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Cultura 4 de mayo de 2024

Sergio del Molino: “Los herederos sentimentales del nazismo tienen mucho poder hoy en Europa”

Sergio del Molino, periodista y escritor, nacido en España en 1979, estuvo presente en la 48ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para presentar Los alemanes, su última novela, galardonada con el premio Alfaguara. En la ocasión, le dio una entrevista exclusiva a LA CAPITAL, oportunidad en la que expresó sus opiniones acerca de la actualidad política de Europa, la crisis de representación, la democracia y de cómo todavía no se han superado las consecuencias del nazismo.

Por Dante Galdona

Sergio del Molino nació en España en 1979, es periodista y escritor, columnista de medios como El País y autor de numerosos libros que van desde relatos, ensayos periodísticos como Soldados en el jardín de la paz hasta La España vacía, donde indaga en el problema de la despoblación. Otro de sus libros, La hora violeta, narra la vida de su hijo a raíz del diagnóstico de una enfermedad rara, y en La piel, en clave autobiográfica, aborda el tema de la psoriasis. La mirada de los peces, No habrá más enemigo y Lo que a nadie le importa se suman el caudal de títulos de este prolífico e imperdible escritor.

Presente en Argentina invitado para la 48ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el periodista y escritor español Sergio del Molino se tomó un tiempo para conversar con LA CAPITAL sobre su último libro, “Los alemanes”, título con el cual ha sido galardonado con el premio Alfaguara de novela. La novela indaga en las vidas de descendientes de alemanes en España, el pasado y las consecuencias que acarrean en la actualidad al calor de su crianza, donde no faltan escenas de maltrato y la culpa que se instala en los personajes. La muerte de Gabi, el hermano mayor de los tres hermanos Schuster, es el disparador de los acontecimientos que hacen de esta novela un relato cautivador aún entre los escombros de una familia signada por lo más crudo de la política internacional del siglo 20.

-Vos sos más ensayista que escritor de ficciones, ¿hay diferencia en cuanto al oficio escritor?

-Si bien es la primera ficción, tengo una trayectoria narrativa. Lo que no tenía eran ficciones puras. Tenía narrativa autobiográfica. Para mí no hay un salto entre una y otra. Aunque trates con la realidad o trates con la fabulación, la cuestión consiste en construir un mundo que tenga una consistencia, un cuerpo, unos personajes, un espacio, y eso lo hacemos independientemente del lugar de donde procedan los materiales. Lo único que cambia es la procedencia. Unos están inventados y otros vienen de la realidad, de datos, de un repertorio que tienes, y con eso trabajas. No noto gran diferencia, no me sentí otro escritor al escribir esta novela.

-La novela tuya habla de las repercusiones actuales de lo que dejó el nazismo en España, en Argentina también hubo una especie de retiro dorado de los nazis. ¿Qué paralelismo ves en ese sentido? ¿Fue planificado o fue circunstancial?

-Fue una huida muy planificada y muy organizada, con colaboración de Estados como el español, sin el cual no se hubiera podido realizar esa fuga. Hay dos protagonistas dentro de la fuga de los nazis de Europa, muchos de los cuales, evidentemente, acabaron en Argentina, también en Chile, Brasil y Uruguay, y unos cuantos se quedaron en España también. Hay dos colaboradores, uno es el Estado de Franco y el otro es el Vaticano, la Iglesia. Sin esas dos colaboraciones los nazis la hubieran tenido muy difícil para poder cruzar el océano y ponerse a salvo. Ellos tenían la suerte de que tenían un Estado amigo en mitad de la ruta y con puertos directamente conectados con Buenos Aires y con las principales rutas transatlánticas. Si España hubiera sido un Estado democrático y hubiera sido una potencia de los aliados, los nazis jamás hubieran salido de Europa.

El Vaticano tuvo dos papeles ambivalentes. Por un lado sí que ayudó a algunos judíos y previno algunas masacres, terciando en algunas, aunque de forma muy tibia. Pero en ocasiones fue profundamente colaboracionista. Además se sentía porque el Vaticano estaba rodeado de un Estado fascista, y las redes de la Iglesia, muchas de ellas fueron colaboracionistas. Algunos nazis procedentes de lugares católicos relacionados con la parte católica de Alemania sí que utilizaron las redes de la Iglesia para poder refugiarse y alcanzar los puertos de Italia y llegar a América latina.

-¿Cómo es la actualidad del neonazismo en Europa y en España en particular? ¿Sigue siendo marginal o ves un resurgimiento?

-El neonazismo siempre ha sido muy marginal si entendemos por tal movimientos que se reclaman inequívocamente nazis. Otra cosa es la ultraderecha radical, fanática, por muy violenta y radical que sea no se reclama nacional socialista. Pero los que sí se reclaman y directamente usan esvásticas y toda la parafernalia siempre han sido muy marginales, nunca han alcanzado nada, lo que pasa es que parte de su espíritu está en algunos partidos que tienen mucho poder ahora mismo y que no tienen reparos en ser deliberadamente ambiguos con el holocausto. Son partidos de nuevo cuño, estoy hablando de Alternativa por Alemania, del Frente Nacional (Francia), podría hablar de Vox en España, son partidos de extrema derecha que no son neonazis, no son neofascistas, pero sí que tienen radicalidad en el discurso y la propuesta, hay un programa xenófobo y racista que los acerca mucho a esas posiciones.

-Y tolerancia con esas expresiones…

-Bueno, según los países. En Alemania es bastante ilegal cualquier expresión, cualquier manifestación que se pueda considerar filonazismo y en general en toda Europa y en España también, lo que pasa es que muestran unas simpatías muy difusas. Pero sí que están en los parlamentos, en las instituciones, es probable que Marine Le Pen, en su versión ya muy descafeinada de lo que fue el Frente Nacional, acabe consiguiendo la presidencia de Francia. Son los herederos, pero los herederos no directos sino culturales del nazismo, ni siquiera orgánicos, yo diría los herederos sentimentales del nazismo tienen mucho poder ahora mismo en Europa, son una fuerza no dominante pero sí que tiene presencia institucional y capacidad para gobernar.

-En en Argentina, nuestra vicepresidenta es defensora de nuestra última dictadura. ¿Hay alguna conexión concreta en eso o son simplemente procesos mundiales que se van dando de forma independiente?

-Yo creo que es una tendencia clara de la política mundial actual en todos los países occidentales. Creo que hay una enorme cantidad de población en todos los países que se siente marginada, que se siente frustrada, que se siente fuera de las coordenadas del sistema político y hay un montón de opciones políticas que han surgido al calor de lo que llamaríamos genéricamente populismos y que están muy escorados hacia posiciones radicales de derecha que catalizan ese malestar que otras posiciones políticas no saben expresar. Y eso es algo común, pasa en Argentina, pasa prácticamente en todos los países. En Estados Unidos lo estamos viendo pasar, el Partido Republicano ha desaparecido como tal, se ha convertido en una fuerza radical muy distinta a lo que solía ser y se expresa en todos los países europeos con mayor o menor fuerza. Pero todos tienen un partido político, una opción, un líder más carismático que abraza ese descontento, que es un descontento legítimo, es un descontento basado en razones reales. Quiero decir que de verdad hay una parte de la población que se siente realmente desconectada de los sistemas democráticos, porque no sienten que les den solución a sus problemas, no se sienten representados por ellos. Es un fracaso de la democracia liberal el hecho de que no haya sabido incorporar a todas esas capas de población que ahora se sienten totalmente huérfanas.

-¿Creés que hubo una cierta reticencia a discutir la la democracia o las formas de la democracia actuales?

-No lo creo. Creo que es algo más profundo, que tiene que ver con corrientes mucho más de fondo y con la estructura económica y con cómo se han ido desarrollando las desigualdades económicas que han dejado fuera a mucha gente. Creo que no es un error del propio sistema democrático, que sea especialmente rígido. Unos lo son más que otros, unos son más democráticos que otros. O sea, no hay dos sistemas democráticos liberales iguales. El sistema argentino es muy distinto del español, aunque compartan su sistema parlamentario, bicameral, aunque compartan muchos rasgos. Pero luego hay rasgos de cultura del funcionamiento institucional y un montón de cosas que hace que cada democracia sea muy distinta y responda de forma muy distinta, y unas son más elásticas y otras menos elásticas, pero creo que todas han sufrido esta oleada que estamos viendo, con lo cual no creo que la democracia tenga que ser más autocrítica, aunque nunca está de más.

-¿Qué rol juegan los tradicionales medios y las nuevas formas de comunicación en todo este proceso?

-Las redes sociales y las redes más virulentas como Twitter han sido el vehículo de expresión preferido y de crecimiento y donde han encontrado un espacio y una forma de comunicar y de crear y de crear públicos y de crear seguidores que por los medios de comunicación tradicionales no lo hubieran conseguido. Por ahí han crecido mucho porque son medios diseñados para la bronca, para lo reactivo, para la propaganda rápida que es con la que funcionan ellos. Han tenido un papel fundamental, evidentemente sin Twitter muchos de esos fenómenos no existirían tal y como los estamos viviendo ahora.