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Arte y Espectáculos 3 de noviembre de 2020

“Somos portales a los mundos maravillosos que encierran los cuentos y las historias”

Silvana, Marcos y Frida, hacedores de "Andante Cocoliche", crearon su compañía de narraciones orales, en la que dan vida a los relatos con la combinación de diferentes técnicas. Sueñan con viajar compartiendo sus historias. Aprovecharon la quietud de la pandemia para adaptar la iniciativa a las redes sociales y participar en eventos virtuales.

La familia "Andante Cocoliche": Silvana, Marcos y la pequeña Frida.

Silvana De Gaetano y Marcos Gallo crearon la compañía “Andante Cocoliche” hace varios años, con el objetivo de llevar su amor por la narración oral por los caminos que les gusta explorar. El proyecto se nutre de las distintas técnicas y experiencias que han ido aprendiendo a lo largo de los años. Con base en el tradicional kamishibai japonés, sumaron circo, títeres y origami. En los últimos meses -y con el fin de poder difundir sus historias a través de las plataformas digitales- comenzaron a aplicar el stop motion para la creación de los videos, al tiempo que su hija, Frida, se integró a la iniciativa aportando su espontaneidad e imaginación.

Mientras aprovechan la cuarentena para profundizar en la creación de historias propias, investigan los elementos del teatro de sombras, para sumarlos a sus nuevas producciones.

El fin: convertirse en “simples portales a los mundos maravillosos que encierran los cuentos y las historias”, según contaron a LA CAPITAL. Recientemente han participado de la quinta Feria del Libro de Mar Chiquita y en el Festival Virtual de Teatro para Niños, Niñas y Adolescentes EntreActo.

Silvana es licenciada en bibliotecología, docente de nivel inicial y tiene años de práctica de artes circenses. Marcos es ingeniero y también tiene práctica de circo, origami y stop motion. Ambos se introdujeron en el mundo de los títeres de la mano del querido Pepe García. El kamishibai que utilizan fue realizado artesanalmente con sus propias manos.

En estos tiempos de pandemia que nos llevaron a permanecer más tiempo en casa, trabajaron en la adaptación de su iniciativa de animación de lecturas a los formatos de internet y ya cuentan con varios microrrelatos que se pueden disfrutar, de manera gratuita, en sus perfiles de Instagram (@andante_cocoliche) y Facebook (Andante cocoliche).

Mientras siguen explorando y creando, tanto para estas plataformas como para presentarse en futuros festivales, virtuales por el momento.

– ¿Cómo definen Andante Cocoliche?

– La compañía surgió como un proyecto de animación de la lectura, de llevar libros y propuestas en donde fuéramos convocados, desde un jardín de infantes, un cumpleaños o una feria del libro. Nos encanta viajar y nuestro sueño es poder rodar por los caminos con el proyecto.

– ¿Cómo fue la incorporación de su hija, Frida, al emprendimiento?

– Frida naturalmente fue mamando este sentir y hoy se encuentra haciendo sus aportes a las creaciones colectivas.

– ¿Qué los inspira? ¿De dónde salen sus relatos?

– Gran parte surge de lo que hemos ido leyendo a través de la literatura infantil, de ver espectáculos de diferentes vertientes y, desde la llegada de Frida, de mirar juntos los dibujitos animados. En estos momentos estamos empezando a crear nuestras propias historias.

– ¿Cuáles son las técnicas de las que se valen para contar las historias y cómo las combinan?

– Hoy por hoy, y más aún en este contexto de la pandemia, hemos ido explorando el contar a través de un elemento de la tradición oral japonesa llamado kamishibai y hemos agregado el origami y el stop motion. Nos hemos nutrido también de nuestro aprendizaje de circo y del mundo de los títeres con el gran Pepe García. Tenemos en mente sumar a todo eso el teatro de sombras.

– ¿La base del kamishibai es la “caja” que utilizan como escenario? ¿Qué pueden contar de la técnica?

– Es una técnica que viene de la tradición japonesa y quiere decir drama de papel o teatro de papel. Si bien es antigua, tuvo mucho auge en la época de la Gran Depresión -década del 30- en Japón. En ese momento de crisis y escasez de trabajo, se montaba el kamishibai en la bicicleta y el artista iba por los pueblos contando historias y vendiendo golosinas. Era la forma de parar la olla. La forma más tradicional es ir pasando las láminas por el kamishibai, como si fueran páginas de un libro, mientras se va narrando, pero puede adquirir infinitas posibilidades y variantes. Como usarlo como ventana -aparecer nosotros con las caras desde atrás, utilizar personajes de origami. Nosotros aprendimos la técnica con Carmen Kohan, ella incorpora iluminación, rieles o varillas y da vida a títeres. Hay muchísimo por hacer.

– ¿Cuánto de preparación/ ensayo y cuánto de intuición/ improvisación/ espontaneidad manejan en las narraciones?

– En esta etapa, en la que generamos microrrelatos audiovisuales, partimos de una idea, donde sí aparece la espontaneidad. Luego cuando la grabamos ya entra en juego lo demás, pero claramente la preparación y el ensayo logran que todo sea más fluido.

– ¿Qué es lo que a ustedes más les atrae de contar historias, de narrar?

– Apuntamos a generar una emocionalidad, a actuar de simples portales a los mundos maravillosos que encierran los cuentos y las historias.

– ¿Cuál es el valor, el poder, que tienen las buenas historias?

– Más que nada creemos en las historias, ni buenas ni malas. Ahí están para tomarnos de la mano o sacudirnos.

– ¿Creen que en los adultos está un poco relegado entregarse a una buena narración oral?

– Un poco puede ser, por el pudor o la adultez, pero si abrimos un poco la coraza puede volver a brotar aquello que haga vibrar nuestra fibra íntima.

– ¿Cuál es la importancia de lo no dicho o para que quien escucha sea más partícipe, pueda completar la historia?

– Lo no dicho para nosotros es la esencia de lo que hacemos, es el portal que habilita a tomarse de la mano con el mundo subjetivo que habita en todo ser humano, sea niño o adulto.