció entonces, mirando hacia el palco donde estaba su madre: “Mi primer mérito fue haberlos tenido de padres”.

El teatro frente a las nuevas tecnologías

Sobre el final de la entrevista, Rottemberg fue consultado por el futuro del teatro frente al avance de las plataformas digitales, las redes sociales y la inteligencia artificial. Su respuesta fue terminante. “El teatro no puede morir porque es la única ficción artesanal”, sostuvo.

Explicó que la principal diferencia está en el contacto directo entre los actores y el público, sin posibilidades de repetir una escena o corregir una equivocación. “Acá no hay toma y retoma. No podés decir subile el volumen, bajale el volumen o hagámosla de vuelta. Es en vivo”, señaló.

Para reforzar su argumento recurrió a una comparación futbolística que aprendió de su hijo Tomás. “No se vive igual el fútbol en la cancha que por televisión. Con el teatro pasa lo mismo. Tener al actor a unos metros, verlo sin red y saber que si se equivoca lo vas a ver, es algo que no se reemplaza”, explicó.

Así, entre recuerdos familiares, historias de películas, homenajes a sus amigos y preocupaciones por el próximo verano, Rottemberg volvió a expresar su compromiso con Mar del Plata. Una ciudad que, según sus propias palabras, lo recibió primero como turista, después como empresario y que hoy forma parte inseparable de su vida.