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Deportes 16 de diciembre de 2019

La apuesta a la continuidad, el acierto de Alvarado y Círculo

En los momentos críticos sostuvieron a sus entrenadores y terminaron muy bien el 2019. El equipo marplatense se afirmó en la Primera Nacional y clasificó a la Copa Argentina, mientras que el conjunto otamendino cerró el Federal A con tres victorias en fila.

Juan Pablo Pumpido y Alexis Matteo.

Por Juan Miguel Alvarez

En el fútbol actual los proyectos a largo plazo son una excepción. Ante cualquier momento crítico de un equipo, el entrenador es el primer fusible. Lo paradójico es que los cambios no garantizan el éxito. Por eso, muchas veces es necesario apostar a la continuidad, como lo hicieron Alvarado y Círculo Deportivo durante este semestre.

Los directivos de ambos clubes hoy deben sentirse orgullosos de haber sostenido la idea primaria y sorteado las situaciones adversas.

Tras la derrota con Ferro en Caballito, Juan Pablo Pumpido fue apuntado como el principal culpable del mal inicio de Alvarado en la Primera Nacional: último en la tabla de la Zona A tras ocho fechas. Razonamiento esperable hacia un entrenador recién llegado, sin vínculo previo con el club y que llegó tras el ascenso glorioso de la mano de Mauricio Giganti.

Durante ese arranque, el equipo mostró algunos indicios positivos, sobre todo en el aspecto ofensivo, donde Germán Rivero -y en menor medida Santiago Giordana- había empezado a mostrar su potencial. A Becker la pronta lesión le truncó esa posibilidad.

En lo defensivo pagó muy caro algunas desatenciones y el mediocampo no se complementó bien con tres volantes internos. Con el 4-3-3, hubo partidos con un Alvarado sólido pero sin peso ofensivo (ante Temperley o Ferro) y otros en los que generó en ataque pero también quedó desprotegido (Deportivo Morón o Atlanta). El partido en Caballito fue el peor del equipo con la pelota y el que más llenó de dudas la continuidad del proyecto.

Pero Pumpido siguió, hizo algunos ajustes y Alvarado cerró el año en un lugar por encima de las expectativas, por ser su primera temporada en la categoría.

El DT cambió el esquema a un 4-4-2 le que dio más equilibrio ofensivo y defensivo. Los volantes externos aportaron mayor dinámica. El regreso de Becker en un nivel muy alto fue vital: sumó desde su pegada en pelota parada y por su explosión para atacar los espacios.

Maximiliano González y Pablo Ledesma se sintieron más cómodos con los “nuevos” espacios a cubrir. El primero fue el motor, con despliegue y buen primer toque; el segundo aportó desde su notable clarividencia para darle buen sentido a los ataques, más allá de su colaboración en la marca.
Rivero, que había mostrado recursos para pelear en inferioridad, fue determinante mejor acompañado y tuvo en Becker a su socio ideal.

El arquero Emanuel Bilbao entró con el pie derecho (en sus siete partidos el equipo quedó invicto), con buenas atajadas y sin responsabilidad en los goles rivales. Mientras que el progreso de Zules Caicedo fue el ejemplo más claro del crecimiento de la defensa en general.

Desde Caballito, Alvarado sumó cuatro victorias y tres empates. El valor fue mayor si se tiene en cuenta que visitó a equipos como San Martín de San Juan o Belgrano de Córdoba, con historia y antecedentes recientes en la máxima categoría.

Alvarado trepó hasta el séptimo puesto de la tabla (de 15 equipos) y su sprint final tuvo como corolario la clasificación a la Copa Argentina. Con Pumpido como artífice principal, porque armó a su gusto el plantel -nuevo casi en su totalidad- y en poco tiempo le dio una identidad al equipo.

Maldita espera, bendito final

Los malos resultados tampoco terminaron con el ciclo de Alexis Matteo en Círculo Deportivo, que al final del semestre recogió los frutos. El contexto era distinto al de Pumpido, porque “Piki” tenía mucha “más espalda” tras un exitoso proceso que cumplió tres años.

Matteo ya había mostrado capacidad para conformar equipos convincentes, de buen fútbol, y venía nada menos que de llevar a Círculo al Federal A tras el recordado ascenso en Río Gallegos ante Boxing Club.

El salto de un Regional Amateur al profesionalismo es muy grande. Sobre todo sin un presupuesto importante y con un plantel conformado por pocos futbolistas con experiencia en la categoría.

La adaptación llevó tiempo, como era de esperar. Pero nadie imaginaba que el primer triunfo iba a tardar once partidos en llegar. Claro que durante ese período, hubo un evidente crecimiento en el juego.

Como Alvarado, el cambio de esquema en el camino le dio rédito a Círculo, que pasó del tradicional 4-4-2 al 4-1-4-1 en el partido contra Villa Mitre. Decisión que seguramente tuvo que ver con el rendimiento o lesiones de los delanteros, pero también con una necesidad de fortalecer el mediocampo y hacer un equipo más compacto que se afirme de atrás hacia adelante.

Buzzini fue la rueda de auxilio, Romea asumió mayor protagonismo por todo el frente de ataque y Bruno Vedda -quizá el que más sorprendió positivamente-, surgido en el club, demostró que está a la altura de la categoría.

Ayr y, sobre todo Corti, fueron los más regulares durante el torneo; Vértiz tuvo una aparición protagónica ante Peñarol para romper la racha maléfica, mientras que Ullúa se ganó un lugar a base de correctas actuaciones. Del Curto también cumplió como de costumbre, más allá de una noche para el olvido en General Pico. Casi todos jugadores que hace meses jugaban el torneo local y hoy dan la talla en un Federal.

Con tres victorias para cerrar el año, una en San Luis contra Estudiantes y la última como local de un habitual protagonista como Deportivo Madryn, Círculo trepó al undécimo puesto de una pareja Zona B (15 equipos) y mira el futuro con otra perspectiva. Y lo logró con una base marplatense y una billetera flaca, lo que lo hace más meritorio.

En definitiva, Alvarado y Círculo rompieron con la “lógica” actual del fútbol y, tras “bancar” a sus entrenadores cuando los resultados fueron negativos, encontraron la luz sin desviarse de los proyectos iniciales.