De una sesión de terapia a una novedosa iniciativa que ya reúne a más de mil marplatenses
Bárbara Patuto (32) creó Amigos de Mardel para enfrentar un sentimiento de soledad. Hoy es un grupo en constante crecimiento que realiza actividades todas las semanas.
Amigos de Mardel nació a partir de una sesión de terapia, en un mundo donde los trabajos, los trámites y las charlas pueden hacerse a través de una pantalla y cada uno se convierte en su propia compañía.
Bárbara Patuto (32) creó esta iniciativa en 2025. Ese año había regresado de un largo viaje con la idea de instalarse nuevamente en Mar del Plata, pero entonces apareció el sentimiento de soledad.
“Me encontraba en diferente sintonía con mis amistades de acá y mis mejores amigos estaban en otros países. Llegaba el sábado y estaba sola en mi casa. A veces tenía ganas de interactuar, de ir a un boliche o de tomar algo y no tenía con quién”, expresó.
En una sesión virtual, su terapeuta le ofreció la punta de un hilo que terminaría derivando en más de 1.400 seguidores en Instagram, un grupo de WhatsApp con al menos 130 integrantes y reuniones todas las semanas. “Capaz es momento de juntarte con gente que esté en la misma situación que vos”, le recomendó la licenciada.

Rápidamente subió una historia a sus redes personales, donde contó que trabajaba de manera remota y que estaba todo el día sola en su casa. Solo salía para ir al gimnasio y allí no interactuaba con nadie. Además, sus amigos vivían a kilómetros de distancia o estaban con sus propias cosas.
Lo que Bárbara no esperaba era la cantidad de respuestas que tuvo. Resultó que muchos se sentían atravesados por la misma sensación. Una semana después, en diciembre de 2025, hicieron la primera juntada en la Galería Hops, de la que participaron 16 personas.
“De ahí no paramos. Después armé el grupo de WhatsApp y hoy somos 130. Nos juntamos una vez por semana”, comentó. Más tarde, armó el perfil de Instagram para comunicar las próximas reuniones.
Los planes son variados: bares, cafeterías, MR. Fly, bowling, playa y hasta alquilar una casa en acantilados durante un fin de semana forman parte de las actividades.

La única limitación etaria es ser mayor de 18 años. En este momento participan jóvenes de entre 24 y 40, “todos con ganas de ampliar su círculo social y tener experiencias nuevas”.
La creadora de esta iniciativa destacó que el crecimiento fue lento pero sostenido, y que hoy los números son altos. De cada reunión participan entre 25 y 30 personas e incluso pueden llegar a ser 40, dependiendo del plan. “La verdad, no es algo que yo haya planeado, pero sucedió y lo abracé”, expresó.
Los motivos
Hay un patrón: en líneas generales, las personas que se acercan trabajan solas desde sus casas, llevan poco tiempo en la ciudad o terminaron una relación recientemente, por lo que su círculo social quedó reducido.
En todos los casos la dificultad está en encontrar los espacios para conocer gente. Lejos de la etapa de la escuela, y sin espacios como la universidad o determinados trabajos que funcionan como lugares de encuentro cotidiano, para muchos adultos jóvenes generar nuevos vínculos requiere una búsqueda activa.
Así, actividades que antes podían surgir de manera espontánea, como tomar un café, salir, compartir un deporte o simplemente conversar, pasan a necesitar de un espacio organizado que reúna a personas con una misma predisposición, conocer a otros.
Amigos de Mardel aparece como una respuesta a esa necesidad de volver a generar encuentros fuera de las pantallas.
“La gente viene una vez y se queda para siempre, y ellos también lo recomiendan. Además, a muchos los ha mandado la psicóloga; se ve que se ha corrido la bola en el ámbito de la salud mental en la ciudad”, detalló la organizadora.

Nicolás Setzes (32) participa de Amigos de Mardel desde la primera reunión. Vio en esta iniciativa “una oportunidad para conocer gente, escuchar nuevas historias y hacer planes copados”.
A su vez, agregó que se sintió identificado con la necesidad de Bárbara por “trabajar remoto y perder contacto con la gente y el mundo real”. El joven agregó que a mucha gente que trabaja de manera online le pasa lo mismo y “no sale ni a hacer un mandado”, lo que puede generar una gran sensación de soledad.
Para él, la grupalidad funciona principalmente por dos aspectos: “Primero, hay ganas de entablar nuevas relaciones y de conocer historias, y eso te lleva, en primera instancia, a unirte al grupo”.
“Además, hay un componente estructural: Barbi hace de motor y coordina ciertas actividades para poder incluir gente nueva cada vez que alguien se acerca. Creo que la combinación de ambas cosas hace que el grupo siga después de tanto tiempo”, planteó.
Amigos de Mardel nació de una necesidad individual, pero rápidamente encontró eco en decenas de personas que atravesaban situaciones similares. Así, lo que comenzó como una historia en Instagram terminó convirtiéndose en un espacio de encuentro.
Con los vínculos cada vez más mediados por las pantallas y la tecnología que parece ganar la pulseada, los jóvenes continúan apostando por encontrarse con otros, sumar experiencias y generar espacios de juego.
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