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Opinión 30 de septiembre de 2020

Se fue uno de los peores meses de la historia de Mar del Plata con tres tristes récords

Septiembre deja en Mar del Plata récords de desocupación, pobreza y casos de coronavirus, que obligan a la reflexión y a la tarea en conjunto de cara al futuro inmediato.

Por Marcelo Pasetti

Se va uno de los peores meses de la historia de Mar del Plata. Un septiembre que jamás se olvidará. Un mes que arrojó tres récords que motivan a la reflexión y a la adopción de medidas conjuntas entre quienes tienen la responsabilidad política, económica y social de la ciudad.

Al 26 por ciento de desocupación de días atrás se sumó el lapidario índice de pobreza que llegó al 38,9 por ciento, involucrando a cerca de 250 mil marplatenses.

Y además se despide el olvidable septiembre -hasta se produjo el insólito e inédito episodio de haber tenido una Caravana de la Primavera virtual, todo un símbolo de la situación- con un récord de 9.158 casos de coronavirus en el mes, un 71 por ciento del total de los 12.862 contagios que se llevan producidos desde que se inició la pandemia. Un estrepitoso fracaso, al menos desde los fríos números, de esta permanencia en la fase 3.

Así, se llegó a un promedio de 305 casos diarios de Covid-19. Tantos casos en 24 horas como los que se registraron, en total, entre el jueves 12 de marzo, (primer positivo en Mar del Plata) y el jueves 16 de julio, es decir, 126 días.
Tres récords que hoy hasta se entrelazan y tocan puntos en común y generan un panorama más que preocupante, donde no hay más lugar para los distraídos.

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Reconocía el intendente días atrás que es el peor momento de la historia de Mar del Plata. Los guarismos lo avalan. La alguna vez bautizada como “Ciudad Feliz” hoy esgrime datos estadísticos que nada tienen que ver con aquella frase de postales.

La necesidad de encontrar soluciones, establecer planes de acción y articular políticas entre el municipio, la Provincia y la Nación constituye un imperativo de estas horas, donde no hay ni tiempo ni espacio para la maldita grieta.

El problema es hoy. Ahora. No hay lugar para dilaciones ni chicanas de bajo vuelo. Arranca un nuevo mes con comerciantes desafiando las restricciones para poder trabajar y en muchos casos sobrevivir económicamente.
Un “paro a la japonesa” que se replica en las distintas actividades productivas y económicas locales, que por cierto evidencia la necesidad, de muchos marplatenses, de poder seguir subsistiendo manteniendo sus locales y garantizando los puestos de trabajo.

En tanto, en forma paralela, clínicas y hospitales con sus planteles profesionales diezmados -en lo que va de la pandemia tuvieron coronavirus 1.011 trabajadores de la salud de Mar del Plata- cuentan día a día las camas de terapia intensiva para garantizar la demanda. El límite es finito. Allí también todo pende de un hilo.

La única salida, se señala desde amplios sectores, es aprender a convivir con el virus, manteniendo a rajatabla los protocolos y medidas sanitarias con la responsabilidad social individual como estandarte mayor.

La necesidad de encontrar soluciones, establecer planes de acción y articular políticas entre el municipio, la Provincia y la Nación constituye un imperativo de estas horas, donde no hay ni tiempo ni espacio para la maldita grieta.

Desde otros sectores, en tanto, se recomienda cerrar, descongestionar el sistema de atención de la salud y lograr que haya menos circulación y menos casos. La temporada, sostienen, está muy cerca y no se puede perder.

Sin embargo, es el hoy y el mañana lo que apremia. Así como septiembre ha constituido el peor mes de la historia de la ciudad, quizás octubre se convierta en el mes de los consensos, de la unidad, del trabajo en común.

El mes en el que Mar del Plata, definitivamente, comience a ponerse de pie, no ya con el norte de ser la “Ciudad Feliz”, sino al menos, para que inicie el camino, con su dirigencia encolumnada, para dejar atrás estos récords que sólo generan tristeza y desazón.

“¿No sería más progresista preguntar dónde vamos a seguir, en vez de dónde vamos a parar?”, se preguntó reflexivo alguna vez Quino -su fallecimiento, otro motivo para convertir en más olvidable este septiembre- a través de la inigualable Mafalda…

Estar a la altura del desafío será responsabilidad de todos.

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