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Policiales 27 de agosto de 2026

Condenaron al chofer del robo en el edificio de Cabo Corrientes

Se trata de Rodrigo Soto, quien llegó a un acuerdo durante un juicio abreviado por el hecho ocurrido en 2020.

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El edificio Mirador Cabo Corrientes donde se produjo el robo.

Un hombre de 41 años fue condenado por la Justicia de Mar del Plata a la pena de 3 años de prisión por su rol como chofer del asalto a una pareja de jubilados en el edificio de Cabo Corrientes en 2020.

El robo, tal vez uno de los más espectaculares de los últimos tiempos en la ciudad, ya tiene varios condenados a los que ahora se suma Rodrigo Soto, tras el acuerdo de juicio abreviado entre las partes.

Previamente la Justicia había aplicado al expolicía Carlos Alejandro Juárez una pena de 4 años y 3 meses de prisión, mientras que a Julieta Palermo, su pareja, 3 años. Ambos, junto al aún prófugo Leonardo Scurzi, fueron los que ingresaron al séptimo F de la Torre 3 del Edificio Cabo Corrientes, en la calle Falucho 87 de esta ciudad.

Mientras a 200 metros aguardaba Soto, los tres delincuentes se apoderaron 200.000 dólares, 400.000 pesos y un sable militar, según lo declarado por las víctimas, una pareja de ancianos de 84 y 73 años. Sin embargo, se cree que había más dinero en la mochila que cargaron los asaltantes.

Durante el robo, Soto se comunicaba con Juárez y a su vez le pasaba información a los dos ideólogos, el joyero turco Sevan Arslan y el financista Claudio Alanis, quienes esperaban en otra camioneta. Cuando Soto los vio regresar, los hizo subir rápidamente al Peugeot 2008 y escaparon rumbo a Pinamar.

Fotograma en que se ve a Juárez y Palermo en el edificio Cabo Corrientes el día del asalto.

Fotograma en que se ve a Juárez y Palermo en el edificio Cabo Corrientes el día del asalto.

El asalto, en el que a cada miembro de la banda le correspondió una suma cercana a 50 mil dólares, terminó por destapar la olla de la corrupción policial en Mar del Plata. Porque meses después a Juárez lo quiso “secuestrar” un grupo compuesto por un policía de la DDI, un expolicía, un civil involucrado años atrás en secuestros extorsivos y un financista. Todos los exigían dinero para frenar la investigación que lo tenía apuntado.

Un llamado al 911 del propio Juárez inició una pesquisa con derivaciones impensadas, ya que alcanzó al jefe departamental de la policía José Luis Segovia, quien desde mayo de 2024 se encuentra detenido.

La banda cayó tiempo después excepto Scurzi y se conocieron los detalles de una maniobra sofisticada e ideada desde la joyería de Arlsan en Buenos Aires.

El plan

Meses antes del robo (en marzo, julio, octubre y noviembre), la pareja de ancianos se había desprendido de algunas de ellas en operaciones inmobiliarias que les reportaron dinero en efectivo en una cantidad millonaria, muy importante. Fuentes informales del entorno familiar y de amistades mencionaron una cifra cercana al millón de dólares. Con el acceso a moneda extranjera restringida, por entonces se recurría a financistas o personas dedicadas a la compra y venta de divisas.

Así fue como el matrimonio había conocido a Carlos Bonaventura, su cambista habitual y, por intermedio de él a Alaniz, quien realizaba labores diversas, entre ellas la de custodio, según la Justicia. Alaniz concurrió al menos dos veces al departamento F del piso 7 con el propósito de brindar algún servicio financiero al matrimonio. Y fue ese el punto de partida para pergeñar el Gran Golpe.

Alaniz ofreció un trabajo de “un millón de dólares” al “Turco” Arslan. Ambos se conocían por el rubro de la compra y venta de dólares ya que Arslan, en su joyería de Libertad al 400 en CABA, tenía ese otro emprendimiento: la comercialización de moneda extranjera. Pero eran algo más que ocasionales socios. La relación entre ambos era mucho más cercana, tanto que hasta llegaron a participar juntos del sponsoreo del piloto de TC Mouras, Tomas Serna. El automóvil de Serna decía “Gracias Turco” y “El Negro Claudio” como aportantes de dinero.

Al cabo de algunas reuniones, se ofreció como mano de obra a dos empleados de la joyería: Carlos Juárez y Rodrigo Soto. Juárez era un expolicía con antecedentes y que tenía una novia llamada Julieta Palermo. Esta joven fue agregada al grupo e iba a ser la llave de ingreso al departamento: las víctimas no sospecharían de una voz femenina llamando del otro lado de la puerta y diciendo ser la vecina de “arriba”.

Por último, se agregó a un amigo de Juárez, Leandro Scurzi, quien residía en Valeria del Mar.

Se resolvió que el “millón de dólares” se iba a repartir en partes iguales descontando los gastos logísticos.
La cuenta final dio 50 mil dólares para cada uno y Arslan se llevó las partes de Soto, Juárez y Palermo para “administrarlas”.

Las víctimas del robo en Cabo Corrientes murieron meses después, acaso por la angustia de haberse sentido ultrajados.