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Cultura 11 de septiembre de 2026

Viviana Rivero: “Quisiera que la mujer que lea ‘Ellas’ no se sienta sola”

Consultó a amigas, conocidas y personas cercanas sobre lo amargo y lo dulce de ser mujer. Con esas historias, escribió "Ellas", un libro de microrrelatos en el que aparecen, inevitablemente, las desigualdades en todas sus formas. La escritora cuenta cuál fue el disparador de su nueva publicación y advierte: "En cualquier momento los derechos de las mujeres pueden ser puestos en tela de juicio".

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Viviana Rivero, sobre su último libro, Ellas: “Lo que nosotras necesitamos es tener libertad de elección” (Foto de Alejandra López).

Por Paola Galano

En el libro “Ellas”, la escritora Viviana Rivero concatena cien microrrelatos sobre la mujer para formar un extenso mapa en el que perfila el territorio de las desigualdades que atravesó y atraviesa. En su crianza, en sus relaciones con sus pares varones, en el interior de las organizaciones laborales, en la vida política de una comunidad, en el deporte y en el arte, en el andar por la calle… casi no hay lugar físico o interior que esté fuera de este desbalance histórico, del que la escritora tomó nota en su nueva publicación.

Oriunda de Córdoba, Rivero decidió armar un libro diferente, formado por historias cortas que dan cuenta de esa realidad. Sus fuentes fueron amigas, conocidas, personas cercanas y su propia experiencia como mujer. En los microrelatos aparece la desigualdad transfigurada bajo diversas circunstancias.

La consigna que les dio a todas fue la misma: “¿Qué es lo más dulce y lo más amargo de ser mujer?“. No son pocos los relatos que se recuestan sobre las dulzuras, aunque la mayoría registra el amargor y lo agridulce.

También mira al pasado y reconstruye las historias de personajes célebres: la escultora Lola Mora, la primera médica argentina Cecilia Grierson, las luchas feministas en Islandia, entre otros capítulos del pasado sobre los que investigó.

En las notas al pie, Rivero se permite comentar algún aspecto del relato, de dónde le llegó o por qué le pareció pertinente incorporarlo.

Reconocida por ser una de las narradores líderes en el género de la novela histórica-romántica, Rivero dejó de lado ese género que tanto la caracteriza para meterse en otra clase de texto, con el que buscó llegar a otros públicos y generar un cambio de conciencia.

Ellas

Mientras escribe su nueva novela, ambientada en las estancias inglesas de la Patagonia argentina, la narradora reflexionó sobre el libro que ya está en las librerías.

“Los relatos cortos nacieron de una charla que tuve con mi hermana –contó en una entrevista con LA CAPITAL–. Ella me contó que le costaba leer novelas tan largas y me pareció que estaba bueno incursionar en microrrelatos para mujeres como ella, que me decía que quería volver a leer pero algo más corto”.

Y contó que pensó a “Ellas” desde el acompañamiento: “Quisiera que la mujer que lo lea no se sienta sola, que no crea que (la desigualdad) le pasa solo a ella, porque les pasa a muchas, que el libro sea una nueva esperanza, y está pensado para los hombres a los que les interesa el alma femenina, a los que les interesa vivir mejor”.

—Los personajes de tus novelas suelen ser mujeres fuertes, de alguna manera este tema lo venís trabajando.

—Este tema yo lo vengo trabajado en las novelas, con mujeres fuertes. Escribiendo mis relatos, empiezo a notar que soy una escritora que se hizo abogada, que tiene cierta edad… y quería tener también otras voces: la chica que vende en un negocio de ropa, la empleada doméstica, la voz de una chica de 20 años, la voz de una señora de 80, de 70, que me cuenten. Ahí es donde abro el abanico y empiezo primero con mis mejores amigas, después con otras voces, las madres del colegio, algunas hacía años que no las veía…

—¿Te parece que el libro también va dirigido a los varones?

—Sí, claro, es como dice Flor Freijo, no podemos seguir hablando entre nosotras, necesitamos que los hombres estén atentos a los que estamos diciendo.


“A veces usamos la palabra feminismo para separarnos entre nosotras”


—Hay dos ideas que atraviesan el libro: una de ellas tiene que ver con la importancia del grupo, el grupo de amigas mujeres que muchas veces sostiene. ¿Coincidís?

—Ese fue un descubrimiento. Yo tengo amigas pero no tengo grupos, son amigas de muchos años pero no se conocen entre ellas, las fui conociendo en distintos lugares. Cuando descubro cuánta sanidad había en el grupo, dije “esto hay que contarlo”. Y empiezo a estar más atenta. Estoy más abierta a hacerme amiga de un grupo, es muy bueno un grupo.

—La otra idea muy interesante es la de las madres. Se ve en tus historias cómo las madres crían hijas libres, o bien hijas que reproducen el modelo y el mandato de sumisión.

—Es que (a las madres) las han educado con un miedo adentro tan grande que ese miedo las hace querer protegerlas de cosas, de peligros. Tienen tanto miedo que entonces reproducen lo que ellas vivieron. Algunas madres se salen del mandato o tienen una hija que se sale sola del mandato. Y es difícil, a veces se entorpece las relaciones entre madres e hijas.

—¿Pondrías a “Ellas” como un libro feminista?

—A mí me da lo mismo, si lo quieren llamar feminista… porque una mujer que es feminista dirá “éste no es un libro feminista” y una mujer que es más conservadora dirá que sí. A veces usamos la palabra feminismo para separarnos entre nosotras, terminamos separadas. Es como con lo del aborto: una está favor, la otra en contra y al final terminamos enfrentadas las que tenemos que estar unidas. Lo que nosotras necesitamos es tener libertad, la libertad de elección, somos adultas, que nos dejen elegir y cada una sabrá por qué elige. Lo más importante es que nos respetemos entre nosotras y que la sociedad, el entorno nos dé la libertad. Hay mujeres que quieren quedarse en la casa, atendiendo a los hijos y cocinando y es tan válido que se le respete eso como a la otra que no quiere saber nada y quiere trabajar afuera. Son posturas válidas, por eso lo que nosotras tenemos que lograr es unirnos para poder tener esa libertad, después cada una decidirá lo que quiera ser, son decisiones personales. Alguna querrá ponerse en un extremo, la otra no, pero el respeto para que cada una pueda elegir.

 Viviana River: "-Hubo muchos avances pero nos faltan muchísimos más".

Viviana Rivero: “Hubo muchos avances para las mujeres pero nos faltan muchísimos más”.

—En el libro resaltás que cada historia es también “un granito de arena” en la lucha contra la desigualdad.

—A veces creemos que no vale la pena, que es solo un granito de arena, pero bueno, las playas están hechas de granitos de arena, todo vale y sirve. A veces una charla con tu hija, o ponerte firme en tu casa, un libro que aparece… esos son los granitos de arena que no tenemos que menospreciar.


“Escribir también pasa por el cuerpo”.


—¿Cuál fue la historia que más te costó escribir?

—La de la mutilación femenina. Yo ficcioné una parte, pero el relato de cómo se hace lo escuché de una chica que es modelo. Sabía que era verdad y escribir también pasa por el cuerpo. Cuando digo que sintió el cuchillo frío uno lo siente por un instante. La escritura pasa por el cuerpo y poder imaginarlo demasiado bien me hacía doler, me costó mucho ese relato. Puse algunos datos ahí. Hay casos de mutilación femenina en Colombia, el 80% de las mujeres en Egipto están mutiladas. Yo pensaba que eran casos perdidos en el África antigua, en pueblos que no se han modernizado o en el mundo musulmán. Y es mucho más.

—Decís que la escritura pasa por el cuerpo, ¿te pasó en otros libros o lo descubriste en “Ellas”?

—No, lo descubrí con mi primer libro. Yo no sabía que existía eso. En mi primer libro relato una discusión entre un padre y su hija y de repente me di cuenta de que me latía fuerte el corazón. Yo era los dos personajes, era como si lo estuviera viviendo. Y llegué a una conclusión: los escritores son como los actores que, cuando hacen bien su papel, son ese personaje.

—¿Qué historia fue la más llamativa?

—Que hubiera tantas mujeres con problemas alimenticios y que lo vivieran en secreto.

—En uno de los relatos, denunciás el sexismio en la literatura a partir del rótulo de escritora romántica. ¡Es una denuncia?

—¿Viste que si un hombre pone una historia de amor en el libro no es romántico, es una historia de amor? Pero vos ponés una historia de amor y sos romántica. Y, quieras o no, la palabra romántica tiene una connotación de novela rosa, donde todo es perfecto. En realidad, el amor sigue existiendo y no podemos encerrarlo en la perfección. Me gustó escribirlo y denunciarlo.

—¿Cómo ves a las mujeres en la actualidad?

—Hubo muchos avances pero nos faltan muchísimos más. El hombre en los lugares externos, donde se siente más incómodo, habla de una forma pero puertas para adentro habla de otra. Las mujeres, no; en general, son más frontales, son capaces de discutir sobre lo que creen y sobre lo que pasa. El hombre no quiere quedar afuera de lo nuevo y dice que sí, pero puertas para adentro lo hace de otra forma. A la mujer en general la veo mejor y la nueva generación está más relajada por esas cosas que nosotras nos volvemos locas, porque no las hemos tenido. Las más jóvenes no tienen esos miedos porque no conocen otra vida. El otro día leía una frase de Simone de Beauvoir, la voy a parafrasear, en la que decía que en cualquier momento los derechos de las mujeres pueden ser puestos en tela de juicio. Nunca hay que dar por sentado que están para siempre.