Arte a gran escala en las alturas de los edificios marplatenses
Historias que encuentran su lugar en grandes paredes y otorgan un sello distintivo a los espacios urbanos. El muralismo tiene la capacidad de dejar un mensaje en la población, pero, sobre todo, representa la posibilidad de crear una obra que pase a formar parte de la impronta de la ciudad.
“Mensajeras”, mural pintado sobre el edificio de San Juan y Colón en el marco de los 150 años de Mar del Plata.
Por Lucía Castorina
Los murales en espacios públicos se integran a la vida cotidiana y resignifican el paisaje urbano. A través del arte, las calles narran la historia de lugares, acontecimientos y personalidades destacadas. El muralismo renueva los espacios y comunica a sus habitantes, pero quizás su rol más importante sea que las obras, a la vista de todos, pasan a formar parte de la construcción identitaria de las ciudades.
Es el caso de “Mensajeras”, el icónico mural pintado sobre el edificio de San Juan y Colón en el marco de los 150 años de Mar del Plata, que en 2024 fue distinguido como el “mejor del mundo” por la plataforma de arte urbano “Street Art Cities”. Con 35 metros de altura y visible a más de un kilómetro, se posicionó como la obra más significativa del Grupo Sismo, conformado por Fernando Lerena y Massi Ledesma.
Con gaviotas que en sus picos llevan una llave sobre el océano, simboliza la conexión entre las personas y el ambiente. Se trata del mural más grande de la ciudad y uno de los más altos del país. Finalizarlo tomó más de un mes y constituyó “una obra monumental”.
En su proceso, toda intervención implica una extensa etapa de investigación y planeamiento. Se analiza la pared y sus cualidades, los puntos de vista y puntos de fuga, siempre teniendo en cuenta la amplia audiencia que lo disfrutará cada día. Luego se trabaja en el bocetado, principalmente mediante maquetados digitales. Cómo se escalará el diseño dependerá de la altura a la que se va a trabajar: si es una pieza muy alta, requerirá una logística mayor. “Es una obra en la que si improvisás, se nota, y al ser una creación para todo el mundo, se vuelve una gran responsabilidad a la hora de pintar”, sostuvo Lerena.
“En nuestro caso, siempre buscamos transmitir un mensaje y generar un impacto, no solamente embellecer”, declaró. Y agregó: “Embellecer termina siendo aburrido y redundante. La idea, al utilizar el recurso del mural, es contar algo, profundizar”. Aquella, afirmó, es la gracia del arte: no busca meramente entretener; su rol debe ser transformador y generador de ideas. Los murales no solo modifican un espacio, sino también a las personas que circulan y conviven en él.

Massi Ledesma y Fernando Lerena, del Grupo Sismo, que tuvo a su cargo la realización de “Mensajeras”.
Esta predisposición se evidencia a su vez en el proceso de realización de las obras. “La gente se acerca a colaborar, a estar con vos, a charlar, a ayudar, a llevarte una bebida…”, describió Marité Svast, artista plástica, muralista e ideóloga de la Bienal Internacional de Arte Público de Miramar. Así, se logra un objetivo que va más allá de lo comercial: “En el momento en que lo dejás, el trabajo deja de ser tuyo y pasa a ser propiedad de los demás”, aseguró.
Si bien es un oficio que hace muchos años ocupa un lugar importante en la sociedad, “últimamente las marcas le otorgan mayor presencia en sus negocios y la gente te contrata para pintar en sus casas”, destacó Matías Lovera, artista encargado del mural ubicado en Belgrano y la avenida Independencia. La temática propuesta en aquella composición fue la naturaleza y la sustentabilidad, inspiración recurrente en este tipo de intervenciones. Así, ilustra a una mujer afroamericana rodeada de flora y fauna terrestre y marina. En menor escala, se vislumbran personas vinculándose de diferentes maneras con el ambiente.
Una vez definido el concepto, el proyecto se llevó a cabo en alrededor de veinte días, aunque se vio demorado por realizarse en simultáneo con otras remodelaciones. “Cuando quitaron los andamios, instalaron un balancín, un sistema con contrapesos que se coloca en la terraza y permite recorrer toda la pared, desde arriba hasta abajo. El trabajo final abarcó unos 15 metros y medio de alto por 8 metros de ancho, y fue protegido con laca”.
Hay que saber “mirar, leer y estudiar” para lograr resolver una imagen que luego se adaptará a un espacio y medidas determinadas. Al respecto, Lovera señaló que sumergirse en la instancia de diseño le otorga tranquilidad a la hora de pintar: “Llegado ese momento, ya sé lo que voy a hacer y queda nada más plasmarlo en la pared”, explicó.
Hay muchas maneras de traspasar el dibujo. La mayoría lo hace con cuadrículas o papel; otros proyectan la imagen y dibujan encima. También hay quienes pintan directamente, sin guías. “Una vez plasmado, viene la parte más linda, que es ponerse a trabajar. En algún punto, decís: ‘Bueno, acá dejo esta obra, que ya no es mía: es de la gente’”, subrayó. Luego hay que barnizarlos, darles una capa protectora y mantenerlos.
Las técnicas son concebidas para sobrevivir al aire libre y la erosión. Desde las más tradicionales pinturas, mosaicos y trincados hasta esculturas, tallados, metales, geografiados, alto y bajo relieve y técnicas mixtas, los murales albergan una fuerte carga simbólica y colectiva. Emplazados en barrios o paredes céntricas, otorgan un sello propio a los espacios urbanos.
“El arte es un idioma universal: en cualquier lugar del mundo que vayas y muestres lo que hacemos la gente lo va a entender”, describió.
Un movimiento milenario
La historia del muralismo está profundamente enraizada en movimientos políticos y sociales. “Hubo épocas en que no se podían pintar murales, y fue gracias a muchos encuentros y relaciones con artistas internacionales que comenzaron a entablarse puentes. Dentro de nuestro país hay una extensa cantidad de grupos maravillosos que hicieron del muralismo una corriente muy especial y han transformado ciudades, porque definitivamente tiene que ver con un hecho de transformación”, puntualizó Marité Svast, que dedicó su vida a este movimiento.
Al igual que la pintura, el muralismo revitaliza espacios deteriorados, con humedad y gastados. “Podés cambiar todo un barrio por pintar las paredes lisas, imagínate si pintás un mural… transmite una sensación, un sentimiento para el que lo ve”, enfatizó Lovera. Esta práctica tiene esa doble virtud: la de reinventar un espacio y el dejar un mensaje, transmitir una emoción al observador.
Además, describió cómo “un cuadro está dentro de una casa, una oficina o un museo, pero al pintar murales dejás obras de arte en la calle, gratuitas para que la gente las vea y disfrute a simple vista, lo que impacta más”.
“Cada vez más personas eligen dedicarse a esto, gente que lo hace por pasión, incluso que trabaja de otra cosa… todos tenemos diferentes experiencias y, con el apoyo de algunas marcas, podríamos lograr grandes cosas. Es una práctica en auge y bastante aceptada”, remarcó. Y opinó: “Creo que el municipio debería apoyar y dar más incentivos. La mayoría de mi carrera trabajé con el sector privado, pero hay muchos lugares grandes, obras inmensas que para un privado son imposibles de realizar”.
“Tenemos muchas ideas: hay plazas, escuelas, paradas de colectivo, puentes… hay de todo para intervenir. Pero para ello hay que lograr una conjunción entre ambos sectores”, añadió.
Al respecto, observó que Mar del Plata es una ciudad en constante crecimiento, que valora cada vez más el arte urbano. “Se está volviendo una capital, a pesar de que conserva características de pueblo como la recomendación, el boca en boca, el siempre tener a alguien en común que te conoce… eso te impulsa, porque la gente te recomienda y comparte”, mencionó.
“Hay segmentos de la población que no son conscientes aún del potencial que tiene el muralismo. En otros países, como México, se respira otro tipo de cultura y de valorización”, manifestó Marité Svast, quien evidenció además que “cuanto más arte público exista, más sensibles vamos a estar todos”.
“Al salir a la calle a pintar libremente, exclusivamente por amor al arte, es cuando uno puede explayarse. Lo que más nos llena es transformar un espacio, sus muros, la cuadra, un barrio y, de a poco, ir transformando la ciudad”, transmitió Lovera.
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