Walter Derbiz: “El ciclo hidrológico es tan importante como el ciclo social”
El historiador y funcionario de OSSE repasa cómo se construyó la red hídrica marplatense en "El desafío de las aguas". Desde las primeras cañerías instaladas en 1913 hasta el Emisario Submarino, y explica por qué durante décadas el reparto del agua reflejó una ciudad desigual. Un libro de Eudem que pone el foco en los vecinos, los trabajadores y los funcionarios que protagonizaron esta historia social del agua.
Viejos chalet de Mar del Plata en 1905, junto con molinos de viento utilizados para extraer agua de las napas. (Foto: álbum C. Cazenave, gentileza del Cedodal - Fotos de familia)
Por Félix Lencinas
El agua es fundamental para la vida. Cada vez que se abre una canilla en Mar del Plata, hay una historia de más de cien años que llevó a que esa realidad fuera posible. Esa historia empezó en 1913, con las primeras cañerías tendidas en una ciudad que todavía era apenas un poblado, y continuó hasta llegar al Emisario Submarino. Esta ciudad tiene una íntima relación con el agua y su infraestructura marcó la historia de su desarrollo.
Walter Derbiz, historiador y funcionario de OSSE, cuenta cómo reconstruyó esa historia a partir de planos, expedientes y archivos vecinales en el libro publicado por Eudem, El desafío de las aguas: infraestructura, experiencias y protagonistas, parte de la colección Mar del Plata, entre el Mar y la Pampa que dirige Elisa Pastoriza.
“No quería que fuera un libro que solamente hablara de obras sanitarias, sino que también hablara de la relación que existe entre el agua y la ciudad desde sus orígenes”, define el autor.
El libro será presentado el próximo miércoles 19, a las 17, en la Torre Tanque (Falucho 999), y acompañarán al autor María Liliana Da Orden y Marcelo Pedetta. Además, habrá música de la mano de Nico Segovia.
Antes de la presentación, el autor dialogó con LA CAPITAL sobre las particularidades de este libro que unió sus dos vocaciones: la Historia y el trabajo en el Estado.

Walter Derbiz es magíster en Historia por la UNMdP, se especializa en historia local, Estado e infraestructura urbana. Además, integra el equipo de gestión de OSSE.
“Durante muchísimos años se priorizó el balneario y en los márgenes, donde fue creciendo la ciudad de todo el año, faltaba el agua”.
—¿Cómo surge el interés de hablar sobre el agua, la infraestructura y Mar del Plata?
—Soy historiador y me formé en la Universidad de Mar del Plata, soy licenciado en Historia y tengo una maestría en Historia. Uno de mis intereses fue estudiar el Estado, lugar en el que trabajo también, en la gestión de Obras Sanitarias. Tanto mi carrera profesional en obras sanitarias como mi carrera académica fueron en paralelo. Y en ningún momento, nunca se juntaron, hasta ahora, que me dio la oportunidad la historiadora Elisa Pastoriza de contribuir en la historia, en la colección que ella dirige, que es Mar del Plata entre el Mar y la Pampa, una serie de varios libros publicados por Eudem. Y entonces se dio la oportunidad de mirar la historia de la ciudad desde las cañerías.
—¿Qué es lo que se puede decir sobre la historia de Mar del Plata en relación con la infraestructura y el agua?
—Fue una investigación que se hizo especialmente para este libro. Fue muy interesante el proceso. A mí me interesaba que no fuera un libro institucional, que no fuera un libro que solamente hablara de obras sanitarias, sino que hablara de la relación que existe entre el agua y la ciudad desde sus orígenes, desde 1913 hasta las primeras décadas del siglo XXI, el Emisario Submarino, en concreto. Pero a la vez, más allá de esas infraestructuras, todo el mundo relacional que aparece en torno al agua: el mundo de los sanitaristas, el mundo del trabajo, el mundo de los vecinos, los consumidores, los usuarios, el mundo de los políticos. Todas esas líneas yo trato de trenzarlas en el libro para que contribuyan a comprender todo lo que está detrás del agua.
—¿Qué fuentes utilizaste? ¿Cuál fue el proceso de tu investigación?
—Principalmente, abordé expedientes que están en Obras Sanitarias de Mar del Plata y en OSN, en Obras Sanitarias de la Nación. Fuentes, como, por ejemplo, los planos. Fue muy interesante ver los planos de las obras para ver cómo pensaba la gente en distintos momentos de estos 100 años de historia a los cuales me dedico, cómo fueron pensando el desarrollo de la ciudad. A veces no tenía que ver con el desarrollo material de la ciudad, sino que era un desarrollo pensado desde las oficinas. Eso fue muy interesante. Sobre todo, tomando en cuenta que Obras Sanitarias de la Nación se hizo cargo del servicio por cerca de 80 años. O sea que esa impronta está en las cañerías. También trabajé mucho con documentos y testimonios que me proveyeron vecinalistas porque también me dedico a verlo desde la demanda social.
—¿Cómo influye esa demanda social?
—Mar del Plata es una ciudad que durante muchos años fue la ciudad de destino del turismo de todo el país, la vidriera turística. Entonces, ¿qué pasaba con el agua para el balneario y qué pasaba con el agua para el resto de la ciudad? Ahí lo que yo veo es la desigualdad porque es una historia en la que, básicamente, durante muchísimos años se priorizó el balneario y en los márgenes, donde fue creciendo la ciudad de todo el año, faltaba el agua. No había redes. Entonces, ahí es donde me interesó ver esta mirada desde los usuarios y desde fuentes riquísimas desde los vecinalistas.
—Y en relación con la historia hídrica, ¿cuáles serían los hitos de la infraestructura del agua en la ciudad?
—Mirá, hay obras muy grandes. El hito número uno que yo marco son las primeras cañerías que se instalaron en 1913, que ya estaban operativas en ese entonces y que cubrían un amplio espacio desde la costa hasta Independencia y desde Libertad hasta Alberti, más o menos. O sea, que es mucho para ese momento de la ciudad, en el cual todavía era un poblado, prácticamente, y en el cual también se pensaba que iba a crecer en función de ser un balneario de la élite, de los sectores económicamente más activos de Buenos Aires, fundamentalmente. Ese es un hito fundamental. Después, la Torre Tanque, que es del 43. La plaza Mitre, que es de los años 70. Luego, la llamada cisterna Szpyrnal, que está allá en República del Líbano, que es donde está la base central de OSSE. Y las infraestructuras que yo marco, y los problemas que resolvieron, y las personas que interactuaron, básicamente las veo reflejadas en esas obras que te mencioné.

Inauguración de la cisterna de la Torre Tanque en el año 1943, con la asistencia de autoridades nacionales, provinciales y municipales (Foto: OSSE – Fotos de Familia).
—En relación con estas carencias y las crisis, ¿hubo alguna crisis en particular que hayas notado?
—Básicamente en las crisis, uno va notando cómo el consumo de agua, prácticamente desde que se inaugura el servicio, va en aumento. Es decir, año tras año, siempre aumenta el consumo de agua, fundamentalmente, por la gran demanda que hay para la construcción de la ciudad material que vemos. Las crisis más importantes se producían en los veranos. Porque la misma cantidad de agua que había para todo el año era la que estaba disponible en el verano, y esa sí, a veces, escaseaba. Hablando de las fuentes, el archivo del diario LA CAPITAL fue muy importante, tanto en imágenes que aparecen en el libro, que documentan un poco toda esa relación de los usuarios con el agua. Es interesante encontrar en los diarios cuándo empiezan a aparecer reclamos. Allí aparecen, por ejemplo, a mediados de los 40, barrios que empiezan, como Peralta Ramos Oeste, a reclamar que no tenían agua. Como se sacaba de ahí el agua que venía para el centro, se les vaciaban las napas. Ahí empiezan a aparecer reclamos de los barrios y a escucharse su voz. Básicamente, las crisis tenían que ver con la presión, quizás había agua, pero no con la presión suficiente. Cuando se hace, por ejemplo, la gran cisterna que está debajo de la plaza Mitre, un poco se solucionan esos problemas.
“Todo lo que se pudo hacer fue a partir de los consensos, las mesas de diálogo”.
—También mencionás a los ingenieros, los obreros, los funcionarios, los científicos, los vecinos, ¿qué rol juegan todos ellos en la historia?
—Una cosa muy interesante que pude comprender fue que, cuando uno ve los diarios, aparecen los conflictos, los reclamos, y hay una relación muy tensa. Pero, a lo largo de mi trabajo, lo que pude ver es que todo lo que se pudo hacer fue a partir de los consensos, las mesas de diálogo, gente que se sentó, que además de reclamar o de demandar, hizo mucho más que eso. Le pongo la palabra gestión, para decirlo de alguna forma. Esa interacción, esa relación social en torno a plantear, discutir, sentarse, hablar con los vecinos, armar reuniones, me parece que es algo que intento recuperar. Porque eso, ese tipo de relaciones sociales, junto con el acuífero, son protagonistas prácticamente silenciosos. Uno no piensa en eso cuando piensa en el agua: ¿de dónde sacamos el agua?, ¿el agua que le sacamos va a estar para siempre?, ¿va a alcanzar para lo que le estamos pidiendo a lo largo de tantos años? Todas esas cosas son las que me empiezo a preguntar. Lo que veo es que el ciclo hidrológico –el que por ahí hemos estudiado en la escuela: el agua del mar se evapora, sube a las nubes, desciende en forma de precipitaciones e ingresa a las napas, y esa es el agua que saca obras sanitarias de las napas– es tan importante como el ciclo social. Porque cada generación tuvo su particularidad con respecto al agua. A lo largo de esos cien años uno va a poder encontrar las demandas de Mar del Plata en relación con el acuífero. Eso genera, por supuesto, problemas y genera múltiples opciones de soluciones. Soluciones que por ahí algunas se pudieron llevar a la práctica, otras quedaron en el camino. Eso es un poco lo que a mí me interesa relatar en el libro. Todo el mundo social a partir de las necesidades de solucionar la demanda de agua de la ciudad.
—Teniendo en cuenta que sos parte de OSSE, ¿cómo ves el estado actual de la infraestructura del agua en Mar del Plata?
—Un cambio fundamental fue la mirada hacia lo local. Cuando el servicio dependía de Obras Sanitarias de la Nación, me interesó analizar esas dinámicas: si les hacían caso, si pedían y las atendían las demandas. Porque generalmente se trataba de dar agua al balneario y durante la época de mayor cantidad de ocupación de la ciudad que es en el verano. Pero, entonces, noto que hay un momento en el que Obras Sanitarias de la Nación empieza, en torno a los años 70, en la última dictadura militar, a perder esa capacidad de obra, de empresa pública enorme para todo el país. El municipio, entonces, absorbe la administración del agua en la ciudad y crea Obras Sanitarias Sociedad de Estado. Esto vino a resolver integralmente los problemas de la ciudad, que por ahí no estaban previstos desde la perspectiva de Obras Sanitarias de la Nación. Ese fue un hito muy importante para la ciudad.

Un trabajador de OSN en la construcción de la Torre Tanque. (Foto: Armando Roberto Flores – Fotos de Familia)
—Eso permite tener una gestión más local, ¿no?
—Claro, la cercanía local, sin descuidar, obviamente, que también local es el trabajo que genera el turismo y también el desarrollo productivo. Aspectos que por ahí no eran tan tenidos en cuenta desde la gestión de Obras Sanitarias de la Nación. Y entonces hoy, respondiendo un poco a la pregunta, esta es una historia que se reescribe permanentemente porque si bien hay una alta conexión de los vecinos de la ciudad a la red de agua y de cloacas, sabemos que todavía hay zonas donde aún no tienen estos servicios. Los desafíos para el futuro son, de la misma forma en que se resolvió en el pasado, cómo afrontar estas demandas, esta sed social en torno al agua y las cloacas, y cómo se van a ir resolviendo. Hoy, por ejemplo, estamos implementando un programa que se llama Progerac, un programa de gestión del agua y la cloaca, donde Obras Sanitarias ofrece el asesoramiento, la gestión y el acercamiento a los vecinos para que ellos puedan contratar en los barrios las obras necesarias con las empresas contratistas que funcionan en la ciudad. Y también nos hemos reunido tanto con las empresas contratistas y las entidades financieras que también operan en la ciudad para ver de qué manera pueden financiar a las empresas que necesiten los recursos o a los usuarios. Es decir, estamos transitando una nueva modalidad, por eso hablaba de que esta es una historia que se reescribe, porque esto es inédito. En estos días tuvimos una reunión en el Bosque Peralta Ramos, con los vecinos y la Sociedad de Fomento, para ver cómo vamos a completar donde está faltando la cloaca. Y así seguiremos también con Jardín de Peralta Ramos, Faro Norte, Alfar, que son las zonas en las cuales hoy por hoy estamos trabajando fuertemente para que los vecinos puedan llegar a obtener la cloaca, que es lo que hoy están necesitando esos barrios. Estamos tratando de resolver un poco todos los problemas que se van presentando para cumplir con esa finalidad de llevar el agua y la cloaca a todos los vecinos.
Una colección para mirar la ciudad entre el mar y la pampa
El desafío de las aguas, de Walter Derbiz, forma parte de la colección Mar del Plata entre el Mar y la Pampa, una serie de libros publicados por la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Eudem) para celebrar los 150 años de la ciudad.
Sus libros buscan reconstruir la historia local desde distintas perspectivas y, al mismo tiempo, pensarla como parte de una historia argentina más amplia.
Coordinada por Elisa Pastoriza, historiadora y profesora emérita de la UNMdP, la colección reúne investigaciones que abordan aspectos sociales, culturales, económicos y urbanos de la ciudad.
Hasta el momento, la serie está integrada por Mar del Plata vertical. Piqueta, construcción y progreso, de Víctor Pegoraro; La Pequeña Italia. Una comunidad portuaria, de Bettina Favero; Sufrir en La Feliz. Infancia, enfermedad e instituciones, de Adriana Álvarez; Cruzar el Océano, inmigración, familia y trabajo, de María Liliana Da Orden; Hacer la temporada. Trabajar en hoteles, bares y restaurantes, de Débora Garazi, y Antes de Mar del Plata. Luces y sombras en los orígenes de la ciudad feliz, de Daniel Reynoso. A esta serie se suma ahora el libro de Walter Derbiz.
Cada título se detiene en una dimensión particular, pero el conjunto propone una mirada común: entender cómo se construyó una ciudad atravesada por desplazamientos, encuentros y contrastes. Mar del Plata reúne, como pocas ciudades del país, el mundo del turismo y el trabajo, el ocio y la producción, las industrias y las actividades primarias, lo que llega del mar y lo que proviene de la tierra. En sus calles y en su historia se cruzan diferentes clases sociales, comunidades de inmigrantes, trabajadores y visitantes, en una trama que la vincula estrechamente con los grandes procesos de la Argentina.
La colección parte, precisamente, de esa doble condición. Por un lado, Mar del Plata puede leerse como una condensación de la historia nacional: un espacio donde se reflejan transformaciones sociales, económicas y culturales que exceden a la ciudad. Por otro, posee rasgos propios que le otorgan una identidad particular, móvil y diversa, pero también inconfundible.
Así, los libros de Mar del Plata entre el Mar y la Pampa permiten recorrer distintas escenas y protagonistas de la ciudad para comprender cómo se construyó ese lugar singular que, a la vez, funciona como espejo de la Argentina y como territorio con una historia propia.
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