Con tener talento no te alcanza: Capítulo 79. Intermezzo V, o El arte de montar un escándalo
Capítulo 79 de la columna de Marcelo di Marco.
Luis de la Fuente. Ilustración de Jorge Estefanía.
Por Marcelo di Marco (*)
—Épater le bourgeois es una especie de divisa que acuñó alguien mucho antes de que apareciera el arte moderno, Pukkas, y muchísimo antes de que se generalizara el hamparte hasta en las ensaladas. Y esto de ensaladas no es ninguna metáfora, porque en la Feria ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de España, la alemana Karin Sander presentó en la edición 2022 una “obra” que consistía en vegetales reales (bananas, acelgas, uvas y lechugas) clavados directamente en la pared. Desde la galería explicaron que la instalación era un guiño al tradicional bodegón. Y acá yo pienso en la distancia inconmensurable que media entre una hoja de lechuga clavada a la pared, que se iba pudriendo y por la que te pedían en la expo 7500 euros, dicho de paso, y los auténticos bodegones.
—Usted conoce uno por la costa que le dan de todo y a rolete, Máster: que rabas, que carnes, que mariscos, que pastas caseras.
—¡Hablás del Costa Serena, alfajor de pollo! Hace muy poco, con Nomi la llevamos a ese paraíso morfológico a Mechi Guerrero, quien vino a La Anita a vivir su residencia creativa y se fue recontrasatisfecha de los dos lados. Yo te hablo de otros bodegones.
—Es que en Mar del Plata está lleno, Máster. Yo conozco un par en donde se morf…
—… ¡hablo del bodegón como género pictórico, turma cojija! ¿Nunca oíste hablar de la naturaleza muerta? En pintura, eso es un bodegón. Pienso en el famoso cuadro Cesto con frutas (Canestra di frutta), pintado por Caravaggio, en el que este genial milanés del Barroco te pone delante de los ojos manzanas, higos, duraznos, uvas y otras delicias con un realismo tan asombroso que revolucionó el género. Hasta se ven las marcas que dejan los gusanos en las hojas, mirá vos. En suma, Caravaggio elevó la naturaleza muerta al mismo nivel de importancia que la pintura religiosa o histórica, otra que una hoja de lechuga colgada a la pared. ¡7500 euros te pedían por cada vegetal colgado por la alemana, te repito, y como el yuyo en cuestión terminaba por pudrirse te entregaban el clavo con que fue clavado! ¡¡¡¿No te asombra por lo menos, carajooo?!!!
—Bueno, Máster, que no se le salte tanto la térmica: después de que me contó lo de la banana pegada a la pared con cinta scotch, lo del tanque de orina de Venecia y lo de la vagina disparapintura, ya no me asusta nada.
—Es que ahí está la clave, Pukkas. Hablando de Roma, diste en el clavo por fin: de tanto que se busca escandalizarlo, nuestro hombre normal terminará por ya no asustarse de nada. Y encima no volverá a pisar un museo por tiempo indeterminado. Parece que hoy escandalizar a la sociedad, y sobre todo a la zona woke, pasa por asumir la actitud de Luis de la Fuente, el director técnico de la selección española. Por caer en el gravísimo pecado de confesar que en lugar de practicar cábalas él le reza a Dios, a San Fermín y a la Virgen de la Vega, y por pronunciar frases dignas de toda cancelación (tales como “Hay no una, sino mil razones para creer en Dios. Sin Dios, nada en la vida tiene sentido”), fue visto como una rara avis y cuestionado y criticado por sectores laicos, políticos y más de un medio de comunicación. Y eso sucedió en España, un país que, como el faro espiritual que fue de todo el planeta, supo basarse en la fe católica para fundar un continente entero. Pero hoy parece que manifestar la fe públicamente y sin complejos escandaliza mucho más que colgar en una exposición un mingitorio dado vuelta, igual que lo hizo hace más de cien años mi colombroño Duchamp.
—Sabe, Máster, que cuando yo era chico había una serie argentina muy buena. Los simuladores, se llamaba.
—La conozco, Pukkitas. Excelente. Producto del tándem Szifrón – Vega, gran dupla creativa. ¿Pero eso qué tiene que ver con Marcel Duchamp y lo que te estoy diciendo?
—Todo, Máster. Me acuerdo de que en un episodio el jefe de los simuladores le tira algo parecido a un chico que tiene delante, un pibe vestido como un punky. Acá le muestro el diálogo tal cual, que sucede en un bar al palo. Santos le pregunta al chabón por qué viste con “prendas ostensiblemente desagradables a la vista” y si aquello lo hace por un acto de rebeldía contra el sistema. El chico le dice más o menos que sí, que es por eso. Y Santos va y le tira ‘beef’ haciéndole ver que los dueños de las marcas que fabrican esa ropa tan antisistema viven en barrios privados gracias a haberles podido vender a los perejiles la estética de la contracultura. El sistema se enriquece de la falsa disidencia, por lo que la verdadera transgresión actual pasa por la formalidad clásica. Entonces Santos le echa un vistazo a la mesa de al lado, en la que se sienta un señor de saco y corbata, y enseguida le pone la lápida al punky diciéndole: “Hoy por hoy, si te querés rebelar, tenés que usar saco y corbata”.
—Y casarte y tener hijos, agregaría yo, antes de que el invierno demográfico llegue a cien grados bajo cero. Y también ir a misa los domingos, por lo menos. Ese es el auténticamente revolucionario ‘épater le bourgeois’ de hoy, Pukkitas.
—Épateleburyuá, cierto. ¿Y eso que…?
—A esta altura del partido ya debería quedarte claro. Significa algo parecido a “despatarrar al burgués”. Dejarlo patidifuso, como diría tu novia Anna Leah. La cuestión es que esa frase la dijo un tal Alexandre Privat D’Anglemont, un escritor francés de mediados del siglo XIX que se vanagloriaba delante de sus amigos, tan bohemios como él, de haber logrado escandalizar a los burgueses. Con sus provocaciones, esta gente buscaba desafiar el buen gusto, la moral de siempre y las expectativas de esa clase media tranquila y bastante pedestre (hay que decirlo), y lo lograban disparándoles obras disruptivas o directamente chocantes. Baudelaire, a quien conocés desde hace unas cuantas notas, le dio forma escrita a la frase: ‘épater le bourgeois’. Ninguno de los “artistas” de hoy va a reconocerlo, o bien porque no tienen ni idea de que esa frase existe, o bien porque, teniéndola, no quieren pasar por obsoletos. Pero lo cierto es que detrás de todo el circo del hamparte hay un común acuerdo en cuestionar el sistema de normas y creencias de la gente común.
—Para conseguir semejante objetivo esos tipejos necesitan sentirse bastante superiores a los demás. ¿No es cierto, Máster?
—Totalmente cierto, Pukkitas. Conocí muy bien a un poeta, del que hoy nadie se acuerda, que a quienes no tenían apetencias artísticas los catalogaba con el rótulo de “gente boluda”. Lo que sí no necesitan estos parásitos, para despatarrar a la pobre “gente boluda”, es una rigurosa maestría intelectual y manual, un virtuosismo caldeado por décadas de oficio. Les basta con empiojarse moralmente para llenarse los bolsillos y seguir llamando la atención.
—Eso quería preguntarle, Máster. ¿No le parece a usted que al mostrar en estas columnas a esos impresentables y sus empeños en traer más fealdad al mundo les está dando vidriera? ¿No sería mejor no hablar de ellos, no entrar en el juego que ellos proponen, para no darles tanta importancia?
—Mi querido Pukkas, el silencio es el caldo de cultivo donde estos hongos proliferan. Sabé que no le estoy dando vitrina al hamparte para que nuestros lectores lo admiren. Simplemente, prendo la luz para que las cucarachas corran. Si dejamos de señalar la desnudez del emperador, la “gente boluda” terminará creyendo que el fraude es alta costura. Más que darles publicidad, les estoy haciendo a esos hampartistas la autopsia en vida. Hay que exhibir con precisión quirúrgica y datos fehacientes su fealdad intrínseca y su falta de oficio, para que hasta el más inadvertido hombre normal entienda que detrás de su provocación barata hay únicamente almas vacías de todo talento y repletas de toda soberbia. Dicho lo cual, aprovecho para diferenciar de esos farsantes a los artistas con verdadera vocación, aquellos que buscan con autenticidad nuevos caminos para expresar sus sueños o sus pesadillas.
—Siempre decimos que con tener talento no te alcanza, pero esos artistruchos no pueden pasar al segundo nivel porque su talento es nulo.
—No te creas, Pukkitas. Algunos quizá tengan talento, sí, pero evidentemente lo han sacrificado en aras de la ideología, del dinero y del reinado de lo conceptual.
—¡Cierto, lo del arte conceptual! ¿Le parece que ya estoy en condiciones de que me explique qué rayos es todo ese rollo?
(*) Los capítulos anteriores de Con tener talento no te alcanza pueden leerse acá.
Lo más visto hoy
- 1Camioneros ya transfirió más de $4.000 millones este año a empresas vinculadas a la familia de Moyano « Diario La Capital de Mar del Plata
- 2Mataron a un adolescente de 16 años que habría intentado robar una camioneta « Diario La Capital de Mar del Plata
- 3Un marplatense fue condenado a 12 años de prisión por organizar y financiar una red de narcotráfico « Diario La Capital de Mar del Plata
- 4“Perdimos a una gran persona”: dolor y despedida por el hombre que murió atropellado en el barrio Las Avenidas « Diario La Capital de Mar del Plata
- 5Nueve años después del ARA San Juan, un submarino volvió a Mar del Plata « Diario La Capital de Mar del Plata
