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Opinión 26 de octubre de 2026

Serás lo que quieras ser…

Ser en el hacer: vocación y desempeño laboral de los RRHH

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Alberto Farías Gramegna.

Por Alberto Farías Gramegna (*)

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“No tengo al mundo más que por lo que es (…) un teatro donde cada cual debe representar su papel”
– El Mercader de Venecia, W Shakespeare

***

(Primera parte)

La convergencia de intereses y necesidades del hombre trabajando en situación resulta de la articulación del recurso humano con el factor humano. El personaje del rol organizacional amalgamado con las necesidades integrales de la persona (desde las básicas fisiológicas hasta las de autorrealización)

La tensión entre personaje y persona es funcionarizada o disfuncionalizada por la personalidad del actor laboral. Personaje de rol, persona de necesidad y personalidad del trabajador se despliegan en un escenario preciso sobredeterminado y sobredeterminante: la organización laboral.

En “La personalidad en acción y el modelo convergente” de próxima edición, he abordado la interacción de estas cuatro variables.

Al respecto en el Prólogo la Dra. Silvia B Gelvan de Veinsten nos dice: “Desde ambas posiciones se entiende que el ser humano en situación de trabajo no opera de forma lineal. Coexisten la identidad profunda (Persona) y la máscara o función social que se despliega ante los demás (Personaje). El “personaje” no es ni falso ni negativo y la eficacia laboral depende de que el personaje y la persona estén en armonía, evitando que se contradigan, se superpongan o se destruyan mutuamente.

El Rol no es la Identidad. Un trabajador nunca debe confundir su valor como “persona” con los éxitos o fracasos de su “personaje” corporativo. Para nuestro autor, el personaje laboral -el rol profesional definido por la organización- es un posible espacio de realización técnica y operativa de la identidad.

El núcleo de su agudeza conceptual reside en entender que la capacitación laboral tradicional fracasa porque intenta entrenar al “personaje” ignorando a la “persona” y, en consecuencia, a su personalidad”.

Que el sujeto identifique su ser productivo y creador con su trabajo, que pueda alinear su identidad laboral con lo que hace y produce y con el cómo y dónde lo hace es una cuestión de enorme relevancia a la hora de considerar la calidad de vida laboral y la autorrealización por la profesión del oficio. Es interesante señalar como un hecho cotidiano, que cuando le preguntamos a alguien por lo que hace laboralmente nos expresa una respuesta relacionada con su “ser de trabajo”: dice “soy comerciante, ingeniero, profesor, periodista, etc.”. El ser se expresa por el hacer y viceversa.

Durante mucho tiempo se consideró a la vocación como una fuerza innata e irrefrenable capaz de sortear todos los escollos que se interpusieran entre el individuo y su meta.

La vocación estaba más allá del carácter y de las circunstancias, era un sino, un llamado interior que le permitía a alguien “ser lo que debía ser o sino no ser nada”, tal la sentencia atribuida al Gral. San Martín.

Ser en el hacer: inclinación, actitud, aptitud y rasgo de personalidad

Modernamente la idea acerca de la vocación ha cambiado sustancialmente, al menos desde el enfoque científico de los especialistas (psicólogos laborales, sociólogos, etc.).

El diccionario nos ubica en el origen de la palabra: “del latín vocatione, llamamiento. Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera. Aptitud o atracción por una actividad profesional determinada.

Para una adecuada orientación vocacional la psicología tiene en cuenta el desarrollo conseguido en aquellas aptitudes intelectuales que más directamente están en relación con la profesión a la que el joven se siente inclinado, y también sus principales rasgos de personalidad”.

Remarquemos dos palabras de la reciente definición: “inclinación” y “aptitud” y ambas se relacionan con el concepto de “rasgo de personalidad”.

Puede alguien sentirse inclinado o entusiasmado por alguna actividad profesional, pero luego descubrir que su aprendizaje le resulte difícil o aburrido porque en verdad no reúne las aptitudes necesarias. Esto no tiene nada que ver con la inteligencia o la voluntad, sino con la personalidad y los intereses “esenciales” de cada uno.

Sería demasiado pretencioso intentar definir los factores que intervienen en la formación de una actitud vocacional -que en nuestro mundo actual choca con límites precisos que hacen confrontar deseos con realidades estrechas- Los hay relacionados con el concepto psicológico de “Ideal del Yo” (como uno mismo imagina que quisiera ser), factores de presión familiar, de circunstancias económicas, de condiciones de oferta y demanda del mercado, de prestigio social, de moda, de tradición, vinculados con situaciones traumáticas de la vida infantil que con conciencia o no se buscan enmendar, etc.

Lo cierto es que toda pretendida vocación comienza en una fantasía de ser de tal o cual manera, haciendo esta o aquella cosa en determinadas circunstancias; pasa luego por un momento de decisión al tener que concretar el tiempo de estudio real, (facultad, escuela técnica, etc.) y arriba a un periodo de crisis al aproximarse la graduación y tener que buscar trabajo.

El comienzo de la vida laboral es siempre crítico porque implica un cambio de status socio-familiar y un pasaporte al mundo del rendimiento productivo que la sociedad y nuestro entorno inmediato nos exige, como confirmación, además, del paradigma que equipara lo normal a lo saludable. Para aquel que ingresa al mundo del trabajo estrenando una profesión, el desafío es doble: a mi identidad adulta le sumo la identidad del ser profesional. A mi nombre se pega como prefijo el tratamiento social que otorga mi título. Con el tiempo a la habilitación técnica le sumaré experiencia y si mi personalidad resulta compatible y creativa quizá alcance un desempeño rayano en la excelencia. Pero eso ya es otra historia, que invito al lector abordar la segunda parte de esta breve comunicación que ofreceré próximamente.

 

(*) Psicólogo consultor en RRHH y Psicología del Trabajo. (UBA) Profesor Psicología de la Personalidad (UNMDP) – Profesor invitado Universidad de Murcia.