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Gabriela Exilart y la pulsión de escribir “un mix de tragedia, aventura y pasión”

Recientemente declarada vecina destacada de Mar del Plata, presentará su última novela, "Justicia literaria", en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El libro fue uno de los objetivos que se planteó al abordar un tema muy actual. Charla con la autora que desafía los límites de los géneros.

Cultura 24 de abril de 2023

Escribe desde muy chica. De forma recreativa, terapéutica. En noches de insomnio. Desplegando no solo su imaginación, sino como catarsis frente a situaciones de la vida real. Cuando comenzó a publicar sus novelas, lo hizo en género romántico histórico, pero siempre, abordando temas con un mix de “tragedia, aventura y pasión”.

Con 8 novelas publicadas en ese registro, participación en varias antologías de cuentos y una décima obra lista para publicarse en octubre, Gabriela Exilart sorprendió al mercado editorial en diciembre último con “Pulsión” (editorial Sudamericana). Se trata de una historia contemporánea, una novela negra, en la que se aleja del registro romántico, pero no del anclaje en un contexto real y violento que caracteriza a toda su obra.

A poco de haber sido declarada vecina destacada de Mar del Plata por su contribución al campo de la cultura y antes de presentar Pulsión -este viernes a las 18.30- en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, repasó detalles de su último libro y de los hilos conductores de su obra, en una charla con LA CAPITAL.

“Fue hermoso, emotivo y sorpresivo” dijo sobre el reconocimiento local que -aseguró- le generó “orgullo, pero también un plus de responsabilidad en representación de la ciudad”.

En su última novela, como en toda su obra, los contextos violentos son preponderantes. Desde la revolución del parque de su primera obra publicada, pasando por la semana trágica de la Patagonia, la guerra civil española, la matanza de Napalpí o la última dictadura militar argentina.

“Lamentablemente la humanidad está atravesada por la violencia, por los dolores, así como también está atravesada por el amor. Entonces, en mis novelas trato de reflejar la totalidad del mundo humano, con todo lo lindo y con todo lo feo. La violencia la vemos a diario, todo lo que nos está pasando como sociedad no es ajeno a la obra literaria y nos damos cuenta que es atemporal, que ha existido desde siempre. Estamos rodeados de violencia y hay que narrarlo. Quizás a mí me convocan y me conmueven ciertos episodios y los quiero contar, tratando también de transformarlos en un mensaje esperanzador” definió la escritora, que también se desempeña como abogada y docente.

– ¿Son un poco como la vida misma?

– Es así, la vida misma. Con un mix de tragedia, aventura y pasión. Trato de que las novelas sean creíbles, que sean verosímiles, lo más cercanas a la realidad, con todo lo que eso implica: una gran carga emotiva y una cuota de realismo que a veces pareciera que excede la ficción y lo vemos en cualquier esquina.

– Además de la violencia, otro hilo conductor tiene que ver con la lucha por deseos e ideales de tus protagonistas, en general mujeres.

– Por lo general en mis personajes, los más fuertes o los que más luchan o los que más reclaman siempre son mujeres. Tengo algunas novelas con protagonistas masculinos, como fue En la arena de Gijón que los protagonistas eran los hermanos, pero siempre está la lucha de la mujer. Por más que hoy tenemos igualdad de derechos y de oportunidades, al menos en la teoría, en la legislación, nos cuesta todo un poco más, porque además tenemos roles impuestos, que por más que queramos dejarlos de lado están: las madres nunca dejamos de ser madres y aún cuando tengamos una profesión, trabajos, hobbies, siempre están primero los hijos, la casa y todo nos cuesta más en cuestión de tiempo, en cuestión de oportunidades de ascensos, de salarios y en mis novelas lo reflejo de acuerdo a la época en la que estoy narrando, que como son históricas, la lucha es otra, es distinta.

Mi profesión de abogada, que viene de una raíz de idealismo y de búsqueda de la justicia me lleva a plasmar en mis novelas eso que uno quiere en la vida, ese mundo ideal que quizás uno sueña y en la realidad a veces no lo podemos ver o no lo podemos tener. Trato que en las novelas se reflejen esas luchas y que los personajes lo logren, que haya una especie de Justicia, aunque sea literaria.

-¿Cómo se da eso en Pulsión?

-Esta novela, fue escrita de manera muy distinta a todas las demás. Fue volver a los orígenes, a las primeras novelas que yo escribía cuando era joven y tenía insomnio. Y empezó porque no podía afrontar la realidad lo que estaba pasando a partir del caso de Fernando Báez Sosa, yo no quería ver las noticias, ni escuchar, ni hablar. Quería estar aislada de ese hecho tan espantoso y empecé a escribir para no pelearme con la gente que me habla de este tema, para mí, como algo sanador, terapéutico, catalizador.

Y me puse en el lugar de la otra mamá porque no me podía poner en lugar de la mamá de una víctima. Escribí como una desaforada, muy desde adentro, llorando muchísimo, sufriendo muchísimo, hasta que en un punto me di cuenta que eso que estaba haciendo era una novela, iba más allá de algo terapéutico, por eso el cambio de registro.

Cuando me di cuenta que tenía una historia le empecé a buscar otras aristas, a generar otros personajes también, a intensificar la trama.

Me hubiera encantado que esto no hubiera ocurrido y no haber tenido que escribirla.

Es un punto de vista cuestionable el que yo encaré en esta novela, pero no puedo entrar en discusión. Es un punto de vista determinado, como si yo escribiera en la voz de un asesino o en la voz de un perro. Si escribo en primera persona la voz de un perro voy a tener solamente el punto de vista del perro. Bueno, acá es lo mismo.

– Justamente en Pulsión, el asesino prácticamente no tiene voz.

– Él es contado por los demás, por la madre, por la amiga, por el hermano, él apenas tiene voz.

– No es casual, que una de las voces más importantes de la novela la de Ada, esta mamá, con lo que veníamos hablando antes.

– Me planteé qué haría yo si tuviera que defender a alguno de mis hijos: y creo que una una madre está dispuesta a hacer cualquier cosa por su hijo.

Ada es una mujer a la que todo le ha costado a partir de su divorcio bastante conflictivo y el después, con esto que pasa. Hasta último momento ella no sabe si su hijo eso no un asesino y también la vida se le desarma y empieza a tener que luchar y abrirse camino, primero para salvar a ese hijo, para sacarlo de la cárcel y, después, para reconstruir su vida, porque como una bomba expansiva, lo que ocurrió, un asesinato a la salida de un boliche, la destruye a ella y a su familia, su entorno, todos sus círculos de vida empiezan a desmoronarse y ella, como madre que es lo primero que la identifica, tiene que ver qué hace y como salva lo que pueda salvar.

-En tu historia se refleja como los costos de esa situación se reparten de manera tan diferente entre la madre y el padre…

– Ahí está lo que lo que siempre decimos: por lo general el amor de la mamá es el amor más grande y e incondicional que existe, hay una idealización del hijo tan tremenda, que también nos hace perder registro. Ella, con ese amor, esa confianza ciega por sus hijos, es la que asume los mayores costos, en todo sentido, pero me refiero más al costo emocional. Quizás el padre tiene una visión más objetiva del hijo, como la tiene el hermano. Quizás el mensaje es ‘abramos los ojos’, porque somos madres y amamos a nuestros hijos, pero hay que prestar atención porque ese velo de idealización quizás nos hace perder el registro de qué están haciendo ellos, de cómo son en realidad, cómo son puertas afuera. Y se podría haber prevenido algo violento, tanto en mi ficción, como en la vida, en la realidad.

-El padre es una figura ausente pero que ha influido muchísimo en el caracter de sus hijos.

-En toda familia hay distintas versiones y valores, pero cuando hay un matrimonio que se separa y los valores son tan distintos, ahí los que quedan en el medio son los hijos y hay que ver que eligen esos hijos, cuál de los dos modelos familiares que se les presentan. Estos hijos habían elegido. Un hermano estaba más cerca de una determinada imagen y el otro está en la otra postura, lo que pasa que la mamá eso no lo veía. Lo que yo cuento ahí, si bien es ficción, está sacado de la realidad lamentablemente.

-¿Cómo llegaste a esa otra voz de la novela, la de Magda, y su gran arco dramático? ¿Con qué objetivo?

-Me costó un poco más el personaje de Magda porque es una adolescente y mi adolescencia fue muy distinta a la adolescencia de ahora.

Tuve que pedir un poco de ayuda, mirar un poco a mis hijos, preguntar. Pero algo que creo que no ha cambiado con los tiempos es la idealización cuando uno se enamora, y más los amores adolescentes que son los más puros. Ella estaba nublada, con ese amor platónico -porque no sabemos si es correspondido o no- y tiene un grado alto de idealización con el protagonista de la novela y después va transitando todo el arco dramático que tiene que transitar todo personaje de una novela, que la llevan a crecer y a madurar de una manera que quizás no es la más deseable.
También me gustó narrar la versatilidad del amor. El personaje responde a ese patrón adolescente que tiene que ver con lo vertiginoso de la adolescencia.

-¿Hay una crítica también a tu profesión de abogada?

– Fue absolutamente invención mía, no porque haya tenido ningún testimonio ni haya investigado nada. Fue lo que yo quise hacer con este abogado tan inescrupuloso y mediático que, sí, deja muy mal parados a los abogados y a la justicia. Fue absolutamente adrede y ficcionado, no es que tenga ningún dato extra. Todos de alguna manera a veces hemos tenido sospechas en algunos casos de… ¿Qué pasó acá? Y este abogado muestra lo falso de ciertas profesiones y los falsos ideales.

-¿Te costó salir de la historia, de la escritura?

-Si, me sigue costando. La escribí en Marzo Abril de 2020 cuando ocurrió el asesinato, después cerré el archivo y quedó ahí. Ahora fue volver a vivirla y con el juicio en enero fue peor. Realmente para mí fue fue horrible que la novela saliera en diciembre y el juicio en enero porque no disfruté del lanzamiento, lo viví con muchas contradicciones porque parecía oportunista y no fue así.