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Interés general 13 de febrero de 2020

La explosión del kiwi, de Mar del Plata al podio del mundo

A pocos kilómetros del centro marplatense se produce el 80% del kiwi nacional que se consume en el país. A 30 años de su llegada, la calidad de la fruta se destaca a nivel mundial. Los erráticos comienzos, la resistencia en los '90, el despegue y un crecimiento que no tiene techo.

Ricardo Nejamkim, productor de kiwi. La actividad dio un gran salto desde 2010.

Por Hernán Kloosterman

Los primeros intentos fueron infructuosos. Casi de manera experimental, en los últimos años de las décadas del 80’ llegaron las primeras plantas de kiwi a Mar del Plata. Los pioneros fueron productores frutícolas que se animaron a probar con una fruta que se producía en otros lugares del mundo. Además del espíritu emprendedor, seducía una motivación económica: en ese entonces se especulaba con que cada kiwi podía valer un dólar.

Pero el inicio fue errático. Principalmente porque no abundaba la información sobre el fruto y todo se hacía casi por instinto.

Un claro ejemplo fue el proceso de maduración. A diferencia de otras frutas, el kiwi no da señales de estar “a punto”. Y se cosecha duro. “Yo producía duraznos e identificaba cuando era hora de cosechar. Con el kiwi, me agarró julio y todavía estaba esperando que madure”, recuerda el productor Ricardo Nejamkin.

El primer cultivo importante en la zona se realizó en Macedo, Villa Gesell, a fines de los 80’. En el lugar funcionaba un emprendimiento frutícola que surgió con un manzanar y luego se convirtió en plantación de durazno. En ese entonces, mientras el consumo kiwi crecía en todo el mundo, aparecieron en escena un grupo de neocelandés y desarrollaron un cultivo de más de 100 hectáreas.

El lugar tenía condiciones favorables, pero no era el ideal: había problemas de agua y de accesibilidad. Pero el proyecto avanzó con los empresarios neocelandeses que apuntaban a vender plantas y buscaban desarrollar un modelo de fracciones pequeñas para luego ser vendidas con todo el servicio incluído.

Mientras tanto, en la zona marplatense se mantenían los intentos pero en proporciones menores. El más importante era un cultivo de cinco hectáreas en la estancia El Boquerón.

Pero llegaron los noventa y con el 1 a 1 se truncó la producción de kiwi en el país: una caja traída de Chile costaba 7 pesos. El país trasandino multiplicó sus plantaciones y la ilusión marplatense debió esperar.

No obstante, en la ciudad se mantuvieron algunas plantaciones. La más importante fue la de cinco hectáreas de El Boquerón. “Tuvo el valor de mantenerse en una condición muy adversa como el 1 a 1”, valoró Nejamkin y agregó que fue “un buen modelo para tomar como referencia porque fue la prueba de que funcionaba, aún en condiciones dificultosas”.

Con el fin del 1 a 1, en 2002, el proyecto de expansión del kiwi en la zona resurgió. A esa altura, los productores sabían que era una excelente opción. A quince años de los primeros intentos, la información era precisa y había certezas de que podía funcionar. Y el avance tecnológico brindaba un respaldo. Parecía estar el escenario ideal para el despegue de la producción pero surgieron problemas.

Tropezón

Italia es el primer productor mundial y desde allí llegaron a estas tierras inversores con la información de que el lugar era apto. Pero la apuesta salió mal. Los italianos intentaron transpolar la tecnología italiana y acá no funcionó. Ese fracaso significó un duro traspié en la producción y costó varios años de recuperación.

“En esta actividad, cada experiencia lleva un año para corregir. Tarda mucho en acomodarse la situación y no todos pueden aguantar la espera”, explicó un productor de la zona.

Luego de algunos años de meseta, la producción de kiwi empezó a tomar vuelo y a partir de 2010 dio un gran salto de crecimiento y ya no volvió a retroceder.

En Mar del Plata se estima que hay 400 hectáreas de kiwi. El dato más contundente que refleja la producción de la ciudad es que a sólo unos kilómetros del centro marplatense se produce el 80% del kiwi nacional que se consume en el país. En resumen, de 100 kilos que se consumen en el país, 30 son de la Argentina y de esos 30, 25 se producen en tierra marplatense.

Si bien las plantaciones han crecido en la última década, hay un impedimento que frena una expansión que podría ser mucho mayor: la inversión.

Plantar una hectárea de kiwi cuesta entre 30 y 40 mil dólares y luego hay que esperar cinco años para empezar a cosechar los frutos. Además, la unidad productiva no puede ser muy chica, salvo que el productor tenga una actividad similar en paralelo. Pero para el que empieza de cero, es difícil que lo haga en menos de diez hectáreas. Y eso significa una inversión de gran magnitud.

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Lugar ideal

Las plantaciones de kiwi en Mar del Plata se puede observar en la Ruta 88, o en cercanías de Sierra de los Padres.

La zona cuenta con condiciones ideales que hacen que la calidad de la fruta se distinga por sobre el resto. Tanto el clima como las características de la tierra son ideales para el kiwi.

“Tenemos condiciones muy destacadas y lo más importante es que son poco repetibles en el mundo. Es un nicho exclusivo, resalta Nejamkin. Y explica: “Nosotros producimos muy buen trigo, pero muy buen trigo se hace en un montón de lugares. Con la papa sucede lo mismo. Pero no pasa esto con el kiwi”.

El recaudo que hay que tomar es controlar el impacto del viento, las heladas y alguna caída de piedra. Para ello, los productores invierten en unas estructuras que protegen al cultivo durante todo el proceso.

La expansión de la producción de kiwi genera puestos de trabajo. “Hay por lo menos un operario por hectárea en forma permanente”, explica uno productor.

El proceso de mantenimiento y cosecha se realiza de manera artesanal. Se hacen podas, cosechas, atados y una tarea de polinización. Además, repercute indirectamente ya que todo el proceso incluye insumos, trasporte, envases, herramientas, etc.

Cuando la producción del cultivo empezó a expandirse en la zona, se creó la Cámara de Productores de kiwi de Mar del Plata que abarca además del partido de General Pueyrredon, Balcarce, General Alvarado, y partido de La Costa.

El objetivo con el que se fundó la Cámara, es propender el desarrollo del cultivo en la zona controlando los parámetros de calidad en la producción. Para ello, diseñó junto con el departamento pos cosecha de frutas del Inta de Balcarce, un protocolo que impone valores altos de grados de madurez requeridos para aprobar la cosecha. Esto asegura que el productor miembro de la cámara que cumple con los estándares, va enviar a mercado una fruta sabrosa y en su punto adecuado.

En 2015, se realizó en el acceso a Sierra de los Padres la Primera fiesta del Kiwi. Fueron dos días con exposición de productores, feria de emprendedores y comerciantes de la zona, espectáculos y actividades recreativas y culturales.

“El cultivo está lanzado y no va a retroceder”

Los especialistas no dudan en afirmar que el crecimiento del kiwi es “imparable” y sólo hace falta que las condiciones macroeconómicas sean favorables.

“El cultivo esta lanzado, su velocidad dependerá de otros factores. Pero nunca va a retroceder”, se entusiasma Nejamkin.

Casi una década de producción a ritmo sostenido, le dan un respaldo a la producción de kiwi en la zona. “El éxito hoy está demostrado y es una plataforma de crecimiento que antes no estaba”. Y agregó: “Está la tecnología probada. Ahora estamos discutiendo si conseguimos 36 mil o 40 mil kilos por hectárea. Hace diez años, planteábamos 25 mil”.

Pero no es sólo una cuestión de cantidad. Nejamkis se enorgullece al sostener que en la calidad de la fruta, a nivel mundial la producción local está “en el podio”.

“Eso está ratificado porque aparecen compradores del mundo a buscarnos a nosotros que a nivel mundial somos jugadores muy chicos”, explicó.