“Un día de cielo… y de tierra”, cuando la plata no alcanza y la paradoja de la pesca en tiempo de exportaciones
Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
Antes de escribir el libreto de la visita del papa León XIV, el Gobierno tuvo que reescribir el de la Ley de Tierras. Así de contrastada fue la jornada política de este miércoles. El día amaneció con una noticia que la Casa Rosada celebró: el Vaticano confirmó que León XIV visitará la Argentina en noviembre. Lo que nunca hizo Francisco durante su pontificado lo concretará su sucesor. Una imagen de alto impacto institucional que el Gobierno recibió como una buena noticia. Pero las sonrisas duraron poco. Con el correr de las horas, la realidad parlamentaria obligó al oficialismo a retroceder. Sin los votos para evitar una derrota en el Senado, La Libertad Avanza decidió retirar del proyecto el capítulo que flexibilizaba la venta de tierras rurales a extranjeros. Fue una decisión política para salvar el resto de la ley, pero también el reconocimiento de que la resistencia había crecido mucho más de lo previsto.

La presión llegó desde varios frentes. Gobernadores que hasta aquí habían acompañado al Gobierno marcaron límites. Senadores aliados avisaron que no estaban dispuestos a avanzar. Y, casi al mismo tiempo, el debate salió del Congreso para instalarse en las redes sociales y en el mundo del espectáculo y del deporte. Hubo un hecho que terminó dándole al tema una carga simbólica difícil de neutralizar. Apenas horas después de la victoria de la Selección Argentina sobre Inglaterra en el Mundial, con los jugadores celebrando detrás de una bandera que decía “Las Malvinas son argentinas”, comenzó a instalarse con fuerza la discusión sobre la posibilidad de flexibilizar la compra de tierras por parte de extranjeros. La imagen de la Selección y el debate legislativo quedaron inevitablemente asociados. Después, llegaron las voces de artistas y músicos con consignas como “La Patria no se vende” y hasta apareció un respaldo que terminó de potenciar el tema: Lisandro Martínez, defensor de la Selección, compartió un mensaje en sus redes con una frase que rápidamente se viralizó: “Las tierras argentinas no se venden”. El posteo del campeón del mundo se sumó a un clima de opinión que el oficialismo nunca consiguió revertir.

La batalla dejó una enseñanza política. El Gobierno quiso presentar el proyecto como una discusión sobre propiedad privada e inversiones. Buena parte de la oposición logró convertirlo en un debate sobre soberanía. Y cuando en la agenda pública empiezan a mezclarse Malvinas, la Selección, artistas populares y campeones del mundo, la discusión deja de ser solamente legislativa para transformarse en una cuestión profundamente emocional. El miércoles terminó, entonces, con dos postales muy distintas: la del Papa anunciando que vendrá a la Argentina y la del Gobierno dando un paso atrás para evitar una derrota en el Senado. En política, muchas veces las mejores noticias duran apenas unas horas. Y este miércoles fue una prueba de ello.

Mientras tanto, hay una imagen que resume mejor que cualquier indicador económico el momento que atraviesa buena parte de la sociedad: el calendario. Según un relevamiento de la consultora Zentrix, dos de cada tres argentinos se quedan sin ingresos antes o alrededor del día 20 de cada mes. Es decir, todavía faltan diez días para cobrar y la plata ya no alcanza. El trabajo agrega otros datos que ayudan a entender por qué la preocupación económica sigue ocupando el centro de la escena. El 86,6% considera que hoy se necesitan dos o más empleos para llegar a fin de mes y casi seis de cada diez admitieron haber tomado deuda durante el último semestre. Lo más llamativo es el destino de ese endeudamiento: ya no se trata de comprar un auto, refaccionar la casa o financiar un proyecto. Más de la mitad recurrió al crédito para afrontar gastos básicos como alimentos, servicios o el alquiler.

La encuesta también refleja una sensación extendida de pérdida de poder adquisitivo. Casi nueve de cada diez consultados sostienen que sus salarios no le ganan a la inflación, incluso entre quienes apoyan al Gobierno. Es un dato que ayuda a explicar una paradoja que hoy aparece con frecuencia en las conversaciones cotidianas: mientras la inflación muestra una desaceleración, muchas familias aseguran que esa mejora todavía no se traduce en su economía doméstica. El informe incluye otro aspecto interesante. La principal preocupación mencionada por los encuestados es la corrupción, apenas por encima de los ingresos y los salarios. Es decir, conviven el malestar económico con un fuerte reclamo hacia la dirigencia política, una combinación que suele ser un cóctel complejo para cualquier gobierno. Como toda encuesta, el estudio refleja percepciones y no constituye una verdad definitiva. Pero cuando tantos indicadores apuntan en la misma dirección, vale la pena prestar atención. Porque más allá de las estadísticas oficiales, el verdadero examen sigue estando en el bolsillo. Y para muchos argentinos, el mes continúa teniendo apenas veinte días.

Las obras de la Rambla. El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis, salió a explicar las demoras en la esperada restauración de la Rambla de Mar del Plata y aseguró que la obra “va a volver a brillar”, aunque pidió paciencia ante la complejidad de los trabajos. En una columna de opinión, publicada en este medio, el funcionario sostuvo que se trata de la primera intervención integral desde la construcción del emblemático paseo en 1938 y remarcó que los plazos responden a problemas estructurales que fueron apareciendo a medida que avanzó la obra. Katopodis explicó que los cateos permitieron descubrir estructuras que requerían consolidación inmediata, además de interferencias entre las redes de agua, cloacas y electricidad, junto con impermeabilizaciones originales que ya habían quedado obsoletas. Según indicó, resolver esas cuestiones era indispensable para garantizar la durabilidad de la restauración y evitar que los problemas reaparezcan en pocos años.

El ministro también señaló que las condiciones climáticas de la costa obligan a respetar tiempos técnicos para el fraguado de materiales y los trabajos de impermeabilización. “Resignar durabilidad a cambio de velocidad no es una opción cuando hablamos de un Monumento Histórico Nacional”, afirmó. Otro de los argumentos que expuso fue la decisión de mantener parcialmente habilitada la Rambla durante las temporadas turísticas. Esa elección, explicó, permitió sostener la actividad en uno de los espacios más concurridos de la ciudad, aunque también obligó a volver sobre sectores ya terminados para corregir el desgaste provocado por el uso masivo. En su artículo, Katopodis también planteó que la conservación del paseo una vez finalizada la obra no dependerá exclusivamente de la Provincia. En ese sentido, mencionó la necesidad de que el municipio garantice un mantenimiento permanente de la iluminación, las recovas y el espacio público para preservar la inversión realizada. Finalmente, aseguró que la obra continúa con sus dos etapas en ejecución, destacó que la inversión provincial ronda los 23.000 millones de pesos y sostuvo que, pese a las demoras, la Rambla “volverá a brillar como el símbolo que nos identifica como argentinos y marplatenses”.

La estadística parece desafiar la lógica, pero en el mundo de la pesca hoy esa es la realidad. Las exportaciones crecieron en volumen y en valor durante el primer trimestre del año, sin embargo las empresas aseguran que la rentabilidad se derrumbó. En otras palabras: salen más barcos, se venden más toneladas y entran más dólares, pero las cuentas no cierran. La Cámara Argentina de Armadores de Buques Pesqueros de Altura puso números a esa preocupación. Según difundió, las exportaciones aumentaron un 23 % en volumen y un 32 % en valor respecto del mismo período de 2025, mientras que el resultado económico del sector cayó un 38 %, pasando de una ganancia de 6,5 millones de dólares a una pérdida de 4 millones. La explicación, sostienen los empresarios, está del lado de los costos. El combustible, los repuestos, la logística y la mano de obra crecieron muy por encima de los precios internacionales de los principales productos pesqueros. A eso suman el atraso cambiario y la presión impositiva como factores que reducen la competitividad.

No es un dato menor para Mar del Plata. La industria pesquera representa miles de puestos de trabajo directos e indirectos y cualquier deterioro de su rentabilidad termina repercutiendo en toda la cadena: desde los barcos hasta las plantas de procesamiento, el puerto, el transporte y los servicios. Mientras el Gobierno nacional celebra el crecimiento de las exportaciones como uno de los motores de la economía, desde el sector pesquero advierten que ese indicador, por sí solo, ya no alcanza para describir la realidad. Porque exportar más no necesariamente significa ganar más. Y cuando la ecuación deja de ser rentable, la preocupación deja de ser empresarial para convertirse en un problema económico y laboral para toda la ciudad.
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