Una conmovedora carta de Adela a su hija Silvia
Adela Constantini de Cicconi, madre de Silvia, tiene 84 años. Al cumplirse 45 del crimen, se expresó a través de una conmovedora carta a su hija. La reproducimos textualmente.
Pasaron 45 años desde aquella noche que cambió mi vida para siempre. Cuarenta y cinco años desde que alguien decidió arrancarte la vida y, conmigo, arrancó también una parte de la vida que yo conocía.
Y, sin embargo, acá estoy. Una vez más, hablando de vos. Pero esta vez quiero hacerlo distinto.No quiero volver a contar cómo te encontré ni repetir los detalles de aquella noche. Durante todo este tiempo ya se habló demasiado de cómo te mataron. Yo quiero hablar de cómo vivías.
Quiero que quienes lean estas palabras sepan que antes de ser una víctima fuiste Silvia. Mi hija.
Una chica de 17 años, estudiosa, responsable, amorosa, solidaria, llena de proyectos. Una chica que disfrutaba de las cosas sencillas, que quería a sus amigos, que tenía sueños y toda una vida por delante.
Quiero que te recuerden así. Con tu sonrisa. Con tus violetas. Con esa luz que tenían tus fotos y que, después de todo este tiempo, todavía sigue atravesándome.
Porque para mí nunca fuiste un número de una causa judicial. Fuiste, sos y vas a seguir siendo mi hija.
Después de aquella noche tuve que aprender a vivir con algo que ninguna madre debería aprender: vivir sin una hija.
Hubo días en los que no quise levantarme.
Días en los que el dolor era tan grande que pensé que no iba a poder seguir. Muchas veces quise irme con vos.
Pero la vida siguió. Y yo también.
Me salvó Daniela, tu hermana. Me salvaron mis nietos. Me salvaron las personas que estuvieron a mi lado cuando yo no podía sostenerme sola. Y también me salvó el amor por vos.
Porque aunque vos ya no estuvieras, yo seguía siendo tu mamá. Y ser tu mamá fue una de las razones por las que seguí adelante.
Hoy tengo casi 85 años. Y puedo decir que este dolor, esta ausencia, este sentimiento de que me faltás, habita en mí cada día de mi vida. Nunca desapareció. Aprendí a vivir con él, pero nunca dejó de estar. Nunca dejé de pedir justicia. Nunca dejé de querer saber la verdad.
Quiero que algún día podamos decir que Silvia tuvo justicia. Porque una causa puede cerrarse en un expediente, pero una herida no se cierra porque alguien lo escriba en un papel. Mi herida sigue abierta.
Pero hoy, más que pedir que recuerden cómo te mataron, quiero pedir que recuerden quién eras.
Que cuando escuchen tu nombre no piensen solamente en aquel crimen que conmocionó a Mar del Plata en aquellos tiempos. Piensen en una chica de 17 años que tenía derecho a vivir. A enamorarse. A estudiar. A equivocarse. A tener hijos. A envejecer. A conocer a sus nietos. A vivir una vida que alguien le quitó.
Muchas veces pienso qué estarías haciendo hoy. Cómo serías. Qué cosas te gustarían. Qué música escucharías. Qué relación tendrías con tus sobrinos. Qué me contarías. Son preguntas que nunca tendrán respuesta.
Y quizás esa sea una de las cosas más dolorosas: no solamente me quitaron a mi hija. Me quitaron todos los años que todavía teníamos por vivir juntas.
No pude verte crecer. No pude acompañarte a convertirte en la mujer que ibas a ser. No pude verte enamorarte, formar una familia, tener hijos. No pude descubrir cómo serías como mamá, como abuela, como tía. No pude compartir con vos tantas conversaciones, tantos abrazos, tantos momentos que hoy solamente puedo imaginar.
Me quitaron una vida entera que todavía teníamos por delante.
Pero hay algo que sí pude hacer durante todos estos años: seguir siendo tu mamá. Seguir nombrándote. Seguir hablando de vos. Seguir recordándote.
Te llevaron de mis brazos, pero no de mi memoria.
No pudieron hacer que te olvidara. Y mientras yo esté viva, Silvia va a seguir teniendo un lugar en este mundo. No solamente como la adolescente asesinada el 27 de agosto de 1981. Sino como mi hija. Como Silvia. Mi Silvia.
Hace 45 años me quitaron la posibilidad de verte crecer. Me quitaron tantos abrazos, tantas conversaciones, tantos momentos que nunca vamos a saber cómo hubieran sido.
Pero no pudieron quitarme la posibilidad de amarte. Y eso es algo que nadie, nunca, podrá arrebatarme.
Te sigo buscando en cada recuerdo. Te sigo nombrando. Y, de alguna manera, te sigo esperando.
Porque quiero creer que en algún lugar, algún día, vamos a volver a encontrarnos.
Mamá.
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