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La Ciudad 6 de agosto de 2026

Tomás Trapé: “Malvinas volvió a ordenar la conversación nacional”

“Malvinas no es el pasado; Malvinas es el futuro”, sostuvo el politólogo rosarino, una de las nuevas voces surgidas del streaming político argentino.

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"La política debería volver a hacerse cargo de los problemas reales", aseguró Tomás Trapé.

Rosarino, politólogo, docente y una de las revelaciones del streaming político argentino, Tomás Trapé construyó en apenas tres temporadas de Cabaret Voltaire un espacio que logró romper la lógica porteña e instalarse en la conversación pública desde el interior del país.

En diálogo con Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8 analizó el fenómeno que despertó la bandera de Malvinas exhibida por la Selección Argentina durante el Mundial, cuestionó el funcionamiento de la política, advirtió sobre los riesgos de una comunicación gobernada por los algoritmos y defendió la necesidad de recuperar un proyecto nacional basado en la soberanía.

Cuando habló de comunicación, Trapé también habló de sí mismo. Reconoció que llegó hace poco al mundo del streaming, pero que la irrupción de las nuevas plataformas cambió para siempre las reglas del juego.

“Cabaret Voltaire nació en Rosario y nunca dejamos de vivir allí. Sin embargo, hoy logramos entrar en la conversación nacional sin pasar por el recorrido tradicional. Antes parecía imposible discutir la agenda del país desde el interior. Las nuevas tecnologías cambiaron eso y demostraron que ya no importa tanto dónde estás, sino qué tenés para decir”, detalló.

Con un estilo pausado, más reflexivo que confrontativo, se convirtió en una de las voces jóvenes más escuchadas del debate político. Y esa mirada quedó reflejada cuando analizó uno de los hechos que, a su juicio, dejó el Mundial: la irrupción espontánea de la bandera de las Islas Malvinas sostenida por los jugadores argentinos.

Trapé distingue entre utilizar el deporte con fines políticos y descubrir la política que emerge naturalmente desde los acontecimientos. “Una cosa es politizar el fútbol y otra muy distinta es ver la política que hay dentro del fútbol. Esa bandera no fue diseñada por un partido ni por un gobierno. Nació sola. Y justamente por eso tuvo tanta potencia”, detalló.

Para el politólogo, el impacto no estuvo solamente en la fotografía, sino en todo lo que provocó después. En este contexto, puntualizó que “si los jugadores hubieran salido con una bandera contra el cambio climático o apoyando cualquier causa global, probablemente no habría pasado nada. En cambio, salieron con una bandera que decía que las Malvinas son argentinas y cambió la conversación pública.”

Su interpretación va mucho más allá del episodio. “Malvinas –añadió– no es la historia. Malvinas es el futuro. Es probablemente la única causa capaz de unir a los argentinos por encima de las diferencias políticas. Nos obliga a mirar el Atlántico Sur, la Patagonia y la Antártida. Nos devuelve una idea de destino común”.

Una política que dejó de escuchar

Uno de los tramos más críticos de la entrevista estuvo dirigido hacia la dirigencia política en general. Trapé sostiene que los dirigentes fueron reemplazando el contacto con la sociedad por un entramado de consultores, estrategas y especialistas en comunicación.

“La política piensa cada dos años. Está ocupada en la próxima elección. Delegó las ideas en asesores, consultores y expertos en imagen. Pero la única voz que debería escuchar es la del pueblo argentino”, sentenció y como ejemplo mencionó problemas cotidianos que, según entiende, permanecen sin respuesta mientras la política discute otras prioridades.

“La Argentina –explicó en la entrevista con Agenda Real– está llena de repartidores y choferes de aplicaciones. ¿Por qué nadie piensa soluciones para ellos? ¿Por qué siempre aparecen fundaciones o consultoras diciéndole a la política qué tiene que pensar? La política debería volver a hacerse cargo de los problemas reales”.

Trapé observó con preocupación el modo en que las redes sociales modificaron el trabajo periodístico. “El gran desafío es preguntarnos si estamos produciendo contenido para alimentar el algoritmo o para fortalecer el periodismo. Son cosas completamente distintas”, reflexionó.

En ese contexto, cuestionó la lógica de la viralización permanente y del consumo rápido de información. En ese sentido, aseveró que “muchas veces terminamos copiando los métodos de las redes sociales y eso empobrece el debate. La velocidad no siempre produce mejores ideas”.

Milei, el peronismo y la representación

Aunque se definió peronista, evitó las respuestas complacientes y reconoció que Javier Milei interpretó un clima social que el resto de la política no logró comprender.

“Milei –dijo– encarnó una época. Ese fue su gran mérito político. Hoy faltan dirigentes que sean capaces de encarnar el futuro y no solamente administrar el pasado”.

Al mismo tiempo, sostuvo que el peronismo necesita una profunda renovación comentando que “no alcanza con ganar discusiones en las universidades o en las redes sociales. El desafío sigue siendo representar a las mayorías”.
Hacia el final de la conversación, Trapé volvió sobre un tema que considera central: la construcción de un proyecto nacional. En este sentido, expresó que “Argentina tiene que empezar a discutir tecnología, geopolítica y defensa. No existe un país verdaderamente soberano sin capacidad para defender esa soberanía”.

Por eso propuso ampliar la agenda pública. “Tenemos que discutir cuál será el rol de las Fuerzas Armadas en el siglo XXI, cómo incorporamos tecnología y cómo defendemos nuestros intereses estratégicos en el Atlántico Sur”, insistió.
Consultado sobre quiénes vale la pena escuchar hoy en la Argentina, menciona al especialista en tecnología Tomás Borowinski, al docente y analista geopolítico Juan José Borrell y al dirigente sindical Pablo Flores, a quienes considera voces capaces de aportar ideas para pensar el futuro del país.

La entrevista terminó con una sonrisa.

La comparación con aquel viejo video de un joven Diego Maradona hablando de sus sueños derivó en una pregunta inevitable.
—¿Alguna vez soñaste con ser presidente?
Trapé hizo una pausa, sonrió y respondió sin demasiadas vueltas.
—Alguna vez lo soñé.