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Opinión 6 de marzo de 2021

Terrorismo doméstico en EEUU: una amenaza real y concreta

Integrantes de la agrupación Proud Boys durante una manifestación en Raleigh, Carolina del Norte. Foto: Flickr | Anthony Crider.

por Alberto Galeano

El auge del terrorismo doméstico en Estados Unidos, cuyo punto culminante fue el asalto al Capitolio el pasado 6 de enero, muestra el avance de un flagelo que tiene antecedentes como el “Unabomber” o el atentado de la ciudad de Oklahoma, beneficiados por la venta libre de armamentos en el país.

Durante el Gobierno de Donald Trump, varios grupos supremacistas blancos apoyaron al exmandatario republicano, entre ellos los Proud Boys (muchachos orgullosos), Oath Keepers (guardianes del juramento) o Boogaloo Boys.

Esta semana, el director de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI), Christopher Wray, dijo en el Congreso que en septiembre el número de arrestos por casos de terrorismo doméstico subió a cerca de 1.000, pero al terminar el 2020 hubo 1.400 y se volvieron a incrementar después del ataque del 6 de enero.

Las autoridades estadounidenses creen que detrás del asalto al Capitolio hay un movimiento con raíces históricas que no está dispuesto a desaparecer durante el actual Gobierno del presidente demócrata, Joe Biden.

Para Patricio Navia, profesor asistente de la Universidad de Nueva York, “con lo fácil que resulta acceder a armamentos en Estados Unidos, cualquier grupo terrorista doméstico puede armarse con facilidad”.

“Lo que pasó el 6 de enero es evidencia de que hay personas dispuestas a hacer locuras por causas extremistas en Estados Unidos”, dijo a Télam el cientista político.

Navia opinó que “las advertencias de Wray son reales y basadas en evidencia concreta. La combinación de fácil acceso a las armas, polarización ideológica y un liderazgo político que justifiquen el uso de la fuerza, es un caldo de cultivo perfecto para este tipo de ataques terroristas”.

De todos modos, el analista señaló que “la inteligencia estadounidense está muy desarrollada” para detectar dicha actividad.

“Por eso Wray está pidiendo que el Gobierno y el Congreso asignen recursos suficientes para enfrentar adecuadamente esta amenaza real y presente, como dirían en inglés”, señaló Navia.

Lo que dice Wray coincide con lo que advirtió a mediados de enero el jefe de Inteligencia y Antiterrorismo de la Policía de Nueva York, John Miller, quien señaló que Estados Unidos no posee leyes para luchar contra el terrorismo doméstico, comparadas con las que sí tiene para combatir el terrorismo internacional.

Miller dijo también que un estadounidense puede ser juzgado si discute en un foro del grupo Estado Islámico (EI), pero “no si interacciona con un grupúsculo neonazi situado en Estados Unidos, aunque esté construyéndose un arsenal”.

Terrorgram

Según France24, uno de los sitios de propagación de los mensajes conspirativos y supremacistas es la aplicación de mensajería Telegram.

Este medio francés citó un análisis de “Daily Beast”, una publicación estadounidense especializada en política y entretenimiento, que informó que existen 20 canales líderes que forman parte de la red Siege, conocida como “Terrorgram”.

Dicha red tiene más de 120.000 suscriptores que reivindican las actividades terroristas del noruego Anders Breivik, quien mató a 72 personas en julio de 2011, o del australiano Brenton Tarrant, acusado de asesinar a 51 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda, el 15 de marzo de 2019.

Ante el incremento del terrorismo doméstico, el Gobierno del presidente Biden se propone crear nuevas leyes para luchar contra esta calamidad.

Pero un grupo de 135 organizaciones de defensa de los derechos civiles pidió al Congreso que no apruebe nuevas leyes antiterroristas luego de los ataques del 6 de enero, ya que podrían usarse para elaborar perfiles raciales o para vigilar a las comunidades de color y a los opositores políticos, bajo la excusa de la defensa de la seguridad nacional.

Sin embargo, el problema del terrorismo doméstico no es nuevo en Estados Unidos.

El 19 de abril de 1995, Timothy McVeight hizo estallar un camión repleto de explosivos contra el edificio federal Alfred P. Murrach, ubicado en el centro de la ciudad de Oklahoma, matando a 168 personas y dejando unos 600 heridos.

McVeight, un ex sargento de infantería de la Guerra del Golfo, distinguido con la estrella de bronce por su heroísmo, nunca se arrepintió del atentado de Oklahoma antes de ser ejecutado con una inyección letal el 11 de junio de 2001.

Otro caso conocido fue el de Theodore Kaczynski, llamado el “Unabomber”, acusado de enviar “cartas bombas” con la que cometió varios asesinatos. Durante 17 años, el filósofo y matemático realizó 16 ataques que mataron a tres personas e hirieron a otras 23

Más allá del auge del terrorismo doméstico, los tiroteos en los centros educativos, iniciados por jóvenes iracundos, dejaron en los últimos años mucho más muertos que los ataques calificados de “terroristas” en Estados Unidos, donde cualquier persona puede comprar un arma en un supermercado.

Télam.



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