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Deportes 5 de septiembre de 2016

Cuando el dinero no lo es todo

En esta segunda parte del jugoso diálogo de Marcelo Richotti con LA CAPITAL, el actual entrenador de Peñarol contó cómo fue su experiencia haciendo radio.

– Hiciste un programa de radio en Puerto Madryn, ¿cómo fue la experiencia?

– Me encanta la radio. Claudia fue la impulsora. Pensaba qué podía hacer y un día íbamos en el auto y nos enganchamos escuchando un programa deportivo. Y me dijo: “¿Por qué no hacés un programa de radio…? Tenés muchos contactos, te gusta, podés hacerlo bien y, de paso, te sacás el gusto”. A mí cuando me invitaban a algún programa de radio, me pasaba que no me quería ir. Fui a hablar con José Luis Mallemaci, aquel pivote que llegó a jugar en Boca, que vive en Madryn y es dueño de una radio de FM. Le comenté, le gustó y me dio el espacio. Busqué a un periodista, un marplatense, Augusto Rakijar, radicado en Trelew hace varios años. Se sumó enseguida, me dijo que me iba a ver jugar al Domo, que para él era un sueño. Lo hacíamos el domingo a la mañana, la primera nota fue Fantino. Yo hacía los contactos para hacer las entrevistas, buscaba gente conocida, periodistas, deportistas, no necesariamente basquetbolistas. Y no para hablar de trabajo, si no de otras cuestiones personales. Me fue bien. Cuando me fui a Unión de Sunchales lo suspendí, cuando volví a Madryn lo retomé en una radio de AM, en LU17, los lunes. Y ahora lo terminamos definitivamente cuando me volví a Mar del Plata. Me di el gusto de entrevistar a Nico, a mi hijo, hablando de su vida en España, lo cruzamos con el Pichi Campana, salió muy bien.

– ¿Lo vendías?

– Nooo…No gané un sólo peso con la radio. Pero no lo hacía por plata. A mí me cuesta mucho salir a buscar sponsors, no puedo vender ni un escarbadiente. En Bahía Blanca, antes de trabajar en el banco, estando de novio con Claudia, un dirigente de Pacífico me enganchó para vender máquinas de contabilidad. Yo tenía dieciocho o diecinueve años. Tenía que andar por la calle y entrar a vender negocio por negocio. No vendí ni una. Finalmente, me iba a la casa de Claudia a tomar mate. Le dije al dirigente que me disculpara, que no tenía alma de vendedor.

– ¿Hacías ese laburo y jugabas la Liga?

– No cuando vendía máquinas, pero sí cuando trabajé en el banco. Fue durante la etapa de transición. Una vez un amigo, ex jugador, que fue presidente de un club, me dijo: “Yo estuve del lado del ladrón y del policía”. Yo puedo decir algo parecido porque fui jugador y ahora soy entrenador. Y a veces los escucho a los pibes cuando dicen que están cansados. Yo en Bahía Blanca me levantaba a las seis de la mañana para ir a correr al club de golf de Palihue. Lo hacía una hora, iba a mi casa, me bañaba, me ponía la corbata y a las siete y media entraba en el banco. Trabajaba hasta las tres de la tarde, me cambiaba en mi casa, estaba un ratito y me iba a Pacífico. Entrenaba a las formativas y después entrenaba con el equipo de Liga. Y así todos los días. Se puede hacer tranquilamente con voluntad, ambición y el deseo de ser mejor cada día.

– El tuyo no era un caso excepcional. En esos primeros años de la Liga lo hacían casi todos…

– Ese año en Pacífico al único que trajeron de afuera, sólo para jugar, fue a Otón Jascowsky. Después todos laburaban o estudiaban. Era un básquetbol todavía semiprofesional. Yo no me acuerdo si cobraba, creo que algo me daban. Después en 1985 dejé el banco, empezamos a entrenar doble turno y se hizo más profesional.

– Cuando empezaste a cobrar vos tuvieron que dejar la Liga…

– Nooo…¿Cuándo viste que al pibe del club le paguen bien? Siempre es el último en la cola…En un momento, puse una persona para que discutiera mi contrato. Yo no iba a ponerme a pelear con los dirigentes de mi club. Pero arreglaba como sea. Así fue hasta que me fui a Independiente de Neuquén.