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Cultura 11 de septiembre de 2026

“Viajes en papel”, un club de lectura para recorrer el mundo a través de los libros

El taller propone leer cada mes un libro de un país diferente y compartir luego un encuentro de debate en Lina Club Cultural. Melina Rubio, su coordinadora, cuenta por qué la literatura funciona como punto de partida para acercarse a otras culturas. 

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"Viajes en papel" se realiza una vez al mes en Lina Club Cultural.

Viajar también puede ser una forma de leer. Y leer, una manera de acercarse a lugares que quizá nunca se visiten. Con esa premisa nació en 2021 “Viajes en papel”, el club de lectura que coordina Melina Rubio en Mar del Plata. Formada en Turismo y creadora de la cuenta de Instagram @lecturas.extraordinarias, donde reúne a una comunidad de más de 13,7 mil seguidores, Rubio convirtió su interés por las culturas del mundo en una propuesta que combina lectura, conversación y curiosidad.

Los encuentros se realizan, por lo general, el último sábado de cada mes en Lina Club Cultural (Chacabuco 3591) y están abiertos a quienes quieran sumarse, aunque no hayan participado de las reuniones anteriores. Cada mes se elige un libro de un país diferente y, después de la lectura individual, el grupo se reúne para compartir sus impresiones. La selección la realiza Melina junto con los libreros de Fervor, la librería que funciona en Lina, teniendo en cuenta la disponibilidad de ejemplares y el interés por explorar nuevas geografías y tradiciones literarias.

Viajes en papel 2

El itinerario de este año ya llevó al grupo por la Uruguay de “La azotea”, de Fernanda Trías; la China rural de “Días, meses, años”, de Yan Lianke; los Países Bajos de “Somos luz”, de Gerda Blees; la Sudáfrica atravesada por el apartheid de “Duraznos y Smita”, de Ashit Juggath, y la isla caribeña de Guadalupe a través de “Travesía del manglar”, de Maryse Condé. 

El objetivo del club de lectura no es construir una colección de postales literarias ni buscar en los libros una guía turística alternativa. En “Viajes en papel”, conocer otras culturas implica también descubrir personajes, conflictos y modos de vida que pueden resultar lejanos y, a la vez, reconocibles. El amor, la familia, la amistad, los vínculos, los miedos, los deseos y las dificultades aparecen como territorios comunes aun cuando las historias transcurran a miles de kilómetros de Argentina.

En cada reunión, además, se comparte una comida inspirada en el país o la cultura de la lectura del mes. Así, el grupo ya compartió tarta de manzana de los Países Bajos, torta con ron de Guadalupe y un arroz con leche especiado de la India.

Algunas de las lecturas y comidas compartidas en "Viajes en papel".

Algunas de las lecturas y comidas compartidas en “Viajes en papel”.

La actividad es arancelada y requiere inscripción previa a través de las redes sociales de Lina Club Cultural y Fervor Libros.

¿Qué puede mostrar una novela sobre un país que no aparece en una guía de viajes? Melina Rubio comparte sus reflexiones con LA CAPITAL, antes de su próximo encuentro, cuya escala será Estados Unidos. Este sábado 12 de septiembre, a las 11, el taller abordará las nouvelles reunidas en “Tan cerca en todo momento siempre”, de Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938), una serie de relatos en los que las relaciones amorosas se internan en zonas oscuras como la obsesión, el maltrato, la humillación, el sometimiento y el abuso.

—¿De dónde nació la idea de recorrer el mundo a través de la lectura?

—“Viajes en papel” surgió en 2021, después de pasarme la pandemia leyendo y compartiendo mis lecturas en Instagram. Quería armar un club de lectura que se alejara un poco de la perspectiva de análisis literario y se centrara en permitirle a las personas “viajar” lejos en un contexto donde todavía era difícil hacerlo. Siempre me gustó mucho la literatura asiática y ese año me centré en dar a conocer autores y autoras de Japón, Corea del sur, Corea del norte y China. Como no era literatura tan conocida, me encontré con que el público recibió muy bien la propuesta y se interesó en saber más sobre esos países.

—¿Qué puede mostrar un libro sobre un país o una cultura que quizá no aparece en una guía de viajes, una noticia, una película o mismo el viaje a ese lugar?

—Un libro es una gran puerta de entrada a un país o a una cultura. Incluso me parece más interesante aún leer y conocer literatura de gente migrante, por ejemplo, hemos leído a una autora de origen laosiano que creció en Canadá porque su familia tuvo que refugiarse en ese país. El libro fue “Cómo pronunciar cuchillo” de Souvankham Thammavongsa y nos permitió conocer a las diferentes personas que habitan un país, cómo se adaptan otras culturas a un territorio, cómo se relacionan personajes diversos desde la mirada de esta autora que tuvo una vida completamente diferente a la nuestra y qué elige contar con esa mirada. Digamos que la Canadá que visitamos no tenía atractivos turísticos ni mucho del ideal de cultura canadiense que teníamos en mente. No siento que sea una experiencia que solo den los libros, también podemos conectar con estas situaciones a través de películas o un viaje. Sí me parece que es una alternativa de combinar una actividad analógica como es leer con una forma de alimentar nuestra curiosidad sin tener que desplazarnos lejos, algo que a veces es difícil por tiempo u otros recursos.

—¿Cómo evitar que la literatura de otros países quede reducida a una especie de “postal” o representación exótica?

—Justamente si hay algo que siento que siempre se descubre en el club es que no importa qué tan exótico nos parezca el país que visitamos ese mes, siempre las temáticas son muy humanas y nos representan en algún sentido. Los libros que elegimos hablan de temáticas comunes a todos: amor, familia, amistad y todo tipo de relaciones interpersonales; adaptaciones, miedos, sueños, dificultades… La literatura de distintas partes del mundo genera primero una sensación de estar por entrar en un mundo extraño, para luego hacernos sentir muy cercanos a los autores y los personajes en sus necesidades y deseos.


“Un libro es una gran puerta de entrada a un país o una cultura”.


—¿Sentís que todavía leemos la literatura internacional a través de un canon bastante limitado, concentrado en ciertas lenguas, países y tradiciones?

—Sí, siento que todavía nos falta mucho para acceder a literatura de culturas minoritarias. No por eso creo que no tengamos que destacar los grandes avances que se están haciendo en el mundo editorial. Editorial Empatía, que es un proyecto independiente y de nuestro país, publica y difunde literatura africana de países como Malí, Uganda, Camerún, Yibuti, Togo, entre otros.

—¿Hay países o regiones cuya literatura te haya sorprendido especialmente por la distancia entre la imagen que tenías de ese lugar y lo que encontraste en sus libros?

—Soy licenciada en turismo de formación y hay mucho del amor que le tengo a las culturas del mundo que viene de ahí. Entiendo que tengo un conocimiento un poco mayor que el del promedio sobre culturas del mundo y muchas veces busco literatura de ciertos países para generar ese efecto sorpresa en otros. Sin embargo, es obvio que no sé todo sobre todos los países y muchas veces me terminan sorprendiendo cosas de los países más conocidos. El libro “Somos luz” de Gerda Blees (que debatimos en el club) narra la muerte de una mujer en Países Bajos por inanición. Un país rico en el que una persona muere de hambre. Esa premisa me dejó en shock y con ganas de leer esa novela que fue un gran descubrimiento. 

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—¿Qué cambia cuando un libro se lee en soledad y qué ocurre cuando esa lectura se pone en común con personas que llegan al taller con experiencias y recorridos diferentes?

—Leer en soledad es una experiencia y compartir la lectura es otra que se complementa muy bien. Hay libros que en soledad no nos gustaron y cuando nos juntamos a debatir les encontramos muchas temáticas interesantes. Nuestras formaciones son de lo más diversas: se han sumado profesionales de la salud mental que nos hacen un perfil psicológico de los personajes, personas que han vivido o visitado los países leídos y nos cuentan anécdotas, incluso gente que sabe otros idiomas y nos da su aporte explicando expresiones. Juntarse a debatir siempre desde el respeto por la mirada del otro es lo que hace que los encuentros sean tan ricos y se extiendan entre hora y media y dos horas.

Vivimos un momento en que podemos acceder a información de todas partes del mundo, pero también es un tiempo de simplificaciones y estereotipos sobre otros países. ¿Qué lugar puede ocupar hoy la ficción frente a esa forma acelerada de conocer (o creer conocer) otras culturas?

—Yo creo que la ficción nos acerca las pequeñas historias que quizás no llegan a viralizarse, desde el relato de una familia india que creció en Sudáfrica durante el apartheid (en la novela “Duraznos y Smita”) hasta la historia de migración de familias laosianas en Canadá (“Cómo pronunciar cuchillo”) o un thriller contemporáneo situado en Nigeria (“Mi hermana, asesina en serie”). Los géneros literarios también se representan en todo tipo de culturas. La literatura nos permite acceder a los rincones inexplorados y ponernos un rato en los zapatos de otro, sea el autor, el narrador, o un personaje que nos llame la atención. Cuanto más leemos, más nos damos cuenta de lo poco que sabemos y lo mucho que nos queda por aprender.