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Salud 11 de julio de 2020

El auge de los fármacos falsos y una posible vacuna ilegal amenaza la salud pública

Termómetros que no detectan la fiebre, barbijos y trajes de protección deficientes y ciberataques a hospitales son cada vez más frecuentes. En Argentina se investiga un caso de fabricación ilegal de alcohol en gel y barbijos.

Foto: EFE | Sebastiao Moreira.

por Wanda Rudich

Millones de pacientes y médicos esperan con ansiedad un medicamento o una vacuna eficaz contra el COVID-19. También lo esperan organizaciones criminales que ya han logrado infiltrar en las redes de distribución productos fraudulentos y están listos para falsificar cualquier vacuna.

Es una amenaza real de la que ha advertido la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) al presentar los resultados de una investigación sobre el creciente negocio ilegal con fármacos y productos sanitarios falsificados que se viene observando desde el inicio de la pandemia.

“La salud y la vida corren peligro, ya que los delincuentes se aprovechan de la crisis de la COVID-19 para sacar provecho de la ansiedad pública y del aumento de la demanda de medicamentos”, señala en un comunicado la directora ejecutiva de la ONUDD, Ghada Waly.

Desde termómetros hasta barbijos

Aunque hasta el momento no hay un fármaco que se haya demostrado eficaz para prevenir o curar la COVID-19, eso no ha obstaculizado el florecimiento de un tráfico ilícito con supuestos productos “mágicos” contra la enfermedad, o la oferta de medicamentos falsos.

Termómetros que no detectan la fiebre, barbijos y trajes de protección deficientes, ciberataques a hospitales, robos de datos, grandes cantidades de productos de salud que nunca llegan a los Gobiernos que los compran: son solo algunos de los resultados del negocio con el que delincuentes ya ganan millones con el virus.

Así, el coronavirus “ha puesto de relieve las deficiencias de los marcos normativos y jurídicos para prevenir la fabricación y el tráfico de esos productos”, indica la ONUDD en su informe.

Según el estudio, titulado “El tráfico de productos médicos relacionado con la COVID-19 como amenaza para la salud pública”, los delincuentes aprovechan “las lagunas en la reglamentación y la supervisión nacionales”.

Además, se adaptan rápidamente a la evolución de la pandemia y a las oportunidades derivadas de “las vulnerabilidades” y deficiencias de los sistemas de salud para afrontar la expansión del SARS-COV-2.

Explotación de las necesidades

El informe, elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), recuerda que la demanda de material para prevenir los contagios por coronavirus, en especial barbijos y equipos de protección para personal sanitario (PPE, en inglés), “superó repentinamente el suministro”.

Y ese “repentino aumento de la demanda de productos médicos para hacer frente a la pandemia ha dado lugar a una expansión del tráfico de productos de calidad inferior y falsificados”, subraya la ONUDD.

Es así como “la COVID-19 ha sido el catalizador de un mercado global de PPE” que no se había visto nunca antes.

Aunque en menor medida, también se comercializa de forma ilícita material para test, desinfectantes y fármacos como la cloroquina o bombas de oxígeno, señala la ONU.

Redes sofisticadas

Sobre todo grupos de delincuencia altamente organizados, como los del narcotráfico, han logrado infiltrar las redes de suministros medicinales y cambiar su modelo de negocio.

El campo de acción incluye la red informática, con robos de datos y sofisticados ciberataques a hospitales y autoridades sanitarias, o la manipulación de páginas web corporativas, así como ofertas y transacciones en la llamada “red oscura” (darknet).

Se trata de acciones que requieren “una importante planificación y recursos por parte de los perpetradores”, que cuentan con sofisticadas redes transnacionales, advierte la ONU.

COVID-19: Medicamentos falsos y una posible vacuna ilegal

Cualquier país está amenazado

Ningún país está libre de la amenaza de estos delitos que ya mueven muchos millones de dólares y pueden causar graves daños, sin descartarse la muerte, a los pacientes.

A modo de ejemplo, el informe recuerda cómo fueron engañadas las autoridades sanitarias alemanas al adquirir barbijos por valor de 15 millones de euros a través de un sitio web clonado de una empresa aparentemente legítima de España.

En Argentina, por su parte, se investiga un caso de fabricación ilegal de alcohol en gel y barbijos, destaca la investigación.

El riesgo de una vacuna falsa

Los investigadores no dejan lugar a la duda: las ocasiones para estos negocios fraudulentos “continuarán siendo explotadas mientras la pandemia siga causando trastornos y caos”, pues son “muchas las razones para esperar que esta tendencia continúe”, advierten.

El riesgo será mayor en cuanto se haga público el desarrollo de una vacuna o un medicamento eficaz contra el coronavirus, ya que, nuevamente, la demanda superará con creces a la oferta disponible durante cierto tiempo.

Como la capacidad mundial de producir a gran escala una vacuna “es limitada” por un sinfín de factores técnicos y jurídicos, se espera que “actores criminales” introduzcan un producto falso mientras persistan los problemas de suministro del fármaco genuino.

Según la ONUDD, esta perspectiva es preocupante, pues “aumentará la amenaza a la salud individual y pública”, y supone además un desafío importante para los sistemas de justicia penal.

Únicamente un enfoque de cooperación internacional “permitirá dar respuestas eficaces” a esta amenaza “que afecta a las personas y a la salud pública”, concluye el informe.

EFE.



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